Este 13 de septiembre se conmemoran 51 años de la caída en combate del comandante Filemón Rivera Quintero, “Macario”, miembro suplente de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, quien entregó su vida mientras protegía la retirada de sus compañeros en las montañas de Kuskawás.
Días antes, el 9 de septiembre de 1975, combatientes del Frente Sandinista habían ejecutado una emboscada contra una patrulla de la Guardia Nacional en esa zona. Filemón participó en la acción junto a Edgard Munguía, Jacinto Hernández y otros guerrilleros. Tras el operativo, la dictadura somocista desplegó una violenta persecución para localizar al grupo.
Durante la retirada, Filemón tenía los pies lastimados y se detuvo a descansar en un pequeño rancho ubicado en Cerro Grande de Kuskawás. Al descubrir su posición, una numerosa patrulla de la Guardia Nacional abrió fuego.
Armado con una carabina San Cristóbal, “Macario” enfrentó a las fuerzas somocistas y defendió la retirada de sus compañeros. Aunque se encontraba en condiciones desiguales, permaneció combatiendo hasta caer asesinado el 13 de septiembre de 1975.
La represión se extendió contra la población campesina que colaboraba con la guerrilla. Una mujer que se encontraba junto a Filemón también fue asesinada y, posteriormente, la Guardia incendió el rancho y quemó su cuerpo junto al de otras víctimas.
Filemón murió defendiendo los ideales por los cuales había luchado desde su juventud: la libertad, la soberanía nacional y la construcción de una Nicaragua sin dictadura. Su caída representó una dolorosa pérdida para el Frente Sandinista y para las estructuras revolucionarias que ayudó a organizar entre trabajadores y campesinos.
Nacido en Estelí el 10 de abril de 1942, se integró al FSLN en 1961 y participó en la jornada guerrillera de Pancasán. Su disciplina, humildad y capacidad organizativa le permitieron asumir importantes responsabilidades, hasta convertirse en miembro suplente de la Dirección Nacional.
A 51 años de su caída, el ejemplo de Filemón Rivera permanece en la memoria del pueblo nicaragüense como símbolo de firmeza, valentía y entrega absoluta a la causa revolucionaria.
¡Honor y gloria al comandante Filemón Rivera Quintero!
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