Felipe Barreda Rodríguez y Mary Eugenia Barreda, son modelo del fiel cumplimiento de la misión encomendada por Cristo, de amor al prójimo, los pobres, las mujeres, todos aquellos que son víctimas de la injusticia y la avaricia de los que acumulan tesoros en la tierra a costa de los demás. Cristianos practicantes participaban en cursillos de formación teológica y poco a poco, como apóstoles de los orígenes de la iglesia, iniciaron el camino de la evangelización comprometida con el cambio social, urgente y necesario para toda Nicaragua. Su labor de acción social era acompañada por la espiritualidad, la oración como fuente de energía, la contemplación para interiorizar la fe, vivir la fe en comunidad.
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Seguidores de la Teología de la Liberación creían firmemente en la construcción del Reino de Dios en la tierra, transformando las realidades, donde hombres y mujeres pudieran vivir cuidándose mutuamente en armonía con la totalidad de la creación. Como la iglesia primitiva esta teología y práctica liberadora se experimentó activamente en las Comunidades Eclesiales des Base, en las que pequeños grupos locales se reunían para leer la Biblia y celebrar la fe. Felipe y Mary Barreda, en su natal Estelí, iban a misa diariamente porque lo consideraban una necesidad para fortalecer su fe y también en las Comunidades Eclesiales de Base.
Este ejemplar matrimonio se veía a sí mismo, como cristianos y revolucionarios, lo que los llevó a contactarse con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), poniendo su casa al servicio de la organización como casa de seguridad y cumpliendo tareas de comunicación y otras que se les encomendaba para cumplir con el derrocamiento del somocismo.
Diciembre es el mes en que inicia la recolección o corte de café en Nicaragua. En 1982, la mano obra escaseaba y la contrarrevolución merodeaba las fincas cafetaleras para impedir que se cumplieran las metas de la cosecha de este grano que es uno de los pilares de la economía nacional, siendo sus principales lugares de producción los departamentos del norte: Matagalpa, Jinotega, Nueva Segovia, Estelí. Esa temporada, bajo la agresión contrarrevolucionaria, se movilizaron miles de jóvenes, maestros, pobladores que iban a las finas a cortar el “rojito”, la consigna de la Juventud Sandinista era: “¿Ahora qué? ¡A cortar café!”
En diciembre de 1982, Felipe y Mary Barreda, se unieron a un Brigada que tenía como misión ir a cortar café a las Unidades de Producción del Estado (UPE) en el borde fronterizo con Honduras. Iban por diez días, como escribió Mary Barreda a sus hermanas y hermanos del Barrio Omar Torrijos en Estelí: “Se me presentó la oportunidad de hacerles (a ustedes) un buen regalo, aunque eso significara no estar (esta Navidad) en cuerpo con ustedes, y es la oportunidad de ir a cortar café estos 10 días y por eso les estoy escribiendo estas cuatro letras, para decirles que aquí tienen mi obsequio para todos ustedes: lo poco que yo pueda cortar, será traducido o mejor dicho convertido, en salud, vestido, techo, caminos, preparación, comida, etc. Y por eso voy a cortar café con todo el amor y el entusiasmo de que sea capaz, y sepan que en cada grano que corte, estarán presentes cada uno de sus rostros, el de sus niños y aun de los que no conozco. Y por ese amor que les tengo, sé que el Señor multiplicara lo que cortemos”.
El 24 de diciembre estuvieron en el corte en la UPE de Oro Verde, donde celebraron la Natividad del Señor. Siguieron adelante, junto con el grupo de voluntarios siendo su próximo lugar de trabajo la UPE de El Amparo, donde estuvieron dos días. Después fueron al Ural, un lugar de difícil acceso en aquellos tiempos, donde había que caminar. Aunque les surgieron que ellos regresaran a Estelí, decidieron continuar, siendo su próximo destino la Hacienda Agro-Nica en el municipio de San Fernando, departamento de Nueva Segovia, el sector La Hulera cerca del Cerro Mogotón, a dos kilómetros de la frontera con Honduras, una zona de pinos y café, asediada por contras que tenían un campamento en Honduras que les servía de santuario y puesto de mando para las incursiones para secuestrar, asesinar a campesinos sandinistas.
El día 28 de diciembre, las cortadoras y cortadores, personas comprometidas y desarmadas, de todas las edades, fueron atacados y cercados por una banda de más de 300 contras. Los más jóvenes lograron escapar, pero Felipe y Mary, fueron capturados y obligados a caminar hacia Honduras. La marcha forzosa fue un Vía Crucis. Golpeados, heridos, con las rodillas dañadas, el hermano Felipe arrastrado por un caballo hacia la cima de un cerro. En el campamento continuaron las vejaciones de todo tipo, tortura, patadas, golpes, amarrados a arboles bajo la lluvia. Durante esta semana Felipe y Mary, fueron sometidos a largos interrogatorios y vejámenes, en los que jamás renegaron de sus convicciones cristianas y revolucionarias. Finalmente, desde Tegucigalpa, entre los días 5 y 7 de enero de 1983, se dio la orden se asesinarlos. Después de tanto sufrimiento físico y su asesinato atroz sus cuerpos fueron enterrados en una fosa común en un área de la Base Operacional Pino Uno, de la contra, cerca de Wuambuco, Nueva Segovia, posteriormente fueron exhumados y trasladados a Managua.
Felipe y Mary Barreda, siguen inspirando la opción preferencial por los pobres, nos llaman constantemente a tener presente la vigencia de la teología de la liberación y la misión de edificar el Reino de Dios, guiados por Jesús, que se hizo humano y venció la muerte. Desde donde estén sonreirán con felicidad al ver como sus sueños de que los más humildes tengan ahora acceso a salud, educación, vivienda, carreteras. Su martirio fortalece nuestra fe y confianza en los cambios hechos realidad por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, en esta Nicaragua Cristiana y Socialista.
Fuentes consultadas:
P. Teófilo Cabestrero (1984). “Los esposos Felipe y Mary Barreda, mártires cristianos sandinistas ¡Viven!”. Periódico EL TAYACÁN, Managua.
Fernando Bermúdez. 2020, Sangre de Mártires. Alfaqueque ediciones.
