“Le rendimos homenaje al Comandante, héroe Germán Pomares Ordóñez, un héroe nacional, el Danto. Un hermano que fue creciendo ahí en El Viejo, de una familia humilde, trabajadora. Y el Danto le hacía a todo, y también al deporte, porque por eso es que estos juegos que realizamos año con año, se realizan en homenaje a Germán Pomares, el Pomares. Era bueno también para el béisbol, para volar machete ahí en el campo, forjado como se forja el acero, en la pobreza, con limitaciones, pero luchando y así joven se incorporó al Frente Sandinista y es de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional”.
Comandante Daniel Ortega, 24 de mayo 2023
Existen libros que no se leen únicamente con los ojos, sino con la memoria viva de un pueblo. La autobiografía “El Danto – Algunas correrías y andanzas”, redactada por el Comandante Germán Pomares Ordóñez durante su estadía en Cuba en 1975, no solo es un registro de episodios bélicos ni una cronología distante de la historia. Es, ante todo, un testimonio humano de superación, un espejo donde se refleja la tenacidad del nicaragüense humilde que no se deja vencer por la adversidad. Al analizar las páginas escritas por Pomares descubrimos que las decisiones, dudas y sacrificios de aquel combatiente de acero ofrecen una lección viva para cualquiera de nuestro pueblo que, día a día, sale adelante frente a los desafíos de la vida.
Raíces de esfuerzo y la decisión de vencer la escasez
El análisis del texto revela desde sus primeras líneas que la fortaleza de Germán Pomares Ordóñez, nacido el 17 de agosto de 1937 en El Viejo, Chinandega, no se improvisó en la montaña, se forjó en la amargura de una infancia marcada por las privaciones más profundas. Criado en una casa de palma, bajo la tutela de su abuelo tras el abandono de su papá, Germán conoció tempranamente la brecha dolorosa entre los deseos de superación y la cruda realidad económica.
En sus propias palabras, plasmadas con sencillez en el libro, “El Danto” rememora el momento exacto en que la pobreza irrumpió en su educación:
“Mi infancia es muy pobre porque mi padre abandona a mi madre; mi padre de crianza es mi abuelo quien es el jefe de la casa. A los 7 años me matriculan en una escuela pública… hago mi primer y segundo grados; después me tienen que sacar porque no tengo ropa para ir a la escuela. Me acuerdo que mi mamá lloró porque si yo no podía ir más a la escuela, no podría ser carpintero para hacer otra casa porque en la que vivíamos era de palma.”
Lejos de la resignación, el relato muestra cómo Germán desde muy joven asumió la escasez no como un destino, sino como un obstáculo a superar mediante el trabajo incansable y honrado. Frente a las plagas que destruyeron los cultivos familiares, no dudó en emplearse en el corte de arroz y ajonjolí para garantizar el sustento de su hogar. Este pasaje de su vida dialoga directamente con algunos momentos de nuestra vida, donde ante la falta de recursos, multiplicamos los oficios, doblamos turno y convertimos la dificultad en el motor que impulsa a los nuestros hacia adelante.
La fragua del carácter en el trabajo y la dignidad
Al profundizar en la lectura de sus memorias, se observa que la etapa laboral de Pomares en las haciendas agrícolas, fue el verdadero taller donde se moldeó su conciencia. Como obrero de campo entre los quince y diecisiete años, Germán enfrentó la explotación y el menosprecio habitual hacia el trabajador joven, que se vivia en la época de la dictadura somoscista.
El libro, “El Danto” describe con total franqueza cómo reaccionó ante el trato injusto patronal:
“De los 15 a los 17 estoy de campisto en una hacienda de Juancho Minicuche. Allí aguanto toda humillación, además no me pagan como mozo completo en las tareas del machete y todos los demás deberes pues dicen que todavía soy cipote… Vivo en las haciendas donde consigo trabajo, lo cual me sirve mucho, porque me forjó como un verdadero hombre.”
El análisis de esta vivencia demuestra una cualidad fundamental en el pensamiento de Pomares, la capacidad de extraer aprendizaje y fortaleza de las circunstancias más adversas. Cuando el salario era incompleto o el trato despectivo, Germán no permitió que le arrebataran su dignidad personal, guardó la lección, templó su carácter y esperó el momento oportuno para encausar su rebeldía. Esta actitud resuena con fuerza en el trabajador que enfrenta entornos laborales difíciles, pero mantiene la vista fija en sus metas, sabiendo que la rectitud y la preparación interna valen más que cualquier circunstancia pasajera.
La lealtad inquebrantable ante la prueba del sufrimiento
Uno de los capítulos más conmovedores y reveladores del libro se sitúa en los periodos de clandestinidad, captura y prisión que sufrió “El Danto” a inicios de la década de 1960. Al examinar las reflexiones escritas tras sus arrestos en las cárceles somocistas, el texto trasciende lo personal para convertirse en un manual de ética y resistencia revolucionaria.
En la soledad de la celda, Germán sintetizó su postura ante la prueba con una claridad rotunda:
“Hay un montón de cosas que uno no puede decirle al enemigo si deseamos seguir en la lucha, si sabemos en lo que estamos metidos y si queremos a nuestros compañeros, no importa lo que nos pueda pasar. Algo que nos reconforta cuando salimos del presidio es saber que no denunciamos a nadie.”
Este extracto del libro nos permite aterrizar el concepto del compromiso a la escala de la vida diaria. La lealtad a los principios, la entrega al pueblo, la honestidad en la palabra dada y la negativa a traicionar los valores que unen a la familia y a nuestra nación, ante las presiones del entorno son las armas invisibles con las que vencemos las tentaciones del camino fácil. “El Danto” nos enseña desde las páginas de su libro que la verdadera victoria empieza por mantener la conciencia limpia y la cabeza en alto.
El guerrillero de acero y la lección del liderazgo con el ejemplo
Todas y cada una de las experiencias desde niño hasta la etapa de lucha muestran ese salto cualitativo que tuvo el Comandante German Pomares, mostrando la evolución de aquel joven campesino que aprendió a leer y escribir en la clandestinidad hasta convertirse en un pilar fundamental de la causa revolucionaria. Su seudónimo, “El Danto” (tomado de la danta o tapir, animal característico de nuestras selvas por su fuerza e imponente capacidad para abrirse paso en la maleza espesa), reflejaba la naturaleza indomable de su andar.
Sin embargo, el análisis de sus escritos demuestra que su liderazgo no se impuso por la fuerza, sino por la autoridad moral del ejemplo. Pomares no fue un jefe que daba órdenes desde la retaguardia, caminó en la vanguardia, compartió el plato de comida, durmió sobre la tierra mojada y asumió los mismos riesgos que exigía a sus compañeros de lucha.
Esta forma de actuar es un espejo directo para los nicaragüenses en su día a día, el maestro que inspira a sus alumnos con su dedicación, el emprendedor que trabaja desde cero o la cabeza de hogar que administra con sabiduría los recursos para que a nadie le falte lo esencial. El liderazgo auténtico, tal como lo vivió y escribió Pomares, se valida únicamente a través de la acción coherente.
Semilla inmortal para la siembra del presente
El 24 de mayo de 1979, a pocas semanas del Triunfo la Revolución Popular Sandinista, el Comandante Germán Pomares Ordóñez cayó en combate en la ciudad de Jinotega. Si bien el libro de su vida interrumpió su escritura física, el legado recopilado en sus páginas continúa redactándose en la cotidianeidad del pueblo nicaragüense.
Analizar este texto no es un ejercicio de contemplación del pasado, sino una herramienta para entender el presente. En sus líneas no hay vanidad ni adjetivos rebuscados, hay la crónica sincera de un hombre de carne y hueso que sufrió, trabajó con sus manos y decidió no rendirse jamás.
Hoy, cuando un agricultor madruga para sembrar la tierra, cuando un estudiante hace sacrificios para culminar sus estudios, o cuando una familia entera enfrenta con valentía los vaivenes de la vida, el testimonio escrito de Germán Pomares cobra un sentido plenamente vigente. Su vida y sus palabras nos recuerdan que el verdadero acero de Nicaragua no se forja en la comodidad, sino en la decisión firme de caminar, luchar y vencer cada día sin doblar jamás la rodilla.
Y es aquí en esta lucha donde los proyectos, programas y avances del Frente Sandinista en esta segunda etapa de la revolución, le ponen el hombro al pueblo nicaragüense, apoyando cada ámbito para que el maestro esté mejor preparado, para que el agricultor cuente con mejores herramientas, para que los estudiantes sean profesionales con principios y valores hacia el mismo pueblo, para que las mujeres tenga su espacio y los niños disfruten su niñez con gozo y esperanza.
La visión de nuestros copresidentes el Comandante Daniel y la compañera Rosario, es mantener viva esa lucha moral como individuos conectada a la defensa, crecimiento, Paz y soberanía de nuestro país, con el lema VENCEREMOS!!! Pero venceremos la pobreza el analfabetismo, la desigualdad e injusticia, juntos. Logrando una Nicaragua ejemplo para el mundo.