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Diario Barricada
Análisis

Los Agüizotes: 50 años de mitos, leyendas e identidad nicaragüense

Redacción Central
Redacción Central 24 de octubre, 2026 • 6 min de lectura

Los espantos dejaron de vivir solamente en los cuentos de los abuelos y salieron a las calles de Masaya, mezclándose entre la multitud, con las máscaras de la Cegua, la Chancha Bruja, los rostros de diablos, las calaveras de la Muerte y las figuras del Cadejo blanco y negro, la Llorona, la Mocuana, el Padre sin Cabeza y la Muerte Quirina, personajes que durante generaciones provocaron temor entre los pobladores y alimentaron las leyendas de nuestros antepasados. Precisamente de esas historias nació en 1976 la celebración de Los Agüizotes, que este año cumple medio siglo de tradición y mantiene sus raíces en el barrio indígena de Monimbó, donde la conmemoración comenzó con la tradicional Vela del Candil, celebrada el jueves 22 de octubre, seguida del desfile nocturno del viernes 23, cuando los personajes de aquellos relatos volvieron a cobrar vida entre disfraces, luces de candiles y música de chicheros, como parte de las festividades en honor a San Jerónimo, patrono de Masaya.

La palabra Agüizote proviene de la lengua náhuatl y significa “espantos cercanos al agua”, nombre que también se utiliza para identificar a seres misteriosos que persiguen o atemorizan a las personas, según las antiguas creencias populares. Cada personaje tiene su propia historia, como la Chancha Bruja, que perseguía a los hombres que regresaban de sus fiestas y borracheras, la Cegua, que aterrorizaba a los caminantes durante la noche, el Cadejo blanco y el negro, que según los relatos aparecían en caminos solitarios, y la Carreta Nagua, que anunciaba su presencia con el rechinar de sus ruedas y el ruido de las cadenas. A través de estos personajes también se metía miedo a las personas que acostumbraban salir de noche, especialmente a los niños y jóvenes, aunque cada familia conservaba distintas versiones de estas leyendas, transmitidas de padres a hijos y presentes todavía en la memoria de los nicaragüenses.

Durante la colonización española, los pueblos indígenas de Masaya enfrentaron la imposición de costumbres y creencias religiosas que modificaron su forma de vida, pero conservaron parte de sus propias tradiciones como expresión de resistencia frente a los conquistadores. Según la historia transmitida por sus antepasados, los habitantes originarios utilizaban figuras de espantos para provocar miedo entre los españoles, aprovechando el temor que despertaban aquellos seres misteriosos como forma de defenderse de los invasores, y con el paso de los años estos personajes siguieron presentes en las costumbres del pueblo hasta convertirse en parte de la celebración de Los Agüizotes.

En los hogares de Masaya, los preparativos comienzan mucho antes de que llegue la noche de Los Agüizotes, cuando los artesanos preparan el papel maché con almidón de yuca, moldean las máscaras, utilizan yeso para darles mejor acabado y después las pintan, agregándoles cuernos o cabuya según el espanto que desean representar, siguiendo las técnicas aprendidas de sus padres y abuelos. Detrás de este trabajo hay talleres con más de cuarenta años de historia y familias que continuaron con el oficio después del fallecimiento de sus fundadores, y aunque los artesanos trabajan durante todo el año, octubre tiene especial significado porque aumentan los encargos, llegan compradores de otros departamentos y las mismas leyendas que antiguamente provocaban miedo se convierten en fuente de ingresos para los hogares dedicados a fabricar estas máscaras.

Quien llegue a Masaya sin conocer esta celebración podría confundirla con Halloween al encontrarse con tantos disfraces de terror, pero el parecido está principalmente en la apariencia, porque Halloween tiene sus orígenes en antiguas celebraciones de los pueblos celtas de Irlanda y otras regiones de Europa, especialmente la festividad de Samhain, y posteriormente se popularizó en Estados Unidos con la llegada de inmigrantes irlandeses durante el siglo XIX, hasta convertirse en la fiesta que se celebra cada 31 de octubre. En cambio, Los Agüizotes tienen su propia historia y no nacieron como copia de Halloween ni del Día de Muertos de México, celebrado el 1 y 2 de noviembre, cuando las familias recuerdan a sus difuntos mediante altares, flores, fotografías y ofrendas, costumbre distinta de la devoción a la Santa Muerte. Con los años comenzaron a aparecer en Masaya personajes del cine, superhéroes, payasos y espantapájaros que despertaron el interés de los más jóvenes, por lo cual agregaron nuevos disfraces sin abandonar los espantos tradicionales, de manera que esta celebración conserva su identidad nicaragüense y el significado cultural que le dieron sus primeros participantes.

La Copresidenta Compañera Rosario Murillo, poeta y permanente promotora del arte y la cultura nicaragüense, dedicó parte de su mensaje del viernes 23 de octubre a las celebraciones de Masaya, con palabras de cariño para este pueblo y sus expresiones populares, “Nuestro abrazo a todos los masayas, los más fiesteros, por las fiestas más largas de Nicaragua, por la extraordinaria fiesta de los Agüizotes que hoy recorren sus calles, esas calles que ayer también, ayer por la noche, se llenaron de júbilo con la Vela del Candil. Tradición y tradición, cada vez más creatividad, cada vez más disfrute”. La Compañera Rosario también destacó los tradicionales bailes de negras y el arte de las modistas masayas, al expresar que “esas mismas calles donde los afamados bailes de negras recorren luciendo sus luminosos trajes, son las calles fiesteras y festivas de Masaya, calles de vigor y triunfo, calles de creatividad, creatividad reconocida de las excelentes modistas de Masaya”, anunciando pasarelas y exposiciones dedicadas a sus creaciones. También recordó que las festividades seguirán con el Torovenado del pueblo, el domingo 25 de octubre en Monimbó, y el gran baile popular del 6 de diciembre, para concluir su mensaje con estas palabras, “Mientras tanto, sigue la fiesta, sigue la alegría, sigue la celebración de la Paz, sigue el fervor a Dios nuestro Señor, porque sabemos que tenemos gracias a su mano la Paz”.

Cincuenta años después de aquella idea que terminó convirtiéndose en símbolo cultural de Masaya, niños, jóvenes y adultos siguen disfrutando de Los Agüizotes, incluso los más pequeños, que se disfrazan de personajes de las leyendas populares durante los Agüizotes Infantiles, y aunque la noche de los espantos haya terminado, la alegría continúa en Masaya con otras actividades propias de sus fiestas patronales, entre ellas el tradicional Torovenado, porque Los Agüizotes son solamente parte de las celebraciones dedicadas a San Jerónimo, consideradas entre las más largas de Nicaragua. Estas actividades, que llenan de alegría a las familias y mantienen viva nuestra cultura e identidad, cuentan con el apoyo y acompañamiento del Buen Gobierno Sandinista, así como con las condiciones de paz y seguridad que favorecen su celebración y la participación de miles de nicaragüenses.