Dicen los abuelos que, en las noches donde la historia se vuelve fuego, un hombre cabalga sobre los vientos de América. No es un simple jinete, sino un relámpago, un trueno que retumba en el alma de los pueblos. Su voz es como el canto de los ríos, su mirada arde como el sol del llano. Lo llaman Hugo Chávez, pero los espíritus de la tierra lo conocen por otro nombre: El Soldado de Bolívar, el Comandante de los humildes, el hijo de la Patria Grande.
Nació con el destino marcado por las estrellas, con el sueño del Libertador latiendo en sus venas. Desde niño escuchó los tambores de la historia y supo que no podía callarlos. Dicen que, cuando levantó su primera bandera, el viento susurró el nombre de Sandino, y el espíritu del guerrillero del sombrero ancho le entregó su lanza invisible: “Llévala con honor, muchacho, porque solo los valientes pueden sostenerla.”
Y así fue. Chávez creció y, con él, su sueño de una América libre. Se hizo soldado, pero no de un ejército cualquiera, sino de los pobres, de los olvidados, de los campesinos y obreros. Su palabra encendió corazones, su risa ahuyentó el miedo, y su paso firme despertó la esperanza en cada rincón de la tierra.
En Nicaragua, los jóvenes lo recuerdan como el amigo eterno, el hermano que nunca faltó en la trinchera. Lo ven en las banderas que ondean al viento, en los murales donde su mirada sigue vigilante, en cada caminata donde su nombre resuena con fuerza. Porque Chávez no se fue, se multiplicó en cada joven que levanta el puño, en cada voz que grita Revolución, en cada sueño que se niega a morir.
Los sabios dicen que, cuando la noche es más oscura, si cerras los ojos y escuchas con el corazón, podrás oír su voz mezclada con la del trueno:
”¡No bajen la bandera! ¡No dejen que el imperio robe sus sueños! ¡La juventud es el fuego de la revolución, y mientras arda, la victoria será nuestra!”
Y así, con la lanza de Sandino y el sueño de Bolívar, el Soldado de los Pueblos sigue cabalgando por América, encendiendo corazones, despertando conciencias y guiando a quienes jamás dejarán de luchar.
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