El 12 de junio de 1979, hace 42 años, cayó en combate el monimboseño Teófilo González Alemán “Teodoro”. Era el segundo responsable de las Milicias Populares en Masaya. Fue un extraordinario guerrillero urbano.

Teófilo González Alemán «Teodoro», nació en el barrio Monimbó de Masaya el 20 de junio de 1955. Fue hijo de Máximo González, un pequeño agricultor y de Dolores Alemán, vendedora ambulante. Era ebanista de profesión, fue reclutado para el FSLN en 1976 por Francisco Castellón, quien supo descubrir, entre los muchachos de su barrio, a aquellos que llevarían su compromiso hasta las últimas consecuencias.

En febrero de 1978, fue parte de la Insurrección del barrio heroico de Masaya, estuvo en  la toma del cuartel de la Guardia Nacional. Cumplió con varias misiones militares en Catarina, La Olla de Barro y la Montañita en su natal Masaya. Fue un destacado miembro del Frente Interno «Camilo Ortega» que operaba en la zona Masaya, asumiendo el mando de una escuadra guerrillera en la Ofensiva Final en 1979.

“Teodoro” y su convicción revolucionaria

En el libro “Porque viven siempre entre nosotros”, publicado en 1982 se comparte un poco de la vida de este gran guerrillero, el cual dejó un importante legado para los nicaragüenses que defienden con su vida la soberanía y paz de Nicaragua, Además, su ideario quedó inmortalizado a través de unas profundas e implacables palabras: “Vamos a morir muchos, pero se va a ir Somoza y sus secuaces”.

El escrito relata que [Un día] los vecinos le dicen que la Guardia andaba cateando el barrio. Sus hijos Teófilo y Miguel, que por las noches salían a tirar bombas y a hostigar a la G.N., se encontraban desvelados y estaban en casa descansando. Los esbirros llegaron y los registraron, descubriéndole a Teófilo un raspón en el brazo. Por esto lo acusaron de ser uno de los responsables de la muerte de un teniente. Buscando cómo justificar su herida, les dice que se la hizo en una caída por andar bebiendo licor; su madre para protegerlo, afirma que es cierto, “que como ha tenido problemas con su esposa, se ha dedicado a beber y por eso se cayó”. Los esbirros no creyó en la excusa y se los llevó presos a todos.

Durante los 22 días de prisión, la Guardia los sometió a los más crueles métodos de tortura. Esta dolorosa experiencia, Teodoro la comunica en varias ocasiones a sus compañeros:

“(…) Cuando veo a la Guardia y recuerdo las torturas que les hacen a los presos políticos en la cárcel, me da más coraje. A mí me obligaron a comer jabón, me arrancaron las uñas, me colgaron de los pies y otras barbaridades. Son situaciones que si queremos que se terminen, tenemos que seguir luchando hasta el final…”

Las torturas de la cárcel no lograron quebrantar su sentir revolucionario, más convencido de los oprobios del sistema somocista, se integró totalmente a la lucha de liberación.

Los conocimientos de pirotecnia que había adquirido en los talleres del barrio, los puso al servicio de la causa sandinista. Dentro de sus tareas militares se dedicaba a fabricar y perfeccionar el arma popular que todo el mundo sabía manejar: la bomba de contacto. Sus compañeros dicen que las hacía de todo tamaño; por la práctica se convirtió en un experto en explosivos. En esta tarea participaba activamente toda su familia. Su madre también aprendió a fabricarlas.

Participación en la Ofensiva Final

Los hostigamientos en diferentes puntos de la ciudad iniciaron a la una y media del día y, poco a poco, las fuerzas sandinistas se fueron concentrando en torno al cuartel de la Guardia Nacional.

Del barrio Monimbó bajaron dos columnas que entraron por el lado sur, comandadas por Bayardo López, Domingo, y Teófilo González Alemán.

Ese mismo día, 6 de junio, poco antes de iniciarse el ataque, la Guardia asesinó a once combatientes que se encontraban en una casa de seguridad en La Reforma. A pesar de este duro golpe, el FSLN mantuvo la ofensiva. El enemigo se vio obligado a replegarse y a defender el cuartel, apoyado por una tanqueta. Debido que la G.N. recibió un gran refuerzo de Managua, tres días después de iniciada la insurrección los compañeros abandonaron temporalmente sus posiciones alrededor del cuartel, y se retiraron al lado sur de la ciudad y sus alrededores para organizarse y apertrecharse de municiones. Teófilo fue uno de los principales organizadores de esta retirada.

El día once, las fuerzas del FSLN regresaron al contra-ataque, y esta vez las escuadras de Monimbó lucharon bajo la responsabilidad de Teodoro. Siguen días de lucha continua y sin tregua; los heroicos combatientes no ceden ante la fatiga y el hambre, ni la muerte los hace retroceder. Doña Lola, madre de Teófilo, en una frase sintetiza la caída en combate del hermano sandinista:

“(…) el 12 de junio me lo mató un francotirador por la Cruz Roja; tenía 24 años… Entonces recordé lo que mi hijo tantas veces me decía: El día en que la guerra final estalle, no te vaya a asomar, porque si muero, alguien vendrá a decírtelo. Si me podés enterrar está muy bien; si no, tendrás que conformarte…”

Teófilo González, es sin duda un memorable hijo del pueblo heroico de Monimbó, junto a otros jóvenes que se convirtieron en Héroes y Mártires, porque ofrendaron su vida por una Patria Libre. Su memoria sigue viviendo en la dignidad de un pueblo que ni se vende ni se rinde y su ejemplo de convicción revolucionaria perdura cada día.

¡Honor y Gloria a Teófilo González Alemán!

Fuentes:

Barricada Digital

Extractos del libro:

Porque viven siempre entre nosotros. Edición al cuidado de Leonel Espinoza y Manuel Mejía. Editorial Nueva Nicaragua, 1982