Con la participación de maestras, maestros, asesores pedagógicos y delegados de todo el país, dio inicio la primera Jornada Pedagógica de Actualización Científica y Didáctica 2026, orientada a fortalecer la calidad educativa desde un enfoque centrado en el desarrollo real de competencias y no únicamente en su formulación teórica.
Durante la apertura, las autoridades educativas subrayaron que esta jornada no solo busca actualizar contenidos, sino transformar la práctica docente mediante una metodología clara, coherente y aplicable, que permita pasar de la competencia declarada en el currículo a la competencia desarrollada en la vida real del estudiante.
“El desafío ya no es solo declarar competencias, sino lograr que estas se expresen en desempeños observables, medibles y aplicables a la vida cotidiana”, señalaron los ponentes, al presentar la ruta metodológica que guiará este proceso de transformación pedagógica.
Una ruta en seis pasos para operacionalizar las competencias
Como eje central de esta jornada, se presentó una propuesta de operacionalización de las competencias en seis pasos, que busca dotar al docente de herramientas prácticas para convertir el currículo en experiencias reales de aprendizaje.
El primer paso consiste en interpretar la competencia, identificando claramente la acción principal (verbo), el saber movilizado, el contexto en el que se aplicará y su finalidad formativa. Este análisis evita interpretaciones abstractas y permite que el docente tenga claridad sobre lo que realmente se espera que el estudiante logre.
El segundo paso es la desagregación de la competencia, proceso que permite dividirla en capacidades, habilidades y actitudes. Aunque en la vida real la competencia es integral, para fines pedagógicos se descompone en partes que facilitan su enseñanza, evaluación y seguimiento.
El tercer paso es la definición de los desempeños, entendidos como acciones observables que permiten evidenciar que el aprendizaje está ocurriendo. Se destacó que “si no se puede observar el desempeño, es probable que no se esté desarrollando la competencia”.
El cuarto paso consiste en el diseño de situaciones de aprendizaje reales y contextualizadas, que trasciendan la memorización y permitan al estudiante poner en práctica sus saberes en escenarios similares a los de su entorno: su familia, comunidad, barrio, mercado o escuela.
En el quinto paso, el docente selecciona los contenidos, pero no como un fin, sino como un medio para desarrollar la competencia. En este modelo, el contenido deja de ser el centro del proceso educativo y pasa a ser una herramienta al servicio del aprendizaje significativo.
Finalmente, el sexto paso se enfoca en la definición de evidencias y en la evaluación para el aprendizaje. Se enfatizó que la evaluación debe basarse en criterios claros y utilizar rúbricas coherentes con los desempeños esperados, cerrando así el llamado “círculo virtuoso” entre currículo, aprendizaje y evaluación.
Un cambio de paradigma en el rol docente
Durante la jornada, se resaltó que este modelo redefine el rol del maestro y la maestra, quienes dejan de ser simples transmisores de contenidos para convertirse en diseñadores de experiencias de aprendizaje, líderes pedagógicos, mediadores del conocimiento y evaluadores formativos.
“El liderazgo pedagógico no se impone con miedo, sino que se construye con respeto, confianza y credibilidad”, expresaron los expositores, al destacar que el docente debe ser una figura inspiradora, cercana y coherente con los valores que promueve.
Este enfoque también reconoce que el aprendizaje no es responsabilidad exclusiva del docente, sino que es un proceso compartido con el estudiante y su familia.
Estudiantes protagonistas de su aprendizaje
Otro de los ejes abordados fue el cambio en el rol del estudiante, quien debe asumir una participación activa, reflexiva y responsable en su proceso formativo. El objetivo es formar estudiantes capaces de aplicar lo aprendido en diversos contextos, no solo en el aula.
Se explicó que este protagonismo debe ser construido como una cultura educativa, a través de acuerdos de aprendizaje y del acompañamiento permanente del docente y la familia.
“El estudiante no solo debe saber, sino saber hacer, saber ser y saber convivir”, señalaron, enfatizando el carácter integral del modelo.
Un enfoque para el desarrollo humano pleno
Las autoridades educativas reiteraron que esta propuesta se fundamenta en una visión de educación orientada al desarrollo humano integral, que incluye la dimensión cognitiva, emocional, social, ética y espiritual.
Este modelo busca formar personas capaces de transformar su entorno, tomar decisiones responsables, resolver problemas reales y contribuir al bien común.
Asimismo, se compartieron referencias teóricas que sustentan esta visión, entre ellas aportes de Sergio Tobón, Philippe Perrenoud y documentos nacionales sobre educación para el desarrollo humano pleno.
Más que un cambio metodológico, una transformación educativa
En el cierre de la jornada, se destacó que operacionalizar competencias no significa añadir más carga burocrática, sino facilitar el trabajo docente, dotándolo de coherencia, sentido y propósito.
“No se trata de complicar la vida del maestro, sino de hacer que su planificación tenga impacto real en la vida de sus estudiantes”, afirmaron.
Las autoridades reiteraron su confianza en el magisterio nacional y expresaron que este 2026 será un año de nuevos desafíos y mayores victorias para el sistema educativo.
