Biografías

Rubén Darío: 110 años de inmortalidad, conciencia viva de Nuestra América

Escrito por : Bryan Dávila 6 de febrero de 2026

Y en estos días en que celebramos tantas memorias luminosas, honramos a nuestro Infinito, Inmenso, Padre y Maestro Mágico, Rubén Darío, y reflexionamos sobre por qué, en un país pequeño y marcado por la pobreza, surgen genios como él: genios de la poesía, de la identidad, del realce de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos”.
Compañera Rosario Murillo, 15 de enero de 2026

Este 6 de febrero se cumplen 110 años del tránsito a la inmortalidad de Rubén Darío, Héroe Nacional y Prócer de la Independencia Cultural de Nicaragua. Fallecido en su amado León en 1916, a los 49 años de una vida intensa y fecunda, Darío no solo legó una obra poética universal, sino una conciencia histórica que continúa interpelando a los pueblos de Nuestra América.

Rubén Darío es una figura imposible de encerrar en un solo ángulo de lectura. Como afirmara Francisco Orellana de Oviedo, “no es posible conocer, interpretar y divulgar la obra del gran nicaragüense desde la contemplación de un solo ángulo de observación”.


El panida fue periodista, crítico literario y de arte, narrador, cronista, prologuista y autor de cartas fundamentales para comprender su tiempo.

Carlos Martínez Rivas lo definió como “incansable lector, memoria esponja, memoria mágica, de sabiduría mitológica y de sabiduría poética”.


Darío estaba profundamente informado de lo que ocurría a su alrededor y poseía un vasto conocimiento histórico, político y cultural, evidenciado en la multitud de sus escritos.

El contexto histórico de su tránsito a otro plano de vida
Rubén Darío abandona Francia en el contexto del inicio de la Primera Guerra Mundial. Queda desempleado tras el cierre de las revistas Mundial y Elegancia, pasa por España donde se encontraban Francisca Sánchez y su hijo Rubén y se embarca hacia Nueva York en octubre de 1914. En esa ciudad, Salomón de la Selva fue su secretario privado.


Durante ese período, Darío recitó el poema Pax en la Universidad de Columbia, mientras el mundo se precipitaba hacia una de las grandes conflagraciones del siglo XX. Posteriormente, permaneció enfermo en Guatemala entre abril y noviembre de 1915, como huésped condicionado del presidente de esa República, hasta su retorno definitivo a Nicaragua en diciembre de ese mismo año.


En Managua pasó su última Navidad en la casa de su cuñado Andrés Murillo, ubicada a una cuadra del Parque Central. Darío padecía cirrosis; se le veía pálido, envejecido, con el aspecto de un hombre de más de sesenta años.
El 7 de enero de 1916, un tren expreso facilitado por el Gobierno de Nicaragua lo trasladó a León, donde permanecería para siempre. Fue sepultado el domingo 13 de febrero de 1916, bajo el león de marmolina blanca en la Catedral, tras siete días de discursos y prolongadas honras fúnebres.
Entre las piezas oratorias destaca la pronunciada por su amigo, el doctor Manuel Maldonado, de la cual se extrae el siguiente fragmento:


“Después de la consagración mundial, hecha por lo que más vale y ha valido en el reino de las letras, ¿qué se puede decir de este hombre extraordinario que trajo al mundo en la mano, a estilo de un cetro, la dominadora flauta de Pan, sobre los hombres, y la purpúrea e invencible clámine de un rey; y en el cerebro una constante reverberación de astros?”
Maldonado recordó también la humildad de su origen y la construcción consciente de su identidad:


“Ya sabes que la cuna de Rubén Darío fue tan humilde, por no decir oscura; que en los primeros años de su vida era indeciso hasta su nombre patronímico… pero él dijo una vez: ‘Yo me llamaré Rubén Darío’. Y así debía ser, porque los nombres primeros no tenían significación alguna, porque el nombre de Rubén Darío era el que precisamente correspondía a sus entronques cabalísticos, a lo que él era en sí, a lo que debía representar”.


Al ser anagramado su nombre resulta otro símbolo: BARDO REI, expresión gráfica de su verdadera figura moral. En ese juego simbólico se condensa su destino histórico: bardo, como cantor de la identidad y la memoria de los pueblos; rey, no por herencia, sino por la soberanía conquistada desde la palabra. Una realeza espiritual y literaria que permitió a Nicaragua y a Nuestra América afirmarse culturalmente frente a los modelos impuestos desde el exterior.


El duelo en la lengua española
A la muerte de Rubén Darío, Antonio Machado escribió uno de los homenajes más hondos de la poesía en lengua española:
“Si era toda en tu verso la armonía del mundo,
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?
(…)
Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,
esta nueva nos vino atravesando el mar.
Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.”

Es inmenso el legado que Rubén Darío dejó a Nicaragua y al mundo.

FUENTES:
JAE. (2019) Rubén Darío en Managua
Francisco Javier Bautista (2015) últimos años de Rubén Darío