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Diario Barricada
Hechos históricos

205 años de la firma del Acta de la Independencia

Bryan Dávila
Bryan Dávila 15 de septiembre, 2026 • 7 min de lectura

“Esta Patria donde caminamos todos los días, haciendo valer esa Independencia que perseguimos, que en teoría alcanzamos hace 200 Años, y celebramos el inicio de un Camino hacia la verdadera y definitiva Independencia. Ese Camino de Valores. Ese Camino de Honra. Ese Camino de Nobleza. Ese Camino que és de Luchas y és de Victorias… Independencia, Soberanía, Dignidad !”

Compañera Rosario Murillo

Copresidenta de Nicaragua

02 de julio 2021

El 15 de septiembre de 1821, en la ciudad de Guatemala, los entonces representantes de la Capitanía General de Guatemala, hoy Centroamérica, proclamaron la separación política de España a través de un documento que ha pasado a llamarse el Acta de la Independencia de Centroamérica. Esta fecha ha sido incorporada al panteón heroico centroamericano y se celebra hasta los tiempos actuales con desfiles y actos oficiales que recuerdan esta gesta y a sus próceres, aunque su significado histórico debe comprenderse como el inicio de un camino largo, contradictorio y todavía vinculado a las luchas por la verdadera independencia de nuestros pueblos.

En Nicaragua celebramos esta fecha con la claridad histórica de que el 15 de septiembre de 1821 se inició el proceso de la independencia de Centroamérica y que sus protagonistas principales fueron los peninsulares y criollos ricos de la ciudad de Guatemala, quienes actuaron con el objetivo de impedir un movimiento separatista radical y de corte popular. Esto lo dejaron explícito en el Artículo 1 del Acta de la Independencia:

“Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político, la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo».

Antecedentes – movimientos preindependentistas en Centroamérica

En 1808, Napoleón Bonaparte invadió España e impuso a su hermano José Bonaparte en el trono. Los criollos de las entonces colonias españolas en lo que hoy es América Latina aprovecharon este hecho para impulsar movimientos juntistas que, en principio, desconocían a Bonaparte como rey de España y reclamaban la legitimidad de Fernando VII; sin embargo, también plantearon reformas que limitaran el poder absolutista de la monarquía española. En ese contexto se destacaron Simón Bolívar en Nueva Granada, José de San Martín en el Río de la Plata, e Hidalgo y Morelos en México.

Centroamérica, aunque de forma tardía, no fue ajena a esta oleada, y entre 1811 y 1812 se dieron estallidos en San Salvador, León, Rivas, Granada y Masaya, sustituyendo a las autoridades españolas por criollos de las localidades y levantando demandas como la abolición de la esclavitud, la reducción de los tributos impuestos a los pueblos originarios y la disminución de los monopolios y alcabalas. En Nicaragua destacaron las acciones anticolonialistas del criollo José Gabriel O’Horan, así como la deposición de autoridades realistas en León y Rivas.

Estas acciones fueron mediadas por el obispo realista Nicolás García Jeréz, mientras se solicitaba apoyo militar proveniente de Cartago, San Salvador y Honduras, el cual ingresó a territorio nicaragüense en marzo de 1812 con alrededor de 1,000 efectivos. Los principales enfrentamientos se dieron en Granada, donde a la cabeza de este movimiento estaban los criollos ricos Manuel Antonio de la Cerda y Juan Argüello, acompañados por una amplia participación de mestizos, indígenas y capas medias de la población, que sumaban entre 400 y 600 milicianos provenientes de los barrios mestizos y pueblos indígenas de los alrededores.

En 1812, los rebeldes granadinos resistieron el sitio realista y lograron un acuerdo que prometía indulto y respeto a la ciudad a cambio de entregar las armas y jurar lealtad a Fernando VII. Sin embargo, las autoridades españolas incumplieron lo pactado, en 1813 procesaron a más de 200 personas, confiscaron bienes y castigaron a sus principales dirigentes. Aunque la restauración absolutista intensificó la represión, estos hechos no apagaron el despertar político de los pueblos, que continuó expresándose en nuevas acciones como la Conjura de Belén de 1818, antecedente del camino hacia la independencia definitiva.

Estos antecedentes muestran que la independencia centroamericana no surgió de manera repentina en 1821, sino que fue precedida por una acumulación de tensiones sociales, demandas populares y disputas políticas que fueron preparando el terreno para la ruptura formal con España, aunque esa ruptura no significara de inmediato la transformación profunda del orden colonial.

El acta del 15 de septiembre de 1821

En 1821, mientras la llama independentista se extendía por América Latina, Centroamérica vivía una aparente calma que se rompió con el impacto del Plan de Iguala en México. La adhesión de ciudades de Chiapas al proyecto mexicano presionó a las élites criollas y autoridades peninsulares de Guatemala, quienes convocaron el 14 de septiembre de 1821 una reunión para decidir la continuidad o separación de España. Así, el 15 de septiembre se proclamó la independencia centroamericana, redactada por José Cecilio del Valle, más como una medida para evitar una movilización popular radical que como una ruptura profunda del orden colonial. En Nicaragua, la noticia llegó el 29 de septiembre y las autoridades locales respondieron con el Acta de los Nublados, manteniendo el poder existente hasta que se aclarara la situación.

Como vemos, la independencia proclamada en 1821 no tuvo como fin una transformación profunda de la sociedad, ni siquiera un cambio de poder, no se buscó el bien pleno de la comunidad ni la incorporación real de los pueblos originarios, campesinos y sectores populares, sino asegurar que los criollos ricos ocuparan el lugar político que antes ejercían los peninsulares.

Estas élites, que se convertirían en la oligarquía en Nicaragua, gobernaron nuestro país durante el siglo XIX y XX y, con la venia de Estados Unidos, sostuvieron un modelo de dependencia política y económica que sería desplazado del poder el 19 de julio de 1979, fecha en la que, desde esta lectura histórica, logramos avanzar hacia nuestra independencia plena, bajo la bandera del sandinismo que defiende el azul y blanco de la Patria.

A 205 años de la firma del Acta de la Independencia de Centroamérica, recordamos el largo y tortuoso camino que nos ha costado alcanzar nuestra independencia, así como las altas aspiraciones de unidad centroamericana, soberanía, autodeterminación y dignidad que siguen dando sentido a esta conmemoración. Por eso, al mirar el 15 de septiembre, reafirmamos la continuidad de una lucha histórica por una Patria libre, soberana y verdaderamente dueña de su destino.

“Fueron largos años para llegar a la Independencia, a la Declaración de Independencia del 15 de Septiembre hace 200 años, y 300 años de lucha para llegar a esa Declaración de Independencia; es decir, en total 500 años de lucha para forjar la Autodeterminación, la Independencia de nuestros Pueblos.”

Comandante Daniel Ortega,

Copresidente de Nicaragua

15 de septiembre de 2021

Reeferencias Bibliográficas

Rafael Casanova (2013) Bordes Ocultos, el entretejido de nuestra historia. https://lonoescritoblog.wordpress.com/wp-content/uploads/2013/07/bordes-ocultos-en-el-entretejido-de-nuestra-historia.pdf

La Gaceta Sandinista. Movimientos Preindependentistas e Independencia de Centroamérica (1821-1823). https://gacetasandinista.com/wp-content/uploads/2023/12/MI-UII-TV-Movimientos-preindependentistas-e-independencia-de-Centroamerica.pdf