Nicaragua celebra el 159 aniversario de su hijo más ilustre, Félix Rubén Darío Sarmiento, que por los avatares del destino vino al mundo en el pequeño poblado de Metapa, departamento de Matagalpa, y que hoy recibe el nombre de Ciudad Darío. Su madre Rosa Sarmiento, en busca de protección, llegó a la casa de su tía abuela Josefa, donde fue recibida y asistida en el parto por Cornelia Mendoza. Hasta ahí fue a buscar a Rosa y su pequeño hijo el Coronel Félix Ramírez, esposo de doña Bernarda Sarmiento, matrimonio ejemplar que se hizo cargo de la crianza del pequeño Rubén y fueron decisivos en su formación. Su padrino fue el general Máximo Jerez Tellería, a quien el poeta recordaba con especial afecto. En medio de tertulias políticas en un ambiente de pensamiento liberal, aprendió a leer y escribir a la edad temprana de 3 años y a los 10 escribía versos esplendidos. Así transcurrió la infancia del pequeño Rubén, en la casa de la Tía Bernarda y Tío Félix, en su amada ciudad de León, donde las calles guardan sus pasos y su espíritu.
Luego los años turbulentos, de amores frustrados, de su primera salida a El Salvador. Luego el peregrinaje por Chile, Guatemala, Argentina, Chile, España, Francia, Cuba, otros países de Europa, y el postrero a Estados Unidos, donde fue a predicar la paz en medio del trágico escenario de la primera guerra mundial. Luego el retorno a la patria, lejos de la Princesa Paca, Francisca Sánchez, la gran pasión de su vida, con quien convivió 16 años y dedicó sentidos versos de amor profundo y sincero. Su vida dramática fue corta, apenas 49 años, pero fecunda. Revolucionó la literatura decimonónica y nutrió la identidad nicaragüense, convirtiéndose en nuestro hermano inevitable, omnipresente en los sueños de construir la grandeza de la patria.
Poética mística y política
En su obra poética y narrativa hay elementos religiosos, su fe se hace manifiesta desde su cultura latinoamericana y la influencia europea de los librepensadores racionalistas, cuestionando el oscurantismo de la iglesia católica y de la religión.
También reaccionó Rubén Darío, a su tiempo, marcado por la derrota de España ante Estados Unidos por el control de la Joya del Caribe, Cuba, la isla mayor de las Antillas. Derrota que marcó al mismo tiempo el inicio del imperialismo yanqui, que desde 1845, venia preparándose para asumir el Destino Manifiesto, inspirado en la Doctrina Monroe, como justificación de su dominio hegemónico en todo el continente americano, de ahí que el poeta se preguntaba en uno de su poema intitulado El Cisne: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”
Rubén Darío, que supo rescatar lo étnico en sus versos, fue y es la voz de los pobres, oprimidos y vencidos, pero también lo es de la esperanza basada en la grandeza de Latinoamerica, en sus culturas milenarias, su pasado de grandeza y unidad, y llama a renovar el antiguo entusiasmo, a la unidad en espíritu, ansias y lenguas. Esta es Nuestra América, que se resiste a rendirle culto al dios del capitalismo destructor de vida con su modelo económico de muerte.
Hermano mayor, Rubén Darío, no tengas cuidado, la esperanza no morirá, los pueblos orgullosos de su estirpe heroica levantan sus estandartes de lucha frente los bárbaros del norte, frente a la brutalidad del sistema decadente capitalista cantamos tus versos de esperanza para que haya amor y paz sobre el abismo.
Fuente consultada:
Julio Icaza Tigerino/Eduardo Zepeda Henríquez. Estudio de la poética de Rubén Darío. Comisión Nacional del Centenario de Rubén Darío, 1867 – 1967. Managua, Nicaragua.
