Saber leer y escribir es saber interpretar la realidad, el mundo en que vivimos para poder transformarlo desde nuestro barrio y comunidad, y el país entero.  La alfabetización es tomar conciencia de nosotros mismos, como seres que piensan y sienten, sentipensantes, en convivencia fraterna con las demás personas y con todos los seres vivientes de la Madre Tierra.  

Analfabetismo, explotación y pobreza

Por muchos años se mantuvo a la población campesina, obrera, indígena, y principalmente a las mujeres, en la oscurana para facilitar y justificar la explotación y la discriminación.   El analfabetismo era uno de los peores indicadores de la pobreza, acompañante de la desnutrición, enfermedades endémicas, tristeza y desesperanza.  Mientras se vendía la falsedad del crecimiento económico de Nicaragua, el “Granero de Centroamérica”, uno de los mayores productores de oro y otros minerales, que sólo acrecentaba las riquezas de las familias más ricas.    Circulo de pobreza infinito.

Aprender a leer y escribir, un acto de liberación

En Pancasán, los jóvenes guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en la experiencia del foco guerrillero, para hacer la revolución desde adentro, compartieron con las comunidades campesinas, formando conciencia de la injusticia, hablando de las verdaderas causas de la pobreza, de la falta de tierras, del hambre.   Hablando, dialogando, sobre el futuro posible.  Compartieron la forma de vivir campesina y alfabetizaron.  El Comandante Carlos Fonseca Amador, decía a los compañeros que una de sus tareas era la de enseñar a leer.   Antes, en el Campamento del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN), había aprendido a leer y escribir, el General Pedro Altamirano, fiel compañero del General Augusto C. Sandino. 

Compromiso histórico del FSLN

En la Proclama histórica del FSLN del año 1969, en el Punto III. Revolución en la cultura y la enseñanza, se asumió un compromiso histórico ante el pueblo de Nicaragua: “Se Impulsará una campaña masiva para exterminar en forma inmediata el analfabetismo».  Paso fundamental para la revitalización de la identidad y cultura nacional.

Este compromiso fue refrendado en la Primera Proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional, emitida el 18 de junio de 1979 desde algún lugar de Nicaragua, y leída en la Plaza de la Revolución el 20 de julio de 1979: “Erradicación del analfabetismo.  Se iniciarán programas de educación liberadora para adultos, con el fin de incorporarlos plenamente al proceso de Reconstrucción y Desarrollo Nacional”.

¡Misión Cumplida!

Esta misión se concretó de marzo a agosto de 1980, en la que se libró la batalla por la liberación cultural a lo largo y ancho del país, con la participación directa de casi la mitad de la población.  El pan del saber se compartió en las fábricas, barrios, comarcas, cuando bajo la luz de los candiles y/ o las lámparas de Kerosene que brillaban como luciérnagas al final de la jornada, los jóvenes de cotona gris y pantalón azulón, descifraban el misterio de las letras.  Pero también aprendían del conocimiento popular campesino, de la agricultura del sol y de la luna, de las tecnologías ancestrales.  El campo y la ciudad se fundieron en un abrazo que perdura.  El infame índice de analfabetismo se redujo de 50.3 % al 12 %.

Sostenimiento de la Alfabetización y Post-Alfabetización

Después de agosto, se dio continuidad a la Alfabetización y Post-Alfabetización.  Se creó el Vice-Ministerio de Educación de Adultos (VIMEDA), que posteriormente se convirtió en la Dirección General de Educación de Adultos.  Para evitar el analfabetismo por desuso, se hizo el seguimiento en los Colectivos de Educación Popular (CEP), círculos educativos que funcionaban en casas, iglesias, escuelas, fábricas, cooperativas agrícolas, coordinados por un facilitador voluntario.   Otra modalidad fueron los Centros de Educación de Adultos (CEDA), que funcionaban en el turno nocturno y donde se cursaba la primaria acelerada, en tres años.

Reconocimientos de la UNESCO

Por la proeza de la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, en el año 1981 la UNESCO otorgó a Nicaragua la medalla Nadezhda Krúpskaya, por haber logrado reducir el analfabetismo del 52% al 12.9%.  En septiembre de  1986, la UNESCO otorgó a la zona especial de Río San Juan, una mención de honor del Premio Nadezhda Krúpskaya, por los avances en materia educativa.  En 1987, Ciudad Sandino, recibió el Premio Noma, uno de los cuatro premios que la UNESCO otorga anualmente a una de las naciones miembros por el avance de sus programas de alfabetización.

La ardua tarea de reducir al mínimo el analfabetismo, fue retomada en el año 2007 en la segunda etapa de la Revolución Sandinista, con la aplicación del método cubano “Yo sí Puedo”.  Los datos avalados por la UNESCO, reconocen a Nicaragua como un país con una alta tasa de alfabetización.