Ya tuvieras 47 años hermano mío, tuvieras una linda familia, tus hijos estudiarían en la UNAN-Managua, tuvieras una oficina de leyes donde ayudarías al más necesitado, donde tu misión principal fuera la defensa de los derechos y no el cobrar por ello, pero todo eso quedó a la imaginación, el neoliberalismo te quitó la vida, te truncó tus sueños.

Hoy se cumplen 22 años del paso a la inmortalidad del Licenciado póstumo Roberto González Herrera, del hermano entrañable, del combatiente universitario, quien era estudiante del tercer año de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, y que aquella tarde de abril de 1999 fue brutalmente asesinado por el neoliberalismo, en manos del gobierno de Arnoldo Alemán, en las inmediaciones del Banco Central de Nicaragua, siendo atravesado su pecho por una bala de caucho.

Murió de una hemorragia que en segundos acabo con su vida, en manos de sus compañeros de lucha, convirtiéndose en la tercera víctima mortal de la comunidad universitaria en manos de los gobiernos de derecha, los mismos que hoy piden sanciones para nuestro pueblo, los mismo que hace 3 años ensayaron su intento de golpe “suave”, cobrando nuevas víctimas mortales del pueblo de Nicaragua, los mismos que hoy pregonan querer “una mejor Nicaragua”.  

Roberto creció en la colonia Centroamérica, Managua; vivió en la Casa A-1 de la Colonia. Su mamá murió de cáncer a temprana edad y fue adoptado por doña Mable L. Chamorro, quien lo llevó por la senda de los valores y principios, quien formó un joven altamente sensible a las dolencias de su pueblo y de la comunidad universitaria.

“El Chino”, como lo apodaron sus amigos, se involucró en la lucha para la defensa del 6% constitucional en 1999, una lucha que había empezado en 1990 y que en ese entonces llevaba 9 años de estarse gestando por la negativa de los gobiernos liberales de otorgar a la comunidad universitaria lo que se conquistó en el triunfo de la revolución popular sandinista: el derecho a la educación gratuita y de calidad para el pueblo.

Las batallas campales entre la comunidad universitaria y la policía nacional, atendiendo la orden de la genocida de la derecha ya había cobrado decenas de heridos y dos mártires universitarios: Gerónimo Urbina y Porfirio Ramos, asesinados el 13 de diciembre de 1995 en las inmediaciones de la Asamblea Nacional de Nicaragua.

Su gesta floreció el camino de la educación para todos

Según el ultimo informe del Consejo Nacional de Universidades en Nicaragua, ya son más de 100 mil estudiantes que pertenecen a las Universidades miembros del CNU y que reciben financiamiento del 6% constitucional, que desde el año 2007, en el inicio de la segunda etapa de la revolución popular sandinista, se ha respetado como un elemento intocable, como un baluarte para nuestro pueblo, como eje central de la gestión social y política del gobierno de unidad y reconciliación nacional, es precisamente ese legado es el que ha dejado Roberto González, una universidad con robusta autonomía, con una significancia que toma mayor pertinencia con el tiempo, cuando interpretamos tu gesta, la universidad mejora, tu gesto de amor encarno silenciosamente lo que Carlos Fonseca exclamo: “y enséñenles a leer” porque el pilar de esta Revolución es la educación pública y así lo han hecho ver sus héroes y mártires.

Pero, además, la gesta de Roberto florecía para los que nunca pensaron tener la más mínima posibilidad de graduarse en una carrera de la educación superior, la gesta floreció con la Universidad en el Campo (UNICAM), donde no solo el hijo del campesino puede estudiar carreras asociadas al desarrollo de su comunidad, sino que el mismo campesino ahora cumple ese sueño y ese reto de ser un profesional en nuestra sociedad y un agente de construcción para su comunidad, una educación en valores y principios, una educación revolucionaria.

Bajo la lógica de la derecha, tuvo que morir Roberto, para poder entregar un derecho constitucional, bajo la lógica del sandinismo, honramos cada lagrima, cada gota de sangre de nuestros mártires, porque su muerte no es en vano, ni un estudiante mas necesita morir para desarrollar día a día el sistema de educación en nuestro país, no necesitamos un Roberto González más,  bajo la lógica revolucionaria necesitamos el compromiso vivo del estudiante para proteger esto que es suyo, que se llama revolución.

De no haber existido esos 16 años neoliberales, y 9 años de lucha de la comunidad universitaria en las calles, hoy fuéramos mayor referencia latinoamericana de lo que somos, fuéramos más vanguardia en el campo educativo superior de lo que somos,  fuéramos más fuerte y resilientes como instituciones académicas,  pero tuvieron que existir para valorar los esfuerzos de este buen gobierno, para apreciar quien es el verdadero aliado del pueblo, para valorar el verdadero compromiso revolucionario de la educación que ahora se extiende hasta al postgrado, formando profesionales postgraduados en áreas sensibles para el desarrollo del país, como gestores de Desarrollo sostenible y gestores en proyectos sociales.

A pesar de esos sombríos años, de esos funestos recuerdos y a pesar de que esos gobiernos enemigos del pueblo se nos llevaron a nuestro amigo, familiar, hermano y héroe, hoy somos la construcción paradigmática de la educación superior, a pesar de las zancadillas de la derecha, hoy seguimos siendo la trinchera de ideas del pueblo nicaragüense.

Escrito por: Allan Daniel Martínez Molina