El legado del héroe revolucionario Ariel Darce Rivera permanece vivo en la memoria de su familia y en las nuevas generaciones que hoy tienen acceso a más oportunidades de educación y formación técnica. Así lo expresó su hermana, Rosa Darce, durante el homenaje realizado en el Centro Tecnológico que lleva su nombre, donde compartió recuerdos de su vida y aseguró que los ideales por los que luchó continúan materializándose.
Rosa afirmó que, de poder ver la Nicaragua actual, Ariel se sentiría orgulloso de los avances alcanzados, especialmente en el fortalecimiento de la educación técnica y el desarrollo del país.
“Él estaría fascinado porque se están cumpliendo sus sueños. Ariel quería ver un país en progreso y eso es lo que ha pasado. Estoy convencida de que su sacrificio, al igual que el de muchos compañeros que dieron su vida, no fue en vano”, expresó.

Recordó que Ariel era el menor de once hermanos y que apenas tenía 12 años cuando falleció su madre, situación que marcó profundamente su infancia. Desde entonces pasó a vivir con ella, donde continuó creciendo como un joven inquieto, alegre y con una gran madurez para su edad.
“Era un muchacho muy inquieto, muy activo. Aunque era el menor de la familia, tenía una forma de pensar muy madura. Nosotros no sabíamos que ya participaba en la lucha, porque en esos años nadie podía hablar; todos eran ciegos, sordos y mudos por temor a la represión”, relató.
Según contó, Ariel comenzó a organizar y motivar a otros jóvenes del barrio a integrarse a la lucha revolucionaria cuando apenas tenía entre 14 y 15 años. Su compromiso con la causa fue creciendo hasta que decidió incorporarse de lleno, sin que su familia pudiera detenerlo.
“Un día se fue y ya no regresó. Nosotros esperábamos verlo después del triunfo del 19 de Julio, pero lo que recibimos fue la noticia de que había fallecido. Fue un golpe muy duro para toda la familia”, recordó con emoción.
A pesar del dolor que dejó su partida, Rosa aseguró que hoy encuentra consuelo al ver que los ideales por los que luchó su hermano se reflejan en los programas de educación, salud y desarrollo que benefician a la juventud nicaragüense.
“Me siento convencida de que mi hermano no murió en vano. Él luchó por acabar con la pobreza, llevar educación y salud a todo el pueblo, y hoy vemos que esos sueños se están haciendo realidad. Si estuviera vivo, estaría muy feliz de ver todo lo que se ha alcanzado”, concluyó.
La historia de Ariel Darce Rivera continúa siendo un símbolo de entrega y compromiso con Nicaragua, mientras el centro tecnológico que lleva su nombre busca formar a nuevas generaciones bajo los valores de superación, conocimiento y servicio al país.
