Barricada

CLEMENTE GUIDO [CHÁVEZ] Y SUS APORTES NOVELÍSTICOS

(A veinte años de su muerte)

Jorge Eduardo Arellano

LOS DOS primeros intentos novelísticos de Clemente Guido [Chávez] (Las Jagüitas, departamento de Managua, 20 de febrero, 1930-Managua, 23 de enero, 2004) fueron dos novelas cortas de referencia histórica, las cuales desarrollan sus tramas en el contexto de la guerra civil de 1854. Una escrita a los 18 años: Lodo sangriento; y la otra a los 20: Sangre y fuego. La primera se publicó en 1970, inserta en libro (¡Escucha Cristo! Ediciones Nicarao, pp. 23-158); la segunda al año siguiente (Ediciones Nicarao, 1971. 131 p.). Y ambas primicias juveniles, revisadas, las reeditó su autor en 2001.

Lodo sangriento

En Lodo sangriento se expone la rivalidad entre dos hombres (Simón Santos y José Jiménez) por el amor de una mujer (la granadina Rosalía Rodríguez), quien ama a los dos. Santos y Jiménez pelean en bandos contrarios: el primero es leonés y capitán democrático, hijo de José Simón Espiridión Santos de la Cuadra; mientras el segundo, granadino y capitán legitimista. Varias veces se enfrentan, sin reconocerse, en el sitio de Granada. Al fin Jiménez —cargado de odio— va al encuentro de Santos e intercambian, frente a frente, balazos. Ambos fallecen, como también Rosalía en su casa. Y el alma de ella vio a José doblarse y a Simón caer del caballo, a Simón salirle al encuentro para abrazarla sollozante de alegría porque al fin se reunían los dos, o mejor dicho, los tres, o mejor dicho la una sola persona que constituían los tres.

Sangre y fuego

Por su lado, Sangre y fuego continúa la anterior. El teniente Juan Jiménez de la Garza, hermano ilegítimo del difunto José, es el héroe de los legitimistas y tiene de amigo a un viejo poeta: Tata Pío. Pero los personajes históricos se imponen, sobre todo Fruto Chamorro. Juan es acusado de robarse unos documentos secretos y de haberlos vendido a los democráticos. Por eso lo someten a juicio. Ponciano Corral lo defiende y sale absuelto porque Tata Pío descubre al verdadero ladrón: el teniente Jacinto Juárez, que no es traidor sino que había fingido el robo para atribuirlo a Jiménez y apartarlo de Amanda, la mujer que ambos aman pero que ella no le corresponde. En el mismo juicio fallece Juárez de un tiro asestado por Ventura Vivas, otro amigo de Juan. Este, en vez de administrar como único heredero las haciendas de los Jiménez de la Garza, opta por marcharse con su novia Amanda a Honduras.

Tata Pío, heredero a su vez de Juan, decide acompañar a su amigo y dona la fortuna de los Jiménez de la Garza al Centro de Escritores de Granada para que publiquen anualmente los libros de aquellos poetas o escritores que no tengan dinero para hacerlo. ¡Semejante final no puede ser más inverosímil!

El pájaro del dulce encanto

Tres ediciones en Nicaragua de la tercera novela de Guido [Chávez] durante los años sesenta la acreditaron como su obra más leída: El pájaro del dulce encanto (1974, 1975, 1978). En efecto, resultaba muy apreciable por su unidad narrativa —a través del personaje central el Dundo— y por calar profundamente en la idiosincrasia del pueblo nicaragüense. ¿Cómo? Recurriendo a la fábula burlesca, poética y casi brutal del Pájaro del Dulce Encanto, símbolo del más dulce, cercano y encantador deseo.

Se trata de un pájaro que el pueblo campesino atrapa con su sombrero, pero en el momento de ser cogido se convierte en excremento seco. Con esta fábula, recreada ampliamente, el autor revela su desencanto ante la vida y la realidad política del país. El Dundo, “héroe a la antigua, es hechura viva y asombrosa” —reconoce un crítico ecuatoriano. Y otro, español, admira sus trazos soberbios en el relato de la pelea del Dundo con la Culebra Mica.

A pesar de sus referencias locales (La Piensa es trasunto del denunciador diario La Prensa) y de sus abundantes nicaragüensismos, El pájaro del dulce encanto trasciende por su final amargo y capacidad satírica. “Tiene un lenguaje rico, de muchas sutilezas y matices” —observó Jerzy Kühn, quien la tradujo al polaco en 1976. Veinte años más tarde, Guido [Chávez] terminó de revisarla y corregirla, versión definitiva que fue editada en 2012 con el apoyo de la Acaldía de Managua.

El Chipote

Concluida el 30 de diciembre de 1978, la cuarta novela de Guido [Chávez] se titula El Chipote y fue publicada al año siguiente (Ediciones Nicarao. 245 p.). La gesta de Sandino es su tema. Como en ¡A sangre y fuego! (1935) de Alfredo Cantón, los dioses nahuas intervienen a favor o en contra del héroe, retomando ese recurso de Homero. Así los dioses (Tamagastad, Cippatonal, Coabol, Mixcoa, Tlaloc, etc.) discuten el destino de Nicaragua, ensangrentada por sus corrompidos descendientes: rojos (liberales) y verdes (conservadores); en ese contexto, measiánicamente, emerge “el Ñeque Sandino”.

Su historia es presentada a través de dos narradores-testigos. Uno es el sandinista Juan Félix y el otro el estadounidense Jerry Sinatra. La versión del primero procede del cuaderno manuscrito que el autor recibió del Satur —primo de Juan Félix— a quien conoció viejo y achacoso en Las Segovias; la del segundo corresponde a las cartas de Sinatra a su novia Marylyn y que ésta tradujo al español y envió al mismo autor. Sinatra había fallecido en su viaje de regreso a los Estados Unidos a principios de 1933.

“De ambas narraciones —comenta el argentino Benjamín Victoria—, surge la figura de Sandino con sus ribetes primitivos y geniales y con el arrebato apasionado que caracterizó su actuación patriótica, sin connotaciones políticas de ninguna índole, lejos de los extremismos ideológicos, sin otra ambición que la ingenua y agónica de la soberanía en un mundo y en un momento donde la voluntad de expansión y de atropello dictaba el porvenir centroamericano”.

Por su lado, Guido intercala documentos —cartas, acuerdos, comunicados, etc.— del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua para completar las dos versiones complementarias. La novela termina cuando las tropas invasoras se marchan del país: Los ojos torvos de la multitud, que apiñaba a los lados de la calle para ver pasar el desfile de la deshonra, perforaban a cada marino, como queriendo penetrar hasta el alma negra y preguntarle por la vida del familiar desaparecido, del hijo asesinado, de la hija envilecida, del padre torturado. / Los ojos torvos de la multitud rugían: ¡Viva Sandino!

El sueño del tío Billy

Este es el título de la quinta novela de Guido [Chávez] (Instituto Nicaragüense de Cultura, 1999. 344 p.), quien asume naturalmente la perspectiva nicaragüense en la guerra nacional contra el filibusterismo esclavista de William Walker. Tío Billy era el cariñoso cognomento con el que los filibusteros llamaban a su jefe y líder. Por eso resulta desacertado como título para unos, o sarcástico para otros. En su ficcionalización, el autor no altera ni distorsiona los hechos históricos, sino que se sustenta en ellos para introducir sus personajes inventados. Y no está exento de humor, el cual expresa en términos beisboleros. Por lo demás, la novela es disfrutable desde su primera línea (Los ojos de aquel jinete eran amarillos como los de un tigre) hasta la última (Era el 12 de septiembre de 1860) cuando Walker era fusilado oyendo la orden de fuego emitida por un niño: su hijo con la Niña Irene O’Haram.

A Guido [Chávez] no se le escapa ningún evento de la guerra civil y de la guerra nacional. Está muy bien documentado y asimila, al mismo tiempo, la tradición oral. Sus capítulos, cortos, mantienen la atención y tienen tal estructura que podrían servir de guión a una película nicaragüense sobre Walker y sus secuaces.

Historia de una tortillera

Para concluir, en Historia de una tortillera (Fondo Editorial CIRA, 2002. 146 p.), su sexta novela, Guido [Chávez] reconstruye un caso de la vida real, muy conocido en el Barrio Campo Bruce, donde vivía el autor. La protagonista recibe el nombre de Corina, cuya vida fue más salada que las aguas del mar de San Juan del Sur, y desde los quince años, tres hombres tuvo: Isaías, un carterista; don Filiberto Escalera, dueño de dos coches con caballos, una casa y una finca en La Jagüita; y “El Mancito”, un exguardia nacional habituado durante muchos años a darle “sopa de muñeca”, es decir, a maltratarla físicamente. Con don Filiberto tuvo un hijo: Gustavo, futuro médico; y con “El Mancito” una hija: Juana, sometida sexualmente por su padre. Al final Corina, con la venia de Juana, mata a su torturador y violador de su hija destripándole el cráneo a martillazos. Guido también reconstruye la vida de su barrio y la de los mercados de la Managua de los años 30 y 40, además de revivir partidos de beisbol tanto en León como en la capital.

En un recuento de su novelística, Clemente Guido [Chávez] aseguró: “Un padre mira buenos a todos sus hijos, pero creo que la novela mejor elaborada es El Chipote, aunque no tuvo la aceptación de El pájaro… En ambas hay mucha imaginación. En la primera hago uso del recurso de los dioses nahuas; en la segunda, de los cuentos vernáculos, para conseguir mi objetivo. En El sueño del Tío Billy hay más historia que imaginación”.