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Diario Barricada
Hechos históricos

A 67 años de El Chaparral, una lectura necesaria desde sus protagonistas

Bryan Dávila
Bryan Dávila 24 de junio, 2026 • 8 min de lectura

Aquí está Antonio Barbosa, Manuel Baldizón, capitán José Manuel Arosteguí, Aníbal Sánchez, Adán Suárez, Marcelo Fernández y Onelio Hernández, 24 de junio de 1959 en El Chaparral, los miembros de la columna Rigoberto López Pérez que ofrendan su vida por la liberación de Nicaragua, esta Nicaragua libre, esta Nicaragua bendita, esta Nicaragua fraternal, esta Nicaragua de familia, de valores cristianos, de comunidad”

Compañera Rosario Murillo

 Copresidenta de la República de Nicaragua

24 de junio de 20|19

Sesenta y siete años después de la Guerrilla de El Chaparral, aquella experiencia continúa ocupando un lugar singular en la memoria histórica de la lucha sandinista, aunque constituyó un revés militar para quienes participaron en la columna Rigoberto López Pérez, sus protagonistas coinciden en que de aquella experiencia surgieron lecciones que marcarían el desarrollo posterior de la lucha revolucionaria.

En el contexto nacional, la Guerrilla de El Chaparral se ubica como parte del cambio del ciclo histórico que provocó Rigoberto López Pérez, marcando el inicio del fin de la dictadura en 1956.

En el plano latinoamericano, la victoria revolucionaria encabezada por el Comandante Fidel Castro en Cuba, despertó la esperanza en centenares de jóvenes latinoamericanos que veían posible derrotar por las armas a regímenes dictatoriales de la época. En Nicaragua, el ejemplo cubano renovó los ánimos y las esperanzas a quienes luchaban contra la dinastía somocista. Como recordaría años después Bayardo Altamirano, “el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 nos colmó de aliento y esperanzas”, fortaleciendo la convicción de que la liberación nacional era posible.

Fue así que surgieron diversas expresiones opositoras, desde agrupaciones revolucionarias inspiradas por la experiencia cubana hasta movimientos promovidos por sectores conservadores, todos coincidiendo en la necesidad de poner fin a la dictadura somocista. Mientras que en el exilio se articulaban redes de apoyo político y logístico desde México, Guatemala y Honduras, este último país se convirtió en un importante punto de encuentro para los jóvenes revolucionarios nicaragüenses, favorecido por la actitud tolerante del gobierno de Ramón Villeda Morales tras el fin de la dictadura de Tiburcio Carías Andino.

En ese contexto se organizó la columna guerrillera “Rigoberto López Pérez”, considerada uno de los primeros esfuerzos armados inspirados por la experiencia revolucionaria cubana. El Comandante Ernesto “Che” Guevara apoyó directamente la formación de esta guerrilla, designando como jefe al exoficial de la Guardia Nacional nicaragüense Rafael Somarriba, debido a su experiencia militar. La columna estuvo integrada por 75 hombres, entre ellos Carlos Fonseca Amador, Bayardo Altamirano y Aldo Díaz Lacayo, y contó con el apoyo de combatientes cubanos dirigidos por Onelio Hernández y Carlos Lugo.

En  su análisis de la Carta-Testamento de Rigoberto López Pérez a su Madre, Carlos Fonseca Amador reflexiona sobre el significado histórico de El Chaparral y señala:

“No sabemos si el Comandante Che Guevara conoció la carta de Rigoberto; solamente sabemos que una columna guerrillera nicaragüense que contó con la solidaridad del Che, la «Columna Rigoberto López Pérez, sufrió en junio de 1959, denominado El Chaparral, un ataque combinado de fuerzas de Nicaragua y Honduras. Nicaragüenses que participaron en la columna citada, recuerdan el mensaje de saludo que les envió el Che, adjunto al cual iba, entre otras cosas, un ejemplar mimeografiado de Guerra de guerrillas, trabajo entonces inédito”. (La Habana, 1972).

El 24 de junio las fuerzas militares hondureñas, bajo el mando del Capitán Andrés Espinoza, atacaron por sorpresa a los guerrilleros con fuego de morteros, granadas y ametralladoras. Después de una hora de ataque, el jefe militar hondureño conminó al grupo a la rendición. Los militares solicitaron hablar con el jefe guerrillero, quien aceptó y cesó el fuego. El Capitán Espinoza les comunicó que tenía órdenes de la Embajada de los Estados Unidos y de los miembros de la Comisión Militar Mixta que no debía haber prisioneros, por lo que los combates prosiguieron por dos horas más.

En Breve análisis de la lucha popular nicaragüense contra la dictadura de Somoza, el Comandante Carlos Fonseca, analiza esta acción de la cual, él fue parte:

En «El Chaparral» perecieron nueve heroicos jóvenes, estando entre ellos los estudiantes Manuel Baldizón, Enrique Morales Palacios, Antonio Barboza y Marcelo Fernández. Esta tragedia aconteció el 24 de junio de 1959 y allí quedó demostrado con muerte y sangre que es la juventud con el espíritu embebido de amor al pueblo y a la Patria la que está dispuesta a hacerse cargo de la lucha.

Debemos decir que los defectos y debilidades padecidos por el sector más avanzado de la oposición hicieron posible que la columna armada, apoyada por éste, llegara a ser jefeada por un individuo como Rafael Somarriba, cuya incapacidad revolucionaria y militar facilitó el criminal ataque llevado a cabo por el Ejército de Honduras con el auxilio de la misión militar norteamericana en dicho país y por recomendación de la Organización de Estados Americanos, OEA. (01 de marzo de 1960).

El comandante Somarriba, después de consultar con los mandos, aceptó la rendición con el compromiso de que se les respetara la vida. Sin embargo, esa promesa no se cumplió pues los militares hondureños aprovecharon el momento de confianza y asesinaron a tres de los guerrilleros que se habían retenido, finalmente les causaron 24 bajas: 9 muertos y 15 heridos.

Los muertos fueron sepultados en el mismo lugar y los heridos trasladados al Hospital San Felipe de Tegucigalpa. A los guerrilleros ilesos los obligaron a marchar a pie hasta Danlí, comarca hondureña y después en camiones los llevaron a las cárceles del Primer Batallón de Infantería del Ejército de Honduras, donde fueron torturados.

En esa ocasión el Comandante Carlos resultó herido, una bala perforó uno de sus pulmones, fue trasladado al hospital de Tegucigalpa, recibió en agosto la visita de su madre. Luego salió en septiembre para el hospital «Calixto García», de La Habana, a terminar de recuperarse, donde fue atendido por la Doctora Concepción Palacios.

Años después, el historiador y excombatiente Aldo Díaz Lacayo identificaría dos factores fundamentales que contribuyeron al fracaso militar de la operación:

  1. El reclutamiento de combatientes voluntarios en varios países, lo cual se hizo en poco tiempo, con pocas normas de selección ideológica y de seguridad.
  2. La fe ciega de Rafael Somarriba en la palabra empeñada por el presidente Ramón Villeda Morales, de Honduras, en el sentido de que los combatientes podían moverse con libertad en territorio hondureño.

De hecho, en sus memorias, Bayardo Altamirano coincide en señalar que la conducción de Somarriba presentó serias deficiencias estratégicas. Según su testimonio, varios integrantes del Frente Revolucionario Sandino expresaron desde el inicio reservas sobre dicho mando y consideraban que el plan contenía errores fundamentales, tanto en la escogencia del campamento como en las medidas de seguridad y sigilo conspirativo. Para Altamirano, estas debilidades facilitaron que la inteligencia militar hondureña detectara la presencia de los guerrilleros y preparara el ataque del 24 de junio de 1959.

No obstante, el propio Carlos Fonseca se negó a interpretar El Chaparral únicamente como una derrota. Por el contrario, consideró que aquella experiencia había dejado enseñanzas imprescindibles para el desarrollo posterior de la lucha revolucionaria:

“Soy opuesto a creer que todo fue negro en ‘El Chaparral’. Creo que tuvo de positivo haber suministrado experiencia a nuestra lucha. Los chinos afirman que el fracaso es la madre del éxito. Y si esto es cierto no podía triunfarse en ‘El Chaparral’ ya que apenas estaba iniciándose el movimiento y por consiguiente no se había fracasado anteriormente”.

Comandante Carlos Fonseca

Aldo Díaz-Lacayo menciona:

“Sin El Chaparral, en consecuencia, no hubiera habido Revolución Popular Sandinista o hubiese tomado un rumbo diferente, menos ideológico, menos orgánico, menos unitario. Sin estas experiencias, el Comandanate Carlos Fonseca jamás se hubiera dedicado tan anticipadamente a “trabajar con los cinco sentidos” para encontrar “las verdaderas causas de todo”.

Más allá del revés militar, El Chaparral representó una escuela política y revolucionaria para una generación de jóvenes comprometidos con la transformación de Nicaragua. La experiencia permitió extraer lecciones sobre organización, disciplina, clandestinidad y dirección político-militar, elementos que años más tarde serían decisivos en la construcción del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Como sostuvieron Carlos Fonseca y Aldo Díaz Lacayo desde perspectivas distintas pero complementarias, El Chaparral no fue únicamente una derrota táctica: fue una experiencia fundacional, en aquella montaña hondureña se sembraron muchas de las ideas, convicciones y aprendizajes que contribuirían, dos décadas después, al triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979.

Bibliografía

Carlos Fonseca (1972) Análisis de la Carta Testamento de Rigoberto López Pérez a su Madre. Separata especial de la revista «Casa de las Américas», La Habana.

Carlos Fonseca (1960) Breve análisis de la lucha popular nicaragüense contra la dictadura de Somoza. Frente Sandinista de Liberación Nacional, Nicaragua.

Cuaderno Sandinista (2023) El Chaparral ¿Un desastre Militar o una Victoria Moral?

Ejército de Nicaragua (2009) Memoria 1979 – 2009. Recuperado de: https://ejercito.mil.ni/contenido/relaciones-publicas/publicaciones/docs/memoria-1979-2009-026-049.pdf