Compartimos con nuestros lectores, el artículo titulado, ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE! Contra el fascismo imperial y el terrorismo inhumano: ¡lucha y victoria popular! escrito por Francisco Javier Bautista Lara.

A continuación, el artículo completo:

En homenaje a los policías caídos en defensa del bien común
No, no dejéis al odio que dispare su flecha,
llevad a los altares de la paz miel y rosas.
Rubén Darío (Pax, 1915).
Por sus obras los reconoceréis (Mateo, 7:16).

El fascismo es una inhumana creación de la primera mitad del siglo XX cuyos rostros más visibles y terribles fueron Hitler y Mussolini y, aunque extinto en su naturaleza original, prevalecen los rezagos de esa retrógrada huella de exterminio. El neofascismo contemporáneo ha heredado los rasgos de promotor de odio y violencia, de discriminación y exclusión, a partir de una visión elitista y arrogante, sustentada en la convicción de superioridad hacia otros por su origen racial, étnico, cultural o social impulsa la destrucción y el ensañamiento, apela a bajos instintos y exacerba emociones negativas para provocar reacciones irracionales e impulsivas, proscribir la razón y alimentar el miedo hacia los otros y hacia amenazas inexistentes creando realidades ficticias a partir de manipular la información y las imágenes, influyendo en la mente y en el comportamiento humano con oscuros fines hegemónicos de sometimiento y dependencia.

Uno de los primeros ideólogos del fascismo fue el engreído poeta, político y militar italiano, Gabriele D’Annunzio. Durante la I Guerra Mundial lanzaba desde el cielo, después de las bombas del aviador, agitados poemas nacionalistas. Todas las mañanas D´Annunzio arengaba por la radio al ejército con lenguaje poético, exaltado patriotismo y tono mesiánico. Mientras el autor de Cantos de vida y esperanza y Pax, de convicción pacifista, iniciaba (fines 1914, Nueva York), una ilusa campaña que clamaba por la paz. Darío lo admiró, aunque fue opuesto a la inclinación bélica del poeta italiano. En 1900, al verlo en las oficinas del Giorno, quiso acercársele, pero el guía que lo acompañaba, lo desaconsejó: —Sería imprudente. Ni como periodista ni como poeta quedaría usted satisfecho. Es un hombre demasiado esquivo y lleno de sí mismo. Darío percibió su arrogancia y evitó acercarse. Era lo opuesto al poeta centroamericano quien tuvo el privilegio de la sencillez, la simplicidad en la grandeza y un inalterable compromiso de paz. He aquí los rasgos visibles del fascismo, por muy enmascarado que parezca: arrogante, violento y belicista, con sentido de superioridad y propósito de exterminio.

El fascismo, como “forma moderna de poder autoritario”, cuyo origen se identifica en Italia (1919), pretende, desde el poder de las élites capitalistas de derecha, aglutinar, con un eje nacionalista, a los sectores populares, anulando su identidad y la capacidad de razonar para utilizarlos como instrumento de preservación hegemónico. Es subversivo y reaccionario desde una minoría supremacista frente a las ideas comunistas de la lucha de clases y por la conquista del poder. Según Gramsci (1920), es expresión de la “crisis moral de la burguesía” convulsionada después de la Guerra Mundial y del triunfo de la Revolución de Octubre, es la contraofensiva de las clases dominantes y oligarcas, quienes, al perder el consenso y la capacidad dirigente, se limitan a dominar a través de la fuerza, para manipular, absorber y suprimir la lucha política de los trabajadores. El filósofo italiano percibe el peligro trágico de la idea de “espacio vital” (1916) y sintetiza la crisis con la frase: “lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”.

La expresión más brutal y descarada ocurrió en la nueva etapa del fascismo imperial que inicia a mediados del siglo pasado, -al fin de la II Guerra Mundial (2.9.1945), conflicto que mostró la devastación del fascismo europeo y la expansión imperialista-, fueron las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó de manera inmisericorde y desproporcionada contra Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto, 1945), provocando terror y aniquilación masiva (120 mil muertos y 130 mil heridos), y cuyo acto terrorista ha quedado en impunidad a pesar de ser un crimen de guerra, el más grave delito de lesa humanidad de la historia humana.

El neofascismo activa todos los miedos para seguir instalando la globalización que anule las identidades, para fortalecer a la ultra derecha elitista, institucionaliza y legitima la opresión en la dependencia con la retórica del odio racista y antiinmigrante, en contra de pueblos originarios, indígenas, afrodescendientes y sectores vulnerables, marginaliza y aumenta la pobreza, fortalece el sentido de supremacía de Estados Unidos y Europa frente a las naciones del mundo convirtiéndose en un imperialismo fascista que utiliza el poder mediático, atropella el derecho internacional ajustándolo a su medida para imponer su voluntad, despliega agresiones, amenazas y sanciones unilaterales contra quienes hacen las cosas de manera distinta, proliferan las acciones terroristas para doblegar, desestabilizar, socavar y ahogar la soberanía e independencia de quienes pretenden avanzar y construir desde el derecho irrenunciable de autodeterminación.

El neofascismo es terrorista. Terrorismo y fascismo alcanzan formas imperialistas para hegemonizar e imponer la decadente unipolaridad frente al inminente avance del mundo multilateral y multipolar en donde pierden predominio político, militar, comercial, económico y tecnológico, en un nuevo orden mundial que se abre paso acelerado y de manera traumática, ante el viejo ordenamiento internacional, en cuyo contexto sus actores claves, junto a sus instrumentos locales y transitorios, sacan sus garras para difundir miedo, odio y destrucción fascista, junto al terrorismo de múltiples manifestaciones mediáticas, económicas, políticas y criminales que aterroriza y justifica las caricaturas de la mentira y la teatral ficción en foros e instancias internacionales desnaturalizadas.

El escritor francés pronazi Maurice Bardèche (1907 – 1998), se refiere a la sobrevivencia del fascismo después del siglo XX con “nuevo ropaje metapolítico”. Es la estrategia del disfraz para ganar aceptación mediante la cooperación con otros grupos políticos y ser “parte del sistema democrático”. Desde fines del siglo XX, al concluir la guerra fría, sin importar nombre ni símbolos, la derecha y ultraderecha occidental, europea y norteamericana, han copado espacios relevantes nacionales e internacionales constituyendo una ola neofascista frente a la decadente pérdida de supremacía global capitalista, imperial y colonial.

Las descaradas cúpulas neofascistas, junto a sus enclaves locales se suscriben, desde la auto calificación elitista de superioridad cultural, eurocéntrica, anglosajona, blanca, excluyente y oligarca, a la preservación del poder, al control global unipolar y a la descalificación destructiva del resto, a menos que “esos”, que para ellos no son más que “los otros”, se sometan y acaten sus mandatos, para imponer su verdad y hacer prevalecer el control imperial y neocolonial.

Un componente principal de actuación de las cúpulas neonazis es el terrorismo, ejercer la violencia de viejo y nuevo tipo, local y global, a través de instrumentos diversos para aterrorizar y doblegar por miedo o escasez, utilizando diversos mecanismos de los estados expansionistas, manipulando instrumentos internacionales, para bloquear la economía y los suministros, incluso los fundamentales para la salud, constituyen acciones inhumanas violatorias al derecho internacional, sancionar y agredir de manera unilateral fuera de cualquier proceso legítimo a persones, instituciones y naciones, es terrorismo psicológico y material para obligarlos a actuar y decidir conforme sus intereses, para derribar la dignidad personal y colectiva, fracturar la autodeterminación de los pueblos, desestabilizar y crear estructuras políticas y económicas acordes al interés externo, congruentes con la política de sometimiento para explotar los recursos naturales y humanos, ocupar el espacio geopolítico para dominio territorial.

El imperialismo contemporáneo es fascista, el fascismo imperialista utiliza el terrorismo para atacar y destruir por lo que, no solo está derribando las bases del derecho internacional, sino que cava su propia tumba, al extinguir el viejo orden mundial da cabida, no sin traumáticas consecuencias, a la confirmación de un nuevo orden mundial multipolar y plural para la existencia y sostenibilidad humana en nuestra casa común frente a la vocación destructiva del decadente modelo. La evolución del neofascismo es el terrorismo como uso sistemático del terror para imponer la dominación por miedo. Maquiavelo, en El príncipe (1532), escribió: “es más seguro ser temido que amado”. Cuando no hay argumentos ni razón, prevalece el instrumento del terror contra las naciones soberanas y sus ciudadanos, es el terrorismo fascista del estado agresor.

Se atropella el derecho internacional, condición fundamental para la prosperidad colectiva, la convivencia y la paz mundial, cuando se usurpan las reservas y recursos de una nación independiente depositadas al amparo de la ley fuera de sus fronteras (¿Quién confiará en el sistema monetario internacional?); cuando se ejerce piratería contra barcos y aviones que transportan bienes comerciales de propiedad legítima; cuando se bloquea el comercio, se embarga, se prohíbe el intercambio comercial desde la decisión unilateral autoritaria de una potencia imperial o colonial, (¿Cómo confiar en las reglas del comercio internacional?); cuando se sanciona a particulares, instituciones y naciones de manera arbitraria, cuando se imponen títeres y se reconocen investiduras de ficción ponen en ridículo las bases de la democracia globalmente aceptada que pregonan (¿Qué esperar del ridículo comportamiento y del límite de la política internacional?); cuando cúpulas del poder imperial-colonial se atribuyen la facultad de calificar, juzgar y condenar por decisión autoritaria-fascista (¿Qué esperar de la abusiva extralimitación imperial en la solución de conflictos y preservación de la paz?); cuando se presiona y condiciona a representantes de naciones independientes para que se alinean a la decisión imperial (¿Dónde queda la soberanía de los estados?); cuando el derecho internacional, algunos foros internacionales y multilaterales se utilizan como dóciles instancias de la decisión unipolar (¿A qué atenernos ante los mecanismos internacionales que se deslegitiman?); entonces, cuando es evidente que eso ocurre, la decadencia imperialista es fascista y terrorista.

Las naciones que avanzan con dignidad, desde su autodeterminación, en la construcción de su modelo político, social y económico por el bien común para atender las necesidades de prosperidad de sus ciudadanos y son blanco de desmedidas campañas de odio, desinformación y agresión, para confrontar y desestabilizar, sembrar miedo y violencia, para ahogar y someter desde alguna potencia extranjera y sus adeptos que financian a personas y órganos internos para provocar conflictos, para inventar escenarios irreales y comprar adeptos, utilizar traiciones y manipular inconformidades, son víctimas de agresión imperialista fascista y terrorista.

Para la derecha fascista-imperialista-colonial, nunca han sido los procesos electorales ni la institucionalidad democrática la preocupación real. Solo defiende resultados, -independiente de arbitrariedades-, cuando imponen al candidato de su elección que responde a intereses de dependencia. Resultados que afirman la voluntad popular por opciones revolucionarias y progresistas para prosperar con equidad y solidaridad, por la independencia y la soberanía, son rechazados, descalificados y desconocidos, recurren a maniobras sutiles y descaradas para desestabilizar. Esa es la moral neofascista de la sinrazón, de mentira, miedo y odio.

Cuba siempre heroica de Martí, Fidel y el Che es el ejemplo más duradero de dignidad y resistencia popular frente a la desmedida e inhumana agresión imperialista-fascista-terrorista que impone una base militar en Guantánamo y un férreo bloqueo que evidencian el atropello el derecho internacional.

En la República Bolivariana de Venezuela, el 11 de abril de 2002, hace dos décadas, las cúpulas empresariales, de los medios de comunicación, militares y religiosas se confabularon bajo el mandato de Estados Unidos para provocar un golpe de estado fascista contra el presidente constitucional, secuestrarlo y asesinarlo, pero, esa nefasta acción criminal fue frustrada por la arrolladora movilización popular que restableció el hilo constitucional en la patria de Bolívar, reinstalando, dos días después, al líder de la Revolución, presidente Hugo Chávez. Frente al fracaso fascista e imperial, la maquinaria externa e interna de la ultraderecha no ha cesado de activar los conocidos métodos de agresión, bloqueo y desestabilización expandidos por un descomunal show mediático que se desvanece frente a la verdad y la dignidad popular bolivariana.

En noviembre de 2019, en el Estado Plurinacional de Bolivia, el presidente constitucional, quien resultó electo para un nuevo periodo de gobierno, fue objeto de un golpe de estado político-militar-empresarial, bajo tutela norteamericana, complicidad de la OEA y otros, que rechazaban el voto popular e impusieron a un gobierno fascista de transición que desencadenó una oleada de persecución e intimidación para desmontar las conquistas de la próspera gestión del Movimiento al Socialismo que lideró profundos cambios que dignificaron a la pluricultural nación bolivariana. A pesar de la desinformación y la agresión neofascistas, la democracia popular volvió a imponerse y el MAS retornó al poder con una contundente victoria en las elecciones de octubre de 2020.

En Nicaragua, transcurridos diez años de la nueva etapa de la Revolución (2007-2017), con exitosos resultados socioeconómicos y políticos que mejoraron las condiciones de vida de los nicaragüenses restaurando derechos, con crecimiento económico y estabilidad macroeconómica, acceso a salud, educación, seguridad social, servicios básicos y vivienda, ampliación de la infraestructura vial y social, solidez de la seguridad ciudadana y otros, entre los indicadores más favorables de América Latina, asunto que incómodo a la oligarquía nacional que, aunque oportunista, perdía hegemonía y a la derecha fascista imperial por el auténtico modelo político de autodeterminación que obtenía éxitos indiscutibles, lo que constituía un mal ejemplo de prosperidad popular y social, entonces, crearon mecanismos artificiales, con entidades sociales, religiosos y empresariales, que se confabularon para impulsar, bajo financiamiento norteamericano y de otros, con fines de injerencia y agresión, desencadenando, desde fines de abril hasta inicios de julio 2018, un intento de golpe de estado que se sustentó en desinformación y odio para desmontar la institucionalidad democrática, derribar los espacios públicos, generar miedo, fractura social y violencia desmedida, proscribir la razón, activar instintos y emociones negativas, típica actuación fascista con irracional expresión de odio, saña y comportamiento destructivo.

Frente aquellos inesperados hechos que desbordaron los tentáculos externos con complicidades locales, la manipulación y confusión de otros, la orquestada red global para callar la verdad y hacer prevalecer lo que el instrumento provocador creaba y difundía, ante el fracaso del diálogo que evidenció las intenciones golpistas del improvisado liderazgo sin sustento democrático, hubo una decisión institucional y política que el tiempo ha confirmado como pertinente: no solo el Ejército de Nicaragua no intervino, ni fue declarado un estado de excepción que suspendiera garantías y derechos, sino que, para prevenir las provocaciones que desencadenaran mayores daños humanos, las fuerzas de Policía fueron internadas en sus delegaciones, los simpatizantes sandinistas, a pesar de ser víctimas de agresión, ofensas y amenazas, fueron llamados a permanecer en calma sin movilizarse ni reaccionar ante la intentona golpista que se desvanecía deslegitimada. Mientras tanto, aquellos grupos exacerbados ocuparon algunos espacios públicos, mostrando sus nefastas intenciones, desbordaron en vandalismo, secuestro y múltiples agresiones contra personas e instalaciones. Fueron evidentes los rasgos neofascistas de los golpistas. Los sandinistas reclamaban pacientes ante la urgencia de defenderse y sofocar por la fuerza de la movilización popular a los provocadores, mientras prevalecía la serenidad institucional frente a los delictivos acontecimientos de odio vandálico.

Los provocadores se desgastaron por sus posiciones golpistas intransigentes, por las múltiples muestras de destrucción, lo que los dejó fuera del espacio político cívico legítimo, de tal manera que algunos grupos opositores se autoexcluyeron, algunos personajes se mostraron cómplices de la agresión externa, no solo por recibir fondos irregulares, sino por acatar instrucciones y convertirse en voceros de potencia extranjera, y más allá, clamar por intervención, injerencia y sanciones, en un evidente comportamiento antipatriótico, delictivo y violador del estado de derecho. Reducidos a su mínima expresión perdieron apoyo de la gran mayoría de ciudadanos de buena voluntad, a pesar de ser envalentonados por los artífices de la política fascista imperial quienes vieron cómo sus títeres de turno fracasaban ante la resistencia popular y la fortaleza institucional.

La respuesta del gobierno constitucional de Nicaragua fue recurrir, frente al fracasado golpe, a los mecanismos institucionales y al marco jurídico. Restablecer, a través de la Policía Nacional el orden interno, restaurar la libre movilización interrumpida por “tranques de la muerte” y después, al prevenir los riesgos de la confrontación social, movilizar a las personas comprometidas con el rumbo cívico y patriótico, para recuperar las calles y que nunca más sean arrebatados, porque las calles y plazas, los espacios públicos e institucionales, han sido conquistados por la lucha del pueblo nicaragüense, son patrimonio popular. A pesar de la acción penal frente a los delitos cometidos que pretendieron coartar la esperanza hacia la prosperidad, a pesar de la puerta de reconciliación anunciada: “perdón y no repetición”, algunos grupos, y en particular, quienes estaban comprometidos con financiar, organizar y dirigir el provocador plan, persistieron en su actitud criminal y, por el bien común, conforme al estado de derecho, esa minoría irredenta y perturbadora debería responder por sus actos ante las instancias penales para proteger la paz, la convivencia, la solidaridad y la prosperidad según el camino iniciado con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista del 19 de julio de 1979, para que nunca más Nicaragua sea colonia extranjera, para que siempre seamos constructores de nuestro propio destino.

Frente a la arrogancia fascista: solidaridad y fraternidad. Frente a la agresión y los golpes fascistas: dignidad y lucha popular. Frente al bloqueo fascista: creatividad y compromiso. Frente a la mentira, la manipulación, el odio y el miedo: la razón, la verdad y la movilización popular. Frente al neofascismo contemporáneo: respeto al derecho internacional y esperanza siempre. Ante el terrorismo mediático, económico, político e internacional: soberanía, independencia, dignidad y la inquebrantable verdad popular.

Como dijo el Che Guevara: ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!
Managua, Abril Victorioso 2022.