Porque nació para mártir

y no fue ni siquiera hombre.

No basta con nacer:

Es necesario hacerse.

José Martí

José Julián Martí Pérez, nació en La Habana el 28 de enero de 1853, hace 169 años, en la Calle de Paula, actualmente Leonor Pérez, en homenaje a la madre del Apóstol de la independencia de Cuba. La casa donde sucedió, es sitio de verdadera peregrinación espiritual.

Poeta, pensador, ensayista, dramaturgo, periodista, abogado, catedrático, político y Héroe de la Independencia cubana, primogénito del matrimonio contraído un año antes de su nacimiento por Mariano de los Santos Martí y Navarro, originario de Valencia, España y Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera, de Islas Canarias.

Rubén “Martí, el gran Martí…”

Rubén Darío en su libro Los Raros, diría con admiración hacia el poeta cubano: “Martí, el gran Martí andaba de tierra en tierra. Nunca la lengua nuestra tuvo mejores tintas ¡y qué gracia tan ágil y que fuerza natural tan sostenida y magnífica! Allí aparecía Martí pensador, Martí filósofo, Martí pintor, Martí músico, Martí poeta siempre… Su cultura era proverbial, su honra intacta y cristalina, quien se acercó a él se retiró queriéndole. Y era poeta; y hacía versos”.  

En sus cuarenta y un años de vida peregrina José Martí, además de vivir en su patria, estuvo en España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, México, Guatemala y Venezuela, de ahí que Darío dijera que anduvo de tierra en tierra. Sin embargo, en cualquier lugar donde se hallara, y sin contradicción con su carácter de revolucionario latinoamericano y universal, mantenía su esencia de combatiente cubano. Era un representante de la revolución independentista de su patria.

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Cuando la centenaria caída en combate de Martí, aquella expresión dariana “quien se acercó a él se retiró queriéndolo” vale por sí sola para hacernos pensar que el pensamiento y acción del Apóstol, sigue germinando inagotablemente como esperanza de salvación.

Inspiración para Fidel

El Comandante Fidel Castro expresó en una entrevista al Comandante Tomás Borge: Una de las razones por las que yo fui martiano y una de las frases más bellas que en mi vida leí de Martí —y he leído muchas frases bellas de Martí y me han causado un infinito placer muchos de los pensamientos martianos— fue una frase que decía: Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. ¡Qué pensamiento tan clarividente, qué humildad, qué modestia! Eso es lo que tenía Martí. Tú no ves nunca a Martí hablar de su proyección histórica, ni de su imagen histórica. Tú lo ves consagrado a la obra de la Revolución, al pensamiento de la Revolución.

Más tarde, entre los años 2003 y 2005, el Comandante Fidel Castro ofreció una entrevista a Ignacio Ramonet, en la que, entre otras cosas, bosqueja escuetamente la vida de Martí, expresando el alto valor que representó para él y representa para la Revolución Cubana:

Al estallar la primera guerra de independencia, la de 1868, Martí tenía 15 años […]

Poseía un talento singular. Aun adolecente lo envían a prisión, le ponen grilletes y lo obligan a trabajar en las canteras […] Un milagro de hombre, con talento extraordinario […] y escribe después cosas maravillosas: “el presidio político en Cuba”, por ejemplo. En España escribe “La República española ante la Revolución cubana”, porque se había producido un movimiento que establece en España una república, y aquella república mantenía una guerra sangrienta contra Cuba, un país que deseaba ser independiente. Él analiza las contradicciones. ¡Que documentos tan extraordinarios, a los 16 y 20 años, es increíble!

¿Después? Bueno, estudia allá. Él no está en buenas condiciones físicas, desterrado y se encuentra en el extranjero desde muy joven. Emigra a México y Guatemala. Regresa a Cuba con la Paz del Zanjón, que puso fin a la guerra de los diez años y tras un segundo destierro a España, en viaje hacia América Latina pasa por Francia e Inglaterra. Está también un tiempo en Venezuela. En 1880 llega a Estados Unidos.

El mérito de Martí es el siguiente: se acaba la guerra aquella que tuvo lugar entre 1868 y 1878, él es un joven intelectual y patriota, poeta, escritor, con ideas independentistas, tiene entonces solo 25 años de edad al finalizar la contienda, y comienza a dar los primeros pasos en el camino que lo llevaría a la unión y dirección de los veteranos de aquella dura y gloriosa guerra de diez años. No hay nada más difícil en el mundo que dirigir a militares veteranos, sobre todo si quien pretende unirlos es un intelectual que ha vivido en España y que no ha estado en la guerra. Martí logró unirlos. ¡Qué talento y capacidad! ¡Qué pensamiento, qué firmeza, qué fuerza moral! Elabora una doctrina, desarrolla la filosofía de la independencia y un pensamiento humanista excepcional.

[…] Desarrolla, además, una concepción integradora para América Latina. Era un gran admirador de Bolívar, un gran admirador de Juárez, de todos los luchadores por la independencia de los pueblos latinoamericanos.

[…] Organiza la guerra y cuando ya va a comenzarla, le ocupan y confiscan el armamento en Estados Unidos […] y a pesar de todo, da la orden y viene, no suspende la decisión de comenzar la lucha. Recaudó unos pocos fondos, mientras los principales jefes están por distintas partes […] Martí los organiza para que desembarquen. La guerra comienza por la zona de Matanzas, región de plantaciones cañeras y de muchos esclavos, y también por la región oriental, donde la tradición insurreccional permanecía viva. Martí va a Santo Domingo, redacta un manifiesto, el llamado “Manifiesto de Montecristi”, en el que plasma las principales ideas programáticas de la revolución independentista.

[…] La gente recibía a Martí con mucha simpatía, lo llamaban presidente, él hablaba con la gente, lo conocían mucho, él había organizado todo aquello.

El 19 de mayo de 1895 se produce casualmente un combate, Maceo le dice a Martí que se quede allí con su ayudante, llamado Ángel de la Guardia. Martí no se queda y lanza su caballo por su propia cuenta en dirección a las poderosas fuerzas españolas atrincheradas en un establecimiento ganadero. Murió en el acto.

[…] Lo primero que leo en mi adolescencia es acerca de las guerras de independencia y los textos de Martí. Me convierto en un simpatizante de Martí cuando comienzo a leer sus obras […] Fue un precursor. Antes que Lenin, Martí organiza un partido para hacer la revolución, el Partido Revolucionario Cubano. No era un partido socialista, puesto que esta era una sociedad esclavista donde un puñado de hombres libres y patriotas estaban luchando por la independencia. Sin embargo, tenía un pensamiento muy avanzado, antiesclavista, independentista y profundamente humanista.

[…] Esa es la herencia increíble que nos deja aquel hombre a los revolucionarios cubanos.

En este 169 aniversario del natalicio de José Martí, su legado y pensamiento sigue siendo paradigma de lucha y resistencia por la soberanía y autodeterminación de los pueblos de NuestraAmérica.