La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN – Managua), inauguró este jueves 24 de junio, la Cátedra Universitaria “Carlos Fonseca Amador, Obra y Legado”, que constituye un homenaje al pensamiento y obra del fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).    En palabras del vicerrector general de la UNAN-Managua, doctor Luis Alfredo Lobato, esta Cátedra es un espacio necesario para el conocimiento, discusión y debate de los aportes del Comandante Carlos Fonseca a la transformación de Nicaragua, a la que dedicó su vida entera. 

La lección inaugural fue ofrecida por el Doctor Aldo Díaz Lacayo, reconocido historiador, cuya trayectoria revolucionaria y académica, como combatiente de la Guerrilla del General Ramón Raudales y del Movimiento 21 de Septiembre que protagonizó la Gesta de El Chaparral en 1959, sus encuentros en La Habana con los jóvenes revolucionarios y con el Comandante Ernesto Che Guevara, lo convierte en una de las voces testimoniales de la generación comprometida con la liberación de nuestra patria.

Memoria histórica en la voz del Dr. Aldo Díaz Lacayo

El Doctor Aldo Díaz Lacayo afirma que el surgimiento de Carlos Fonseca Amador, como un revolucionario sólido, de principios extraordinarios, hay que encontrarlo en las circunstancias en las que destacan los líderes que hacen historia, que son capaces de cambiar la ruta de la coyuntura y de establecer otras nuevas.

Entre los elementos que son hitos en la formación del Comandante Carlos Fonseca, hay unos de carácter nacional y otros del ámbito internacional.  En lo nacional hay que tener presente que Carlos, nació en Matagalpa.   Bisnieto de Francisco Amador, que perteneció al Ejército del Septentrión que venció a los filibusteros en la Batalla de San Jacinto. 

Matagalpa fue un sitio de obligada experiencia y análisis para comprender lo que sucedió en Las Segovias durante la guerra sandinista contra la intervención norteamericana.  Carlos nace en 1936, apenas dos años después del asesinato de Augusto C. Sandino, y todavía había persecución contra los sandinistas, en medio de una notable contradicción entre dos clases sociales.  Por un lado los terratenientes, los ricos, que veían en la Guardia Nacional un aliado que protegía  sus intereses, de sustrato vende patria.    La otra parte, el campesinado víctima de la intervención, y la clase media baja, dos sectores impregnados de manera natural a favor de la lucha contra la intervención y la opresión.   También fue de gran significado en la formación de Carlos, los años que estudió en el Instituto Eliseo Picado, un centro educativo progresista de gran prestigio, donde se cultivaba el espíritu crítico.

De las influencias externas, es de peculiar importancia la Revolución Democrática Burguesa guatemalteca, que en el periodo de 1944 – 1954, estimuló los movimientos revolucionarios en Latinoamérica.   En esos años, Carlos,  se encuentra en Matagalpa con Ramón Gutiérrez, joven guatemalteco que lo induce a la lectura de las teorías revolucionarias.   Carlos, aprende francés, para leer en la lengua nativa de los teóricos franceses.

Producto de sus profundos estudios de la historia de Nicaragua, Carlos encuentra al General Augusto C. Sandino, sus ideas de nacionalismo y antiimperialismo, que le permite construir un discurso entrañable, que toca los sentimientos y pensamientos de la gran mayoría de nicaragüenses.   Desde 1961, Carlos Fonseca reunido en  San Pedro Sula con Tomás Borge, Silvio Mayorga, y Eloy Guerrero, insiste en que el Frente de Liberación Nacional, incorpore la palabra Sandinista, lo que logró posteriormente que el resto de dirigentes apoyara.

Otro hallazgo de Carlos Fonseca Amador, después del fracaso de El Chaparral, es que la revolución sandinista tenía que hacerse desde adentro, con la participación de las bases campesinas.  A partir de planteamiento, se organizó el destacamento guerrillero de Pancasán en 1967.

Para el doctor Aldo Díaz Lacayo, es una obligación el estudio del pensamiento de Carlos Fonseca, que sigue siendo vigente en este momento histórico en el que no hay que ceder ante el imperialismo ni un paso.