“El primero de julio del año 1927 desde San Albino, nuestro General Sandino ahí dio a conocer el Manifiesto de San Albino, en donde claramente decía que Nicaragua está dispuesta a dar la batalla por la libertad, por la soberanía, por la dignidad, aún ante las fuerzas más poderosas como eran las fuerzas del imperio yankee, que ya estaban ocupando a Nicaragua y a las cuales se estaría enfrentando nuestro General Sandino”
Comandante Daniel Ortega, 01 de julio 2022
Este primero de julio, el pueblo nicaragüense conmemora 99 años de un acto de rebeldía y heroísmo que no solo definió el destino de Nicaragua, sino que marcó el nacimiento de un pensamiento de liberación para los pueblos de América Latina y el mundo. El 01 de julio de 1927, desde las montañas de Nueva Segovia, el General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino, no solo emitió un documento político, proclamó un código de conducta y una hoja de ruta para la verdadera soberanía nacional. Al revisar este texto fundacional, nos encontramos ante una dualidad que resulta vital para los nicaragüenses, por un lado, la integridad moral inquebrantable del hombre y la mujer que surge del pueblo por el otro, una visión estratégica de nación que, casi un siglo después, mantiene una vigencia que desafía a los imperios.
Al revisar este texto fundacional, nos encontramos ante una dualidad que resulta vital para los nicaragüenses, por un lado, la integridad moral inquebrantable del hombre y la mujer que surge del pueblo por el otro, una visión estratégica de nación que, casi un siglo después, mantiene una vigencia que desafía a los imperios.
La Ética del pueblo frente a la Traición Oligárquica
La fuerza del Manifiesto de San Albino radica, en primer lugar, en su autoridad moral. Sandino no se presenta como un caudillo político tradicional, ni como un intelectual de papel, se presenta como lo que era y sigue siendo un trabajador, un artesano, alguien que conoce el valor del sudor y la tierra. Su crítica hacia los traidores es directa porque nace de la profunda herida que provocaron en el alma de la patria tras la traición del “Espino Negro”, donde los yanquis y los traidores firmaron una paz de mentira que era, en realidad, una rendición cobarde y sin escrúpulos.
El General fue implacable al retratar a los pusilánimes de su época, a aquellos que, por ambición, entregaron la dignidad nacional a los marines invasores. Sandino entendía que la traición a esta tierra, a este pueblo, no era un error político, sino un crimen moral. Al respecto, el General escribió “Soy trabajador de la ciudad, artesano como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y la ajena sangre”.
Esta declaración no es una simple filosofía, es una advertencia. Sandino marca una línea divisoria infranqueable entre quienes sostienen su lealtad con el pueblo y quienes, como Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro y Moncada, se vendieron al mejor postor. La traición de estos personajes, que “arrancaron del asta la bandera que nos cubría a todos los nicaragüenses”, no fue solo una pérdida de territorio, sino un despojo de la identidad nacional.
Como jóvenes, hombres, mujeres, trabajado@s, estudiantes, campesinos y demás que nos encontramos en la trinchera actual, debemos comprender que la lección de San Albino sobre la ética no ha caducado. El General nos enseñó que la dignidad es el pilar de la soberanía. Si el nicaragüense, pierde su integridad, pierde el derecho a representar al pueblo. Sandino desafió a los pesimistas y a los cobardes, a quienes desde la comodidad de la oligarquía juzgaban su “insignificancia”. Su respuesta fue un estruendo que aún resuena “El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído”.
Esta ética es el antídoto contra la corrupción de principios. Sandino no buscaba poder para sí mismo, buscaba redención para los oprimidos. Al denunciar a los traidores que “aún quieren tener derecho a gobernar esta desventurada patria, apoyados por las bayonetas y las Springfield del invasor”, el General dejaba claro que no puede haber patria soberana con líderes entreguistas. Él juzgó a Moncada ante la historia, no solo por su falta de deber militar, sino por el descaro de haberse unido por debajo de la mesa al enemigo, rompiendo la sagrada confianza del pueblo.
Un Proyecto de Nación soberana
El Manifiesto de San Albino es un programa de gobierno, una propuesta económica y un plan de desarrollo nacional. Sandino no solo quería expulsar al invasor, quería construir una Nicaragua que no fuera empresa de nadie. La mina de San Albino, donde hoy quedan las huellas de aquel tiempo como un museo a cielo abierto, fue el escenario donde germinó esta visión que hoy nos parece asombrosamente moderna y que junto a nuestros co presidentes el Comandante Daniel y la compañera Rosario, venimos cumpliendo y haciendo realidad.
En el manifiesto, Sandino plantea una visión globalista, “El mundo sería un desequilibrado permitiendo que sólo los Estados Unidos de Norte América sean dueños de nuestro Canal, pues sería tanto como quedar a merced de las decisiones del Coloso del Norte, de quién tendría que ser tributario”.
Esta postura nos enseña que el antiimperialismo no significa rechazo al desarrollo, sino rechazo a la servidumbre. El General propone un modelo donde la construcción del Canal se hiciera “con capital de todo el mundo y no sea exclusivamente de Norte América, pues por lo menos la mitad del valor de las construcciones deberá ser con capital de la América Latina y la otra mitad de los demás países del mundo que desean tener acciones en dicha empresa”.
Esta visión es profundamente audaz. Sandino no pedía limosnas, exigía un espacio justo en la economía mundial, donde Nicaragua fuera un socio respetado y no un patio trasero. Aspiraba a que, con los ingresos justos por esta obra, el país pudiera “cruzar de ferrocarriles todo nuestro territorio y educar a nuestro pueblo en el verdadero ambiente de democracia efectiva”. El General comprendía que la soberanía económica es la única garantía de la soberanía política. Sin recursos propios, sin control sobre nuestras riquezas, la independencia es una ficción. Esta visión de Sandino es la que hoy vemos reflejada en los esfuerzos por diversificar alianzas, buscar mercados alternativos y fortalecer la inversión nacional bajo nuestros propios terminos como nacion soberana.
La Vigencia de una Lucha sin Claudicaciones
Al leer estas líneas a 99 años de distancia, no podemos dejar de notar que la batalla no ha terminado. Los mismos “imperialistas de la tierra” a los que se enfrentaba Sandino siguen cometiendo agresiones, ahora contra nuevos pueblos, como el Pueblo Palestino, el Pueblo de Irán y muchos otros que si los mencionamos la lista es interminable, a quienes hoy agreden a vista y paciencia de los países que se dicen civilizados. La denuncia del General contra el “antro” de Washington, donde se maquinan crímenes, resuena hoy con la misma fuerza que en 1927.
Sandino nos enseñó que la lucha es una constante. No se puede ser un patriota de medio tiempo. Él mismo, al retar al invasor, dejó una enseñanza para todos los tiempos “Acepto la invitación a la lucha y yo mismo la provoco y al reto del invasor cobarde y de los traidores de mi Patria, contesto con mi grito de combate y mi pecho y el de mis soldados formarán murallas donde se lleguen a estrellar legiones de los enemigos de Nicaragua”.
Para nosotros como un pueblo unido que defiende la paz, este Manifiesto debe ser más que un texto histórico, debe convertirse en nuestro manual de operaciones. Nos recuerda que no debemos ser “Magdalenas” que imploren el perdón de los enemigos de la patria. Nos exige claridad ideológica, firmeza en los principios y, sobre todo, una lealtad absoluta hacia los oprimidos, “que son el alma y el nervio de la raza”.
Como lo recordó nuestro Copresidente el Comandante Daniel Ortega en el 97 aniversario de esta gesta: “Este Manifiesto de nuestro General Sandino sigue siendo vigente, porque la Lucha continúa, la Batalla continúa, los Imperialistas de la Tierra no han desaparecido”. La voz del Comandante resuena en nuestra realidad actual, los pueblos resisten, los pueblos no se rinden, los pueblos no se venden, ¡Jamás!
La Copresidenta Compañera Rosario Murillo también ha destacado cómo este legado permeó la vida familiar y el compromiso personal de cada nicaragüense “¡Que vigencia la de ese Histórico Manifiesto de San Albino, y cómo nos inspiró a todos. En la casa, en la Familia, se leía, se declamaba, y tod@s admirábamos, respetábamos, conocíamos, nos comprometíamos con ese Sandino Invicto e Inmenso, General de los Hombres y Mujeres Libres”.
Hoy, cuando celebramos este aniversario, no lo hacemos solo con la memoria, sino con la acción. Como bien lo han señalado nuestros líderes, la lucha sigue y Sandino vive en cada proyecto que defendemos, en cada trinchera de soberanía que levantamos y en cada gesto de dignidad que opone nuestra verdad a las mentiras de quienes aún sueñan con ver a Nicaragua de rodillas.
Que este 01 de julio sirva para reafirmar nuestro compromiso inquebrantable. Que las palabras del General nos sigan guiando, no como una reliquia en un museo, sino como una brújula encendida en medio de la tormenta. Porque, como dijo el General “A los nicaragüenses, a los centroamericanos, a la raza indohispana”, la invitación a defender la patria sigue abierta, y solo los hombres y mujeres de valor, aquellos que no se venden ni se rinden, podrán sostener la bandera de la libertad hasta la victoria final.
El Manifiesto de San Albino sigue siendo la luz que guía a los patriotas. Es, en esencia, la declaración de principios de un pueblo que decidió, hace casi un siglo, que no volvería a ser esclavo de nadie. Y esa decisión, es la que hoy nos mantiene en pie, firmes y orgullosos frente a cualquier intento de injerencia, frente a cualquier intento de doblegar nuestra voluntad. La lucha continúa, porque la dignidad, como nos enseñó Sandino en San Albino, es eterna.
¡Patria y Libertad!