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Diario Barricada
Nacionales

Padre Antonio Castro llama a construir la paz en Nicaragua

Ivania Gutiérrez
Ivania Gutiérrez 20 de abril, 2026 • 4 min de lectura

El Padre Antonio Castro, delegado de la Iglesia Católica, participó en el acto central de celebración de Abril, Mes de la Paz, tras recibir el encargo del Arzobispo de dirigir una oración y un mensaje por la paz. En sus palabras, recordó que la Asamblea Nacional ha decretado el Día Nacional de la Paz, pero subrayó que la paz no puede limitarse a una fecha, sino que es un compromiso cotidiano.

“El Concilio Vaticano II nos dice que la paz es un continuo quehacer de todos los días”, expresó el sacerdote, destacando que se honra la paz cuando se construye día a día.

El Padre Castro citó las enseñanzas de Jesús: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. También recordó que Cristo, antes de ascender al Padre, dejó a sus discípulos un mensaje claro: “Mi paz les dejo, mi paz les doy; no como la da el mundo”.

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En su reflexión, señaló que la paz verdadera no es ausencia de guerra ni imposición por miedo, sino fruto de la justicia, el desarrollo, el respeto a la dignidad y la soberanía de los pueblos. “Hay paz cuando hay justicia, cuando hay salud, cuando hay educación, cuando hay vivienda, cuando hay acceso a los recursos de producción”, afirmó.

El sacerdote también hizo un llamado a cuidar la creación, recordando las palabras del Papa Francisco sobre la “casa común”. “Si cuidamos nuestros recursos naturales, estamos construyendo paz, vida y amor”, dijo.

Finalmente, pidió a Dios que bendiga a Nicaragua y conceda sabiduría para descubrir su presencia a través de la construcción de la paz: “Desde la más alta autoridad hasta el más pequeño de nuestros ciudadanos, todos estamos llamados a ser constructores de vida, de paz y de amor”.

Oración por la Paz

Hoy en la mañana me llamó el Arzobispo, delegándome para hacer aquí una oración, un mensaje por la paz. Nuestra Asamblea Nacional ha decretado el Día Nacional de la Paz. Sabemos todos que la paz no es de un día; la paz, nos dice el Concilio Vaticano II, es un continuo quehacer de todos los días. Honramos la paz cuando la construimos cada día.

Jesús nos dice: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Y antes de partir a la presencia del Padre, en la Ascensión, les dirá a los discípulos: “Mi paz les dejo, mi paz les doy. No les doy la paz que da el mundo”. Es muy diferente esa paz que el mundo quiere dar. Los que dominan los pueblos dan una paz que infunde miedo, terror, que lleva consigo violencia, destrucción y muerte. No es esa la paz que el Señor nos da.

El Concilio Vaticano II nos dice que la paz no es ausencia de guerra; la paz es fruto de la justicia, es fruto del desarrollo, es fruto del progreso, es fruto del derecho, es fruto del respeto a la dignidad y a la soberanía de cada uno de los pueblos. Por eso, hermanos, cada uno de nosotros somos y estamos llamados a ser constructores de paz.

Hay paz cuando hay justicia, hay paz cuando hay salud, hay paz cuando hay educación para todos, hay paz cuando hay vivienda, hay paz cuando hay acceso a todos los elementos de producción, hay paz cuando hay armonía, cuando hay reflexión. Hay paz cuando todos estos recursos los hacemos con conciencia, con amor a cada uno de los proyectos que impulsamos, y eso implica cuidarlos, protegerlos, defenderlos, amarlos. No solamente a los proyectos, sino también amar como decía el Papa Francisco la creación, nuestra casa común.

Si cuidamos nuestros recursos naturales, estamos construyendo paz, estamos construyendo vida, estamos construyendo amor. Démosle gracias a Dios porque somos constructores de paz, desde la más alta autoridad hasta el más pequeñito de nuestros ciudadanos: constructores de vida, constructores de paz, constructores de amor.

Pido, pues, a Dios que nos bendiga, que nos dé la sabiduría para descubrir su presencia a través de la construcción de la paz. Que Dios nos bendiga.