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Nicaragua y China: La Paz como Bandera de los Pueblos

Escrito por : Iris Varela 16 de febrero de 2026

En un discurso de profunda carga histórica y política, el Copresidente Comandante Daniel Ortega reafirmó la hermandad inquebrantable entre Nicaragua y la República Popular China, destacando el papel del gigante asiático como referente mundial de paz y cooperación solidaria.

La República Popular China es un ejemplo, un ejemplo de lo que es la paz”, expresó el Comandante ante el cuerpo diplomático y el pueblo nicaragüense. Y agregó con énfasis: “Cuando hay paz hay amor, cuando hay paz hay solidaridad, cuando hay paz hay hermandad, cuando hay paz somos hermanos”.

El mensaje fue también de gratitud hacia el Presidente Xi Jinping, el Partido Comunista de China y su pueblo:
Somos partidos hermanos desde siempre, desde siempre somos partidos hermanos… y estamos llenos de agradecimiento al glorioso pueblo de la República Popular China, al Presidente Xi Jinping, al Partido”.

China: excepción en un mundo armado

En su reflexión geopolítica, el líder sandinista fue categórico al señalar las contradicciones del orden internacional actual:

No hay potencia en el mundo repleto de miles y miles de billones repletos de armamento atómico haciendo guerras por un lado y por otro lado… la única excepción, la única excepción es la República Popular China”.

Para Ortega, el pueblo chino representa un modelo de desarrollo sin intervencionismo, sin imposiciones y sin amenazas militares.

Memoria histórica: la guerra impuesta y las elecciones de 1990

El Comandante evocó el periodo posterior al triunfo revolucionario de 1979 y la guerra impuesta por Estados Unidos, encabezado entonces por el presidente Ronald Reagan.

Fue una guerra sangrienta, más de 50.000 muertos… un río de muertos en un país pequeño y pobre”, recordó.

Sobre las elecciones de 1990, afirmó:
El pueblo tenía que votar con una pistola en la cabeza”, aludiendo a las amenazas de que la guerra continuaría si triunfaba el Frente Sandinista.

Tras esa derrota electoral, el nuevo gobierno rompió relaciones con la República Popular China. Ortega subrayó que Nicaragua mantenía vínculos con Beijing “por principio, por amor a la paz, por amor al trabajo, por amor a la solidaridad”.

La cuarta victoria: conciencia y dignida

Después de tres procesos electorales adversos, el Frente Sandinista recuperó el gobierno en 2007.

No se pudo en la primera, no se pudo en la segunda, no se pudo en la tercera, pero se pudo en la cuarta”, expresó el mandatario.

Y explicó la razón de ese triunfo:
Porque cuando hay conciencia, hay valor, hay coraje”.

El pueblo, afirmó, dejó de creer en las promesas incumplidas de quienes ofrecían riquezas mientras crecían la pobreza y el abandono.

Transporte y cooperación: hechos concretos de la hermandad

Uno de los ejes centrales del discurso fue la transformación del transporte público. Ortega describió el sacrificio de los transportistas durante los gobiernos neoliberales:

Chorreaba sangre, chorreaba sangre en los transportistas, sudor, sangre… comprando buses usados para servirle al pueblo”.

Desde 2007, con cooperación de países hermanos como Rusia y México, comenzó la modernización. Sin embargo, el “gran salto” llegó con el restablecimiento de relaciones con la República Popular China.

Entre 2023 y 2026, China ha entregado 2,280 autobuses y microbuses nuevos, contribuyendo a que la flota nacional alcance hoy 4,610 unidades.

El comandante destacó la naturaleza de esta cooperación:

Generosidad incondicional, sin condiciones… ese debería ser el comportamiento de la humanidad, que nos tratáramos como hermanos”.

La lucha por la paz

En la parte final de su intervención, el Copresidente reiteró el compromiso histórico del pueblo nicaragüense:

La lucha tiene que seguir siendo la lucha por la paz, aunque insistan con la guerra, aunque insistan con seguir construyendo armamento atómico”.

Y concluyó con una exclamación que resume el espíritu de la jornada:

Que viva la República Popular China”.

Así, Nicaragua reafirma su alianza estratégica con China como una relación basada en principios, memoria histórica y una visión compartida de un mundo multipolar donde la paz sea la norma y no la excepción.