El joven bajista nicaragüense Kendal Keylisquin Mejía Miranda convirtió su pasión por la música en una experiencia internacional, al participar en septiembre en la Orquesta Juvenil Mundial de Jazz, realizada en Ekaterimburgo, Federación de Rusia.
Su llegada a este escenario internacional es el resultado de años de aprendizaje, práctica y convivencia con músicos nicaragüenses, pero también de una historia que comenzó en su propia familia, cuando siendo apenas un niño descubrió en su padre el primer referente de su camino artístico.
“Esto surge como a los 12 años por mi papá. Él era músico, tocaba el bajo igual que yo, y pues verlo fue como una inspiración para mí, y de ahí surgió el amor por la música y por el bajo específicamente. Yo empecé tocando percusión, era conguero, pero siempre miraba y escuchaba el bajo en todas las canciones. Fue hasta como los 15 años que ya empecé tocando el bajo”, recordó Kendal durante una entrevista en Revista En Vivo de Canal 4.
Desde entonces, el bajo se convirtió en su principal instrumento y en una herramienta para desarrollar una carrera que hoy combina la interpretación musical con la enseñanza.
Una formación construida con aprendizaje y práctica
Kendal reconoce que su desarrollo como músico ha estado acompañado por maestros, amigos y colegas con quienes ha tenido la oportunidad de compartir a lo largo de los años.
Entre sus referentes menciona a su padre y al profesor Ramay Das, además de los distintos músicos con quienes ha trabajado en Nicaragua. Para él, ese intercambio permanente ha sido fundamental para ampliar sus conocimientos y encontrar nuevas formas de hacer música.
Actualmente, además de tocar, se desempeña como docente. Imparte clases de música y encuentra en sus alumnos otra fuente de aprendizaje.
“Con los años, o sea, ya tengo un par de años haciendo eso, y siempre leyendo libros, buscando la manera de darme a entender. Es agradable ver cuando los alumnos entienden y aprenden, y uno los ve desarrollarse. Es una satisfacción también, pero sí, ha sido haciendo camino al andar, aprendiendo, haciéndolo”, compartió.
Su rutina también exige disciplina. Escuchar música, practicar, tocar con diferentes agrupaciones y buscar nuevas experiencias forman parte de ese entrenamiento permanente.
Para Kendal, la versatilidad resulta esencial en la formación de un músico. Por eso procura acercarse a diferentes intérpretes y géneros, evitando limitarse a un solo espacio musical.
Del folclor al jazz
Aunque tiene afinidad por distintos estilos, existe un género que ocupa un lugar especial en su formación: el jazz.
El bajista nicaragüense explica que disfruta la salsa, la música clásica, el pop, la música folclórica y la trova. Sin embargo, encuentra en el jazz una posibilidad particular de explorar, combinar estilos e improvisar.
“El jazz es algo que se puede mezclar con diferentes tipos de géneros de música, entonces siento que el jazz ha sido como esa corriente que más me ha llamado la atención, por la que me he ido influenciando”, señaló.
Para Kendal, improvisar no significa dejar de estudiar. Por el contrario, detrás de la espontaneidad existe preparación, conocimiento y práctica.
Esa concepción del jazz adquirió una nueva dimensión cuando recibió la oportunidad de participar en un proyecto internacional junto a jóvenes músicos de diferentes países.
De Nicaragua a Ekaterimburgo
El 16 de septiembre de 2026, Kendal participó en el proyecto Orquesta Juvenil Mundial de Jazz, desarrollado durante la jornada de clausura del Festival Mundial de la Juventud en Ekaterimburgo. La presentación tuvo lugar en la Sala Chaikovski y fue impulsada por la Fundación Igor Butman.
La agrupación reunió a jóvenes músicos de China, Sudáfrica, Turquía, Kazajistán, Armenia, Uzbekistán, Bielorrusia, Cuba, Nicaragua y Tailandia. El repertorio incluyó obras de compositores rusos adaptadas al lenguaje del jazz.
La participación nicaragüense surgió en el marco de la colaboración cultural entre el Ministerio de Cultura de la Federación de Rusia y el Teatro Nacional Rubén Darío, relación que tuvo entre sus antecedentes la presentación de la Orquesta de Jazz de Moscú, dirigida por Igor Butman, en Nicaragua en enero de 2026.
Para Kendal, recibir aquella invitación significó asumir un reto completamente nuevo.
“Fue algo súper especial, súper increíble, sabiendo que se trata del jazz también. Compartir con músicos de Tailandia, de Rusia, China, Bielorrusia, Armenia y todos músicos increíbles, o sea, era surreal estar ahí y representar a mi país”, relató.
El viaje duró cuatro días. Entre ensayos, presentación y desplazamientos, el joven músico vivió por primera vez la experiencia de integrarse como representante nicaragüense a un proyecto conformado por intérpretes de distintas nacionalidades.
Hasta entonces ya había tenido oportunidades de salir del país para tocar junto a músicos nicaragüenses. Sin embargo, esta experiencia fue diferente: estaba solo como representante de Nicaragua y compartía escenario con jóvenes de un amplio grupo de países.
“Aprendí que tengo mucho que aprender”
Más allá del concierto, Kendal considera que uno de los principales aprendizajes fue comprobar que la formación musical nunca termina.
El nivel de los participantes le permitió identificar nuevos retos y, al mismo tiempo, valorar el talento que existe en Nicaragua.
“Aprendí que tengo mucho que aprender, porque el nivel de esa gente es increíble, súper increíble. Yo me preguntaba: ¿qué hago aquí? Sí, soy músico, pero gracias al Señor que me dio la gracia y el talento y la sabiduría para poder hacerlo bien y que ellos quedaran contentos también”, expresó.
La experiencia también reforzó una de las enseñanzas que Kendal considera fundamentales: la humildad.
A su juicio, salir del entorno habitual permite conocer otras formas de hacer música, descubrir nuevos talentos y comprender que siempre existen conocimientos por adquirir.
“Hay un montón de músicos buenísimos aquí en Nicaragua. Entonces yo creo que, a pesar de que somos un país pequeño, hay talento y potencial. Pero la humildad, pues, la humildad y no ser egoísta, también compartir las cosas que uno sabe”, manifestó.
Más oportunidades para aprender y desarrollar el talento
Durante la entrevista, el joven bajista también valoró la apertura de espacios para la formación artística en Nicaragua.
Señaló que las escuelas de música, talleres y casas de cultura representan oportunidades para que niños y jóvenes puedan acercarse a la educación musical, especialmente porque la formación especializada puede resultar costosa para algunas familias.
En ese sentido, su propia experiencia también refleja el valor del aprendizaje constante y de aprovechar los espacios disponibles para desarrollar una vocación.
Kendal actualmente combina la interpretación musical con la docencia. Toca en la iglesia y dedica parte de su tiempo a enseñar a otros, una faceta que le permite transmitir los conocimientos que ha adquirido durante su recorrido.
Un mensaje para quienes persiguen sus sueños
La experiencia en Rusia también dejó para Kendal una enseñanza que ahora comparte con otros jóvenes: prepararse para las oportunidades sin esperar sentirse completamente listos.
“Hay que estar preparado, estudiar, estar listo para la oportunidad. Nunca hay un momento perfecto, porque si uno se pone a pensar si está listo o no, de repente puede pensar que no está listo. Hay que aventarse”, afirmó.
El joven músico reconoce que, en ocasiones, él mismo dejó pasar oportunidades por pensar demasiado en si estaba preparado. Esta vez decidió asumir el reto y viajar.
Su mensaje combina perseverancia, disciplina, humildad y fe.
“Sean consistentes, persistentes en lo que les gusta, nunca se rindan. Consejo para mí también, no quiero parecer que tengo o que soy el dueño de la verdad y que soy el que va a dar consejos acá, pero siempre pongan en la mano de Dios todo lo que hagan, sus sueños, sus metas y tratar de ser siempre humildes”, expresó.
La historia de Kendal Mejía comienza con un niño que observaba a su padre tocar el bajo y descubría, poco a poco, el sonido que terminaría convirtiéndose en su pasión.
Años después, aquel instrumento lo llevó hasta Ekaterimburgo para compartir música con jóvenes de distintos países y representar a Nicaragua en una plataforma internacional dedicada al jazz.
Su experiencia demuestra que detrás de cada presentación existen horas de estudio, práctica, intercambio y voluntad de seguir aprendiendo. Y, para este joven bajista, el viaje a Rusia no representa un punto final, sino otra etapa en un camino que continúa acompañado por la música.