El 22 de enero de 1967 no fue un día cualquiera, Fue la tarde en que Managua se convirtió en testigo de una masacre que marcó para siempre la memoria del pueblo nicaragüense. Miles de hombres y mujeres, llegados de distintos rincones del país, se concentraron en la antigua Avenida Roosevelt con un propósito firme, exigir elecciones libres y poner fin a la dinastía somocista.
La manifestación, convocada por la Unión Nacional Opositora (UNO) y encabezada por Fernando Agüero Rocha, coincidía con el cierre de campaña electoral. Sin embargo, más que un acto político, se transformó en un grito colectivo contra el poder absoluto de Anastasio Somoza Debayle, quien ya tenía asegurada la victoria gracias al control del Tribunal Supremo Electoral y el respaldo de la Guardia Nacional.
La tensión estalló al caer la tarde, la multitud intentaba avanzar hacia la Casa Presidencial en la Loma de Tiscapa, pero fue bloqueada en la esquina del Banco Nacional de Nicaragua. Lo que comenzó como un operativo de dispersión terminó en tragedia, la Guardia Nacional abrió fuego indiscriminado contra la gente. Campesinos, obreros, estudiantes y familias enteras fueron asesinados por las balas. Las calles se llenaron de cuerpos y sangre, y aunque nunca se reconoció una cifra oficial, los testimonios hablan de cientos de muertos, quizá más de un millar.
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Ese día quedó claro que las vías electorales estaban cerradas. La oposición tradicional mostró sus límites y el pueblo comprendió que la única salida frente a la dictadura era la lucha armada. Fue entonces cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional asumió el liderazgo de la resistencia, convirtiéndose en la fuerza capaz de transformar la indignación en organización revolucionaria.
La masacre del 22 de enero no solo reveló la brutalidad del régimen, también despertó la conciencia colectiva. Los sectores populares campesinos, obreros y estudiantes demostraron que la demanda de libertad no era exclusiva de las élites, sino un clamor generalizado. Esa convicción se mantuvo viva, más de una década después, se materializó en las insurrecciones que culminaron con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.
Hoy, la memoria de los caídos sigue presente. La antigua Avenida Roosevelt lleva el nombre de Avenida Peatonal Augusto C. Sandino, y el edificio legislativo recuerda a las víctimas como “Mártires del 22 de enero de 1967”. Cada año, Nicaragua honra a quienes entregaron su vida en aquella jornada que enseñó al pueblo que la libertad solo se conquista con unidad, sacrificio y resistencia.
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