Barricada

Moisés Absalón Pastora: El cinismo imperial

Cínico es un sinvergüenza, descarado e insolente. El cínico desprecia la convivencia social y concede únicamente privilegios a la fama, al poder y la riqueza y el descaro es tal que aquellos que lo son matan a la víctima, lloran al que asesinaron y acuden vestidos de luto a la vela para dar las condolencias a la viuda y a los hijos del muerto.

El cínico actúa y habla con falsedad, lo hace descaradamente y sin rubor. El cínico habla de algo sabiendo que no es cierto, lo hace a convencido de que su actuar no es el correcto, sin que eso le represente la más mínima contradicción moral y se siente realizado sabiendo que los demás lo perciben como un individuo loco y estúpido.

El cínico es lo que no es y por eso puede exhibirse al mundo entero como santa paloma a pesar de saber que el esto del universo lo ve como un buitre que te habla de paz para hacerte la guerra, te puede hablar de la democracia y sus valores, pero esta solo será democracia si calza a la medida de sus designios y por eso hoy quiero hablar del más grande cínico del universo, del inquilino de la Casa Blanca, llámese como se llame o lo que es igual de Estados Unidos como sistema.

Antes apenas lo referí en uno de mis editoriales, pero francamente abordar el tema del “CINISMO IMPERIAL” es algo que vale la pena por la explosión de repugnancia que causó en el mundo la imagen de los componentes del G-7 depositando una ofrenda floral en el monumento que recuerda en Japón a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki, ciudades niponas donde cayeron las únicas dos bombas atómicas que algún país haya lanzado contra una nación y contra dos pueblos.

El G7 es la abreviatura del Grupo de los Siete, una organización de líderes de algunas de las economías más grandes del mundo en las que están Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. Estos se reúnen cada año en una cumbre para discutir temas urgentes en el escenario global y coordinar, dicen, políticas que tienen que ver con la seguridad internacional y la economía mundial como temas centrales de discusión, aunque claro, sean ellos los que violan y destruyen el derecho y la economía del planeta por lo que en su conjunto son más que cínicos. Pues bien, los cabecillas se reunieron en lo que dieron a llamar “La Cumbre del G7, realizada en Hiroshima” (Japón), del 19 a 21 de mayo de este 2023 y por supuesto desde un escenario específico propicio para las simbologías políticas como Hiroshima donde Estados Unidos dejó caer una bomba atómica.

El mensaje en esa reunión es desesperado por parte del más grande cínico, Estados Unidos que arrastra en su locura al resto de los componentes del G-7 para decirle a Rusia, que es víctima de una guerra abierta del imperio norteamericano y sus perros de pelea en la OTAN, por el pecado de defender legítimamente su seguridad, qué así como dejamos caer una bomba atómica en Hiroshima lo podemos hacer con vos, algo que de todas formas está en una etapa de ensayo, porque ya hicieron un tanteo cuando un Dron fue interceptado antes de impactar en el Kremlin.

¿Porque está pasando toda esa guerra, porqué inició, quien la creó y quien la financia?; es algo de lo que ya hemos hablado y seguiremos hablando sin duda, pero hoy quiero central la atención en el hiper cinismo de Joe Biden, como emperador de turno de la Casa Blanca, que en un acto incalificable, porque francamente es difícil de comprender por el desborde de descaro con el que actuó, además de la comparsa a la que sus otros socios se prestaron y peor aún que el Primer Ministro de Japón haya sido parte de tan repugnante hipocresía.

Escurquemos un poco en la narrativa histórica de una de las más grandes tragedias conocidas por la humanidad: El 6 de agosto de 1945, la población de Hiroshima despertó dispuesta a asumir sus actividades como en cualquier día de esos tiempos de guerra. Un avión estadounidense sobrevolaba la zona y, antes de ser detectado, lanzó a «Little Boy», el nombre clave de la bomba atómica: con 4.4 toneladas y 64 kilos de uranio, detonó con una potencia de aproximadamente 16 kilotones de Trinitrotolueno (TNT) y, con una intensidad mayor a mil relámpagos, en un instante acabó con la vida de 166 mil personas. Los efectos secundarios permanecieron por años, y aún están presentes. El avión era un B-29, el Enola Gay, y lo piloteaba el coronel Paul Tibbets. En la nave iban también el coronel Thomas W. Ferebee, experto en bombardeos, el capitán Theodore J. van Kink, copiloto, y el capitán Robert Lewis, oficial de tripulación.

Japón había sido estremecida en su mística forma de vida, pero aún faltaba más, porque Estados Unidos aún no estaba satisfecho: Un segundo blanco estaba programado para el 11 de agosto, pero debido al mal tiempo se adelantó para el 9. El piloto Charles Sweeny despegó de la isla de Tinian en otro B-29, el Bock’s Car, rumbo a Kokura. En vuelo, el mecánico a bordo, John Kuharek, informó que no funcionaba una de las bombas de gasolina, no habría suficiente combustible para llegar al blanco. Sweeney le avisó al jefe de la misión, Tibbets, quien dejó la decisión en manos del piloto, quien asumió. Entonces, «Fat Man» ―nombre de la segunda bomba, de Plutonio ― se activó en pleno vuelo. Nervioso, Sweeney decidió abortar la misión, y avisó por radio: esto puso a los japoneses sobre aviso. Ante este nuevo tensor, a las 11:02 horas se encontraron sobre el tercer blanco y dejaron caer la bomba sobre Nagasaki, explotando con una energía de aproximadamente 20 kilotones de TNT y matando a 80 mil personas. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia y distintos cánceres atribuidos a la exposición y a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.

Seis días después de aquellas apocalípticas bombas que actuaron como extintoras el 15 de agosto, el Imperio de Japón anunció su rendición incondicional a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la guerra del Pacífico y por tanto la Segunda Guerra Mundial.

Como dato interesante al cinismo imperial norteamericano y tras su derrota, Japón, fue ocupado por fuerzas aliadas encabezadas por los Estados Unidos que impuso a los nipones la prohibición de poseer, fabricar e introducir armamentos nucleares, pero más curioso aún es que después de aquel crimen de lesa humanidad es que Estados Unidos se puso al frente de los países que propugnaban por el no uso de armamento atómico o nuclear después.

Puedo entender que cualquier presidente de los Estados Unidos -sea burro o elefante- por algo actúan como actúan, sobresalga inalcanzablemente en sus inigualables características y prácticas cínicas, porque así son, esa es su naturaleza, así es su diabólica maldad y lo ha sido así siempre proclamándose, eso sí, como el adalid de la “libertad y la democracia, de la paz y la justicia”, pero lo que no puedo entender es dónde quedó el honor de los japoneses, cómo es posible que su Primer Ministro, Fumio Kishida, haya acompañado como parte del bulto del G-7 a Jose Biden y su corte a poner una ofrenda floral al monumento erigido a las víctimas de Hiroshima que murieron de la misma manera que los de Nagasaki, que en ambas masacres fueron extintas 240 mil vidas por dos monstruosas bombas atómicas que solo el enemigo de la humanidad, el imperio norteamericano, ha podido ser capaz de algo tan maldito como eso.

¿Dónde quedó el Japón culto, el que pinta en su bandera un sol naciente desde un fondo blanco y que desde su impresionante recuperación logró ubicarse como una de las más grandes economías del mundo?

¿Dónde quedó el japón que nos genera respeto por la cultura que irradia, por la disciplina que transmite, por el orden que tiene, por la educación que inspira y por los valores que lo hacen un pueblo especial?

Lo único que se me viene a la mente, básicamente como una auto respuesta, es que el imperio norteamericano todo lo que toca o todo aquello con lo que se relaciona lo convierte en estiércol lo que es una especie de maldición, ojala que fuera la maldición del Rey Midas que todo lo que tocaba lo convertía en oro, al menos este rey de los cuentos regresó ante quien le puso el embrujo porque hasta la comida que tocaba la hacía oro, pero los inquilinos de la Casa Blanca como están embarrados y hundidos en un pozo séptico, quieren que el resto está igual y hacen toda gala de estupidez cínica para arrastrarnos a sus maldiciones.

Ya antes hice un listado extenso, pero aun así incompleto, del cinismo imperialista de los Estados Unidos que se traduce únicamente en intervenciones, invasiones y agresiones contra los pueblos del mundo y contra Nicaragua en particular a la que odia porque es una madre que ha parido héroes y heroínas a montón que siguen y seguirán siendo una inspiración de resistencia contra el colonialismo, el imperialismo y contra cualquier otra expresión de dominio que pretenda socavar nuestra soberanía, integridad e independencia.

No estamos solos en esa visión que tenemos de los valores que nos sustentan para combatir y denunciar el cinismo imperial. Hoy por hoy la verdadera civilización del planeta identifica dónde está y quien es el verdadero enemigo de la humanidad y por eso ante nuestros ojos, lo que antes parecía imposible, vemos cómo el ensoberbecido imperio cae en picada ante la reconfiguración de un mundo que no es el mismo, que disolvió con la razón de sus pueblos la hegemonía de quien absurdamente se creyó el dueño del planeta entero, de quien creyó era el dómino del universo y quien vio en nosotros no a hombres y mujeres libres en la búsqueda de su propio destino sino a súbditos que debíamos bajar la cabeza ante sus imposiciones.

¿Saben porque nuestro país es ahora lo que es, la mejor Nicaragua a lo largo de toda su historia? Porque aquí supimos vencer al cinismo y no una, muchas veces. Aquí el más grande cínico de la humanidad ha doblado el pico una y otra vez y por eso somos una idea fija y obsesionada en la diabólica mente del Tío Sam.

¿Qué el cínico no descansa en agredirnos y lanzarnos todos los días sus misiles de odio? Aquí tampoco nos cansamos de defendernos con la razón que nos asiste y es la razón de la paz que construimos para convertirla en nuestro escudo contra la guerra, el terrorismo, el sabotaje, las sanciones, la verborrea y el apoyo que encuentran en sus pichúrricos peleles que ahora hablan “miércoles”, pero lejos, desde afuera, dónde mejor están, porque aquí ni los queremos ni los necesitamos, así como dijo Fidel Castro cuando despidió a todos los Marielitos, los delincuentes que se fueron de Cuba para invadir lo que ahora se conoce como la gusanera de Miami, ahora fortalecida con otros delincuentes que desde Nicaragua, fueron mandados a invadir lo que ahora se conoce también como el cucarachero de Miami porque es ahí, en la capital del sol, dónde pueden quemarse mejor los gusanos y las cucarachas, porque en ambos casos, hablamos de bichos que están en la miasma donde habita el cinismo.

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