¿Quién diría? Que aquel niño sin niñez

a un dictador podría enfurecer,

aquel tirano que no arrebató más que tu presencia mortal,

y no entendía que prendía otra llama

a la causa por la que morías.

 

El amor más grande,

viene de la más profunda de las convicciones.

Ya la Revolución recibió tu ofrenda pequeño grillo,

en el crisol inmortal de la gloria

en el que se fundió al lado de los mártires

que bajo el grito de «Patria Libre o Morir»

descansaron con la plena seguridad

de una victoria futura.

 

¿Quién diría? Que aquel niño sin niñez

dejaría de escribir poemas en su cuaderno,

para de mil formas distintas luchar

por la infancia de quienes

aún ni siquiera nacían.

 

¿Quién diría? Que aquel niño sin niñez

marcaría con su tierna voz

el corazón de miles que atento lo escuchasen,

invocaba al más pleno amor

por una Revolución.

 

¿Quién diría? Que aquel niño sin niñez

se inmolaría sin vacilación,

siempre consciente

y siempre valiente.

 

Y aquí estás niño sin niñez,

en la alegría de cada chigüín,

en la libertad de cada chavalo,

en el lápiz de cada estudiante,

en cada victoria triunfante

de esta continua Revolución.

 

Escrito por: Elías Moisés Velásquez Jara