Dr. Paul Oquist,
Jefe de la Delegación de Nicaragua
Ministro-Secretario Privado de Políticas Nacionales
Presidencia de la República de Nicaragua

Muchas gracias, Señora moderadora.

El mundo se enfrenta ahora simultáneamente a la pandemia COVID-19, los largos encierros, la Gran Depresión 2020, la creciente desigualdad extrema y el inicio de la Segunda Guerra Fría. Durante la Gran Depresión, el entonces Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt advirtió: “Lo único que tenemos que temer es al miedo en sí mismo”. En 2020 el miedo se ha vuelto viral y la confianza en el futuro se ha convertido en desesperación.

Si en el decenio de 2020 todo lo que contemplamos son brotes recurrentes de COVID-19 y cierres patronales, la caída del PIB, el aumento de la desigualdad como el de Jeff Bezos que gana 43.000 millones de dólares en 4 meses, mientras que en el mismo período 56 millones de trabajadores estadounidenses solicitaron por primera vez el seguro de desempleo, la depresión se convertirá en algo tanto económico como de la psique colectiva. En este abismo los consumidores gastarán muy poco, los inversores invertirán muy poco y la economía se recuperará muy lentamente.

Debemos recordar que la recuperación de la Gran Depresión requirió una importante redistribución con el seguro de seguridad social y sólo terminó con la Segunda Guerra Mundial. También debemos recordar que la Larga Depresión del siglo XIX, que duró 20 años y terminó en 1890, requirió leyes antimonopolio en los Estados Unidos que se enfrentaron a los intereses económicos más poderosos de la época: Los monopolios del petróleo de Rockefeler, del acero de Carnieges y los ferrocarriles de Harriman. Deberíamos aprender de estas experiencias que:

La recuperación requiere reavivar la ESPERANZA y la CONFIANZA EN EL FUTURO.

Una forma de lograrlo es que la comunidad internacional se comprometa a construir una sociedad de cero emisiones netas para el 2050. Esto nos daría un objetivo de desarrollo internacional congruente con los SDG que permitiría evitar las peores consecuencias del Cambio Climático, que lamentablemente serían aún peores que las de COVID-19.

Además de la AOD ordinaria y la financiación para el clima, los países en desarrollo también necesitan una financiación de emergencia que sea a la vez urgente y de efecto inmediato.

A nivel internacional, se pueden adoptar inmediatamente dos medidas que son autodesembolsables. Una sería seguir el llamamiento del Secretario General António Guterres para que los países que aplican medidas coercitivas y unilaterales cesen y desistan inmediatamente de sus acciones ilegales que afectan a más de 30 países con más de 2.000 millones de personas. La aplicación de estas medidas en tiempos de pandemia eleva su ilegalidad al nivel de crimen de lesa humanidad, según el literal k numeral 1, artículo 7 del Estatuto de Roma.

La segunda medida es el alivio de la deuda de los países en desarrollo, al menos en el período comprendido entre 2020 y 2024. Es mejor para todos que se condone la deuda durante estos cuatro años como parte de la solución, evitando una prolongada cadena de incumplimientos de la deuda soberana como parte del problema.

Muchas gracias, Señora moderadora.

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