El 1 de febrero de 1872, pasó a la inmortalidad el Héroe Nacional Enmanuel Mongalo y Rubio, quien participó activamente en la defensa de la soberanía nacional y por una Nicaragua libre de invasores yanquis.

A 149 años de su tránsito a otro plano de vida, se conmemora al Subteniente cívico y maestro Enmanuel Mongalo y Rubio, protagonista de la Guerra Nacional de 1856-1857, que se cubrió de gloria en la batalla de Rivas entre fuerzas nicaragüenses y los filibusteros de William Walker.

El 21 de junio de 1834 nació Enmanuel Jeremías Mongalo y Rubio en la ciudad de Rivas. Sus padres, Bruno Mongalo y Francisca Rubio, fueron honestos y bien acreditados miembros de la sociedad rivense.

Sus estudios primarios fueron en Nicaragua y posteriormente se embarcó a los Estados Unidos para continuar su educación. Por ese entonces, el Istmo de Rivas estaba dinamizado por el vaivén de norteamericanos y europeos que de las costas del Atlántico se trasladaban a California, Mongalo, se sintió también atraído y se marchó a San Francisco.

Su estadía en el país del norte fue de pocos años, pues regresó a su natal Nicaragua a estudiar magisterio. Una vez establecido de nuevo en Nicaragua, comenzó a trabajar como docente y escribir libros de texto sobre geografía e historia.

Participación del maestro Enmanuel Mongalo y Rubio en la batalla contra el yanqui invasor

Durante la Guerra Nacional desarrollada entre 1856-1857, el maestro Enmanuel de tan sólo 21 años de edad, se integró a la lucha contra la invasión filibustera.

Con antorcha en mano, el maestro Mongalo y Rubio sin vacilar se deslizó a rastras entre las paredes destruidas de las casas, entró por el corredor de las casas vecinas, incendió las soleras y las cañas del techo. Las llamas llegaron hasta “La Casona” donde se encontraban los filibusteros al mando de William Walker, quienes salieron huyendo, enfrentándose con el destacamento al mando de Jerónimo Leal, quien trató de impedir la huida hacia la hacienda Santa Úrsula.

Los yanquis con bajas humanas y materiales abandonaron la ciudad de Rivas y se dirigieron a San Juan del Sur. Lo que significó una victoria para las tropas nicaragüenses en la Batalla de Rivas el 29 de junio de 1855.

En honor y reconocimiento a su heroica participación en la histórica Primera Batalla de Rivas, fue declarado Héroe Nacional, por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de la República de Nicaragua el 20 de octubre del año 1982, mediante el Decreto Ejecutivo N.º 1123, publicado en La Gaceta, Diario Oficial N.º 251 del 27 de octubre de 1982.

Su acto de valentía es recordado hoy por el pueblo nicaragüense, como un ejemplo de patriotismo ante la invasión filibustera.

Sus restos reposaron durante muchos años en la Iglesia La Merced de Granada, habiendo sido exhumados y trasladados simbólicamente a la ciudad de Rivas el 29 de junio de 1970, porque la tumba contenía únicamente sus cenizas las cuales fueron colocadas al pie de un monumento erigido en su memoria, en la calle Mongalo.

El 29 de junio fue consagrado por el Congreso Nacional de Nicaragua mediante Decreto Legislativo N.º 692 del 3 de abril de 1978, como Día del Maestro Nicaragüense, en homenaje al maestro y héroe.

Mongalo, el defensor de la soberanía de Nicaragua

A continuación, te compartimos un fragmento del libro Crónicas y Comentarios, texto conmemorativo del primer centenario de la Guerra de 1856- 1857, en donde se resalta el sacrificio, abnegación y civismo del maestro Enmanuel Mongalo y Rubio:

“¿Quién inspiró a Emmanuel Mongalo a levantar su brazo olímpico en aquel cuerpo joven y endeble que era el suyo, contra los que, sin motivo alguno, atropellaban su heredad, en una brutal conquista, a sangre y fuego, de nuestra libertad, nuestra lengua y nuestra religión, realizando el hecho de un incendio en la casa en que se habían guarnecido los bucaneros, que, deshechos en gran parte y acosados por el humo del edificio incendiado, se vieron obligados a salir a campo descubierto, sufriendo otras cuantas bajas, y salir huyendo rumbo a San Juan del Sur, horrorizados por la tea, la bayoneta, el machete y el puñal de los nativos? Sólo por la patria fue posible todo aquello, en la escala del valor personal y colectivo.”

“La santidad del heroísmo, de ese heroísmo en el cual no obra ningún motivo económico, próximo o remoto, obró en Mongalo, accionó en Mongalo y triunfó en Mongalo. En Emmanuel Mongalo, hubo el pensamiento de acabar con aquel grupo de extranjeros armados que hollaban el suelo de la patria y mataban con armas del demonio a los hijos de esta tierra; es decir, la patria, que es espíritu y es idea y es amor y plenitud de plenitudes, había surgido, latido, hablado, gritado, en el humilde maestro de escuela, hasta el heroísmo de la virtud, al lado de los mal armados, enflaquecidos, hambrientos y descalzos soldados nicaragüenses.”

“¿Quién ejecutó el hecho, desviando las balas del enemigo? Este argumento no tiene vida, porque es mortal y suicida y a la vez, tonto. Con tal manera de pensar, ¿qué diríamos de Judit salvando a Betulia con la cabeza de· Holofernes, desprendida de un solo tajo, mientras el malvado conquistador; borracho, dormía sobre los plumales de sus victorias?”

“Mongalo armó su brazo, dirigió sus pasos y prendió fuego a la casa de Espinosa, que servía de mamparo a los rifleros yanquis, quienes, con cada cartucho disparado, se llevaban al hilo dos y más vidas nicaragüenses, sin locura, sin aparato, sin ruido, en el silencio rojo de aquella tarde de muerte, y, a la vez, de redención por lo que él hacía. Atrás, el presente de la facción que representaban del Bosque, Mongalo y demás patriotas. Atrás la idea nociva de ver en ellos legitimistas contra democráticos. Atrás, la intención de echar tierra partidarista a aquellos: hechos memorables. Atrás, el mal pensamiento de quererensuciar la limpia ejecución de Mongalo. Atrás toda rencura del alma, en un hecho que lleva en sí, el nombre de: la Patria”.

Fuente: Crónicas y Comentarios. Comisión de Investigación Histórica de la Campaña 1856-57, 21 de marzo de 1956.