La Universidad Católica que hoy honra el nombre del Cardenal Miguel Obando y Bravo no sólo resguarda su memoria institucional, sino el testimonio vivo de quienes compartieron con él pasillos, aulas, reuniones y conversaciones cotidianas. Colaboradores y profesionales que hoy sirven desde distintas áreas coinciden en una idea central: el Cardenal fue, ante todo, un hombre profundamente cercano, humano y comprometido con la formación integral de la juventud nicaragüense.
Más allá de su investidura eclesial y de su papel en momentos claves de la historia nacional, su presencia cotidiana dejó una huella personal en estudiantes, docentes y trabajadores, quienes lo recuerdan como un guía que sabía escuchar, orientar y motivar, siempre desde la humildad.
Un Cardenal a la altura de todos
Francisco Herrera, director de Posgrado de la Universidad Católica y de profesión ingeniero, recuerda al Cardenal Miguel Obando como un gran ser humano, que nunca se colocó por encima de los demás, a pesar del alto cargo que ostentaba.
“Era una persona cercana, que se daba el tiempo para el otro. Saludarte en los pasillos con calma, darte un consejo, animarte a seguir estudiando. Siempre estaba a nuestro nivel”, rememoró.
Herrera destacó que, el Cardenal comprendía a las personas desde su propia realidad y sabía orientar de acuerdo con lo que cada quien podía entender, una capacidad que —según afirmó— no todos desarrollan cuando alcanzan grandes responsabilidades.
En el ámbito educativo, subrayó su firme convicción de que la juventud formada podía aportar al país. Por ello impulsó con fuerza el proyecto de la universidad y apostó especialmente por la pedagogía, como base del desarrollo de las demás carreras.
“El nombre que lleva esta universidad nos deja una gran responsabilidad: continuar su legado de formación, valores, cercanía humana y trabajo por la paz”, expresó.
Becas, escucha y confianza en la juventud
Desde la Secretaría General, la colaboradora Jessica Rodríguez, compartió una de las experiencias más significativas de su vida, marcada por el gesto solidario del Cardenal al otorgarle una beca cuando ya habían cerrado los procesos formales.
“Recibir aquel telegrama fue un milagro. Él creía en los milagros y ese fue uno de ellos”, relató.
Como estudiante y luego como trabajadora de la universidad, Jessica vivió de cerca la cercanía del Cardenal con la juventud. Recordó cómo se detenía a conversar, hacía preguntas académicas, escuchaba opiniones y alentaba a los jóvenes a expresarse sin miedo.
Aun siendo “príncipe de la Iglesia”, lo describió como un hombre sencillo, atento y respetuoso de la dignidad humana, siempre interesado en conocer qué pensaban los jóvenes y qué soluciones proponían ante los desafíos.
Uno de los momentos que más marcó su vida fue cuando el Cardenal la invitó, siendo aún joven, a formar parte del Consejo Superior de la universidad.
“Me dijo que quería que trabajara para que esta universidad permaneciera por el bien de la juventud. Esa confianza me marcó para siempre”, afirmó.
Para Jessica, que la universidad lleve hoy el nombre del Cardenal Miguel Obando y Bravo garantiza que las nuevas generaciones conozcan a un hombre que dedicó su vida a la paz, al diálogo y a la defensa de los más pobres.
Un pedagogo que enseñó con el ejemplo
Henry Maltés, colaborador en el área de Coordinación de Carrera, conoció al Cardenal hace más de 15 años, primero como estudiante y luego como trabajador de la institución. Sus recuerdos coinciden con los de muchos otros: la cercanía constante y la insistencia en la superación académica.
“Siempre me preguntaba si ya había terminado mi carrera. Con el tiempo entendí que tenía un propósito conmigo”, comentó.
Henry describió al Cardenal como un pedagogo por excelencia, que incluso después de su partida continúa enseñando con el ejemplo. Aseguró que su legado es reconocido hoy con orgullo por la comunidad universitaria y por el país.
“Fue un arquitecto de la paz. La paz no se construye con palabras, se construye con hechos, y eso fue él”, afirmó.
Para Maltés, el interés genuino por el otro, por cómo se siente y cómo puede superarse, fue una de las formas más claras en que el Cardenal practicó y promovió la paz.
Un legado que camina en los pasillos
Las voces de quienes compartieron con el Cardenal Miguel Obando y Bravo coinciden en una memoria común: la de un líder espiritual y humano que supo estar cerca, escuchar,orientar y sembrar futuro en la juventud.
Hoy, en la universidad que lleva su nombre, ese legado se mantiene vivo en cada historia, en cada aula y en cada compromiso asumido por quienes continúan trabajando por una educación con valores, dignidad humana y vocación de paz.




