A diez años del tránsito a la inmortalidad del Comandante Tomás Borge, compartimos con nuestros lectores un extracto del libro Semblanzas de Tomás Borge Martínez. En las páginas que publicamos hoy, se describe el vínculo indisoluble entre el Comandante Tomás Borge y el Comandante Carlos Fonseca, hermanos de lucha y de ideales.

Tomás supo reconocer en Carlos Fonseca Amador, al dirigente político, al estudioso pensador, al «estratega y conductor» del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Ante la insidiosa notificación de su muerte, respondió al militar una frase que ya es histórica: «Se equivoca Coronel, Carlos es de los muertos que nunca mueren». En sus versos lo llama «tayacán, vencedor de la muerte», para él creó un nuevo amanecer, real, no una tentación.

Nacido el 23 de junio de 1936, matagalpino como Tomás, Carlos Fonseca Amador es el indiscutible héroe popular de la revolución sandinista. Sus inquietudes sociales y revolucionarias habían comenzado siendo aún un niño, cuando participó con sólo 11 años en las protestas estudiantiles ante el injusto despido de una profesora; sus ideas políticas y sociales se alimentaban del clima antisomocista de Matagalpa a los inicios de la década del 50 del pasado siglo, cuando Carlos ingresa en el Instituto Nacional del Norte, donde ya iba concluyendo sus estudios Tomás Borge.

Para 1955 ya Carlos sostenía que era necesaria «una revolución armada, de obreros y campesinos en Nicaragua». En ese año concluye sus estudios recibiendo la medalla «estrella de Oro» como mejor alumno del curso, y se traslada a Managua como bibliotecario del Instituto Ramírez Goyena. Su tesis de bachillerato fue «El capital y el trabajo».

Ingresa al Partido socialista. Después de un año, se dirige a León, para continuar estudios en la Universidad, a la par que trabaja en una agencia de La Prensa. «Carlos se hizo hormiga, martillo, mecanógrafo y desde entonces sempiterno», dice Tomás. En 1956 junto a Silvio Mayorga, organizan una célula socialista clandestina para imprimirle contenido revolucionario a la lucha estudiantil.

Tras el ajusticiamiento del tirano, en León, en septiembre de 1956, casi un centenar de estudiantes fueron detenidos, entre ellos Carlos Fonseca que fue liberado tras 50 días de arresto, y Tomás Borge, que permaneció en prisión por más de dos años. Desde entonces, la ruta revolucionaria de ambos, quedó indisolublemente vinculada. Protestas estudiantiles, demandas, debates, diálogos, discusiones.

En 1957 se traslada a Costa Rica y en julio viaja al V Festival de las juventudes Democráticas que se celebraría en Moscú.

En 1959 Carlos organiza la Juventud Democrática Nicaragüense, pinta leyendas y encabeza manifestaciones, finalmente se une a los patriotas de la tierra de Sandino que se entrenaban en Honduras, para combatir la tiranía de los Somoza. En menos de 72 horas son masacrados por la guardia: seis muertos y 15 heridos, entre ellos Carlos. De Honduras, a La Habana, para recuperarse de sus graves heridas.

En Cuba su relación con Tomás se hace más intensa. Juntos compartieron el abrigo y el pan en casita de Pedro Monett, en La Habana. Juntos optaron por el camino de la lucha armada, para finalmente constituir, junto al Coronel Santos López, Silvio Mayorga, Francisco Buitrago y Noel Guerrero, el Frente Sandinista, entre 1961 y 1962, para contar «con un instrumento de lucha».

Para ambos Cuba fue su faro y guía, escuela de milicias en La Habana, lucha contra bandidos en el Escambray, la acción se concreta en las futuras jornadas guerrilleras de Bocay, cárcel, deportaciones, exilio, guerrilla de Pancasán,clandestinidad, entrega total.

Carlos es desde entonces el máximo líder del FSLN, junto a Óscar Turcios, José Benito Escobar, Germán Pomares, Silvio Mayorga, Julio Buitrago y Tomás.

Carlos lo llama hermano, en sus escritos. Lo califica de ejemplo que «contribuirá a continuar el proceso de la acción de este destacamento único, vigoroso y en ascenso».

Para los inicios de 1976, las tareas revolucionarias colocan a Tomás en la clandestinidad de Managua, y a Carlos rumbo a las montañas. En la noche del 4 de febrero de ese año, Tomás Borge es capturado, pero la guardia no reconoce tenerlo en prisión, sus compañeros lo dan por muerto.

Al conocer la aciaga noticia, el dirigente indiscutible del Frente, Carlos Fonseca, escribe a 36 días de la captura, lo que será un público testimonio de la opinión que tenía sobre este incansable luchador:

«Unas cuantas líneas son, por supuesto, un espacio reducido para enumerar las acciones de una vida rebelde tan plena. En estas líneas se tratará de señalar algunos rasgos de la vida combatiente de Tomás Borge. No se trata de endiosarlo o canonizarlo […] La vida de Tomás Borge es la vida misma del pueblo oprimido que no se resigna a permanecer de rodillas […] Tomás Borge se caracteriza por la satisfacción plena que le causa una vida militante […] Casi siempre cumplió con su deber en calidad de militante de filas o intermedio, sin ocupar cargos […] Cuando fue nombrado miembro de la Dirección, hay que dejarlo bien claro, ese nombramiento se realizó en contra de su expresa voluntad ¿Cómo no llamar a eso modestia? […] Tiene un mérito que no rebasa ningún nombramiento: Se cuenta entre los primeros en dar el paso al frente para empuñar el fusil en defensa de Nicaragua popular sojuzgada […] participa en 1961 en la creación del destacamento que poco después recibe el nombre que hará historia: Frente Sandinista de Liberación Nacional.

La modestia de Tomás Borge desempeñó un papel más importante del que comúnmente hemos aceptado [… ] Con Tomás Borge como soldado de fila ¿qué combatiente no se sentía dispuesto a ser soldado de filas? […] Cultivó la amistad basada en los principios. Tuvo una confianza invariable en la lucha armada popular.

Magníficamente dotado para el trabajo intelectual, fue a la vez lo más ajeno a lo libresco […] Vamos a referirnos a algo de lo que jamás hacía gala, su estirpe patriótica. Su padre fue soldado de Benjamín Zeledón en la resistencia antiyanqui en 1912. Otro antepasado directo empuñó el arma contra William Walker en 1856.

No conocía el rencor. Si sabía de alguna cualidad revolucionaria de quien lo agraviaba, sabía ser indulgente sin faltar. De allí su lugar esencial en la unidad sandinista. Despreciaba a los cobardes e hipócritas. La etapa que le tocó vivir fue fundamentalmente de acción. Sin embargo, sabía expresar en el papel escrito sus juicios y opiniones […] Siempre juvenil, sus acciones las dejó expresadas en versos[…]».

Apenas un año después, Carlos entra definitivamente en la inmortalidad. Tras conocer su muerte, desde la cárcel, a solicitud de la Dirección Nacional del Frente, Tomás «poseído por el Dios de la furia y el demonio de la ternura», esboza unos apuntes sobre su hermano caído: «Carlos murió con el fusil en la mano, con el corazón desbordante de amor hacia los hombres, con los ojos azules apuntando hacia el futuro».

Entrevistado en 1999 para el programa radial «Entre todos», Tomás dijo de Carlos Fonseca, entre otras muchas bellas cosas: «Carlos era dulce y serio, era alegre, firme y justo, respetuoso, tolerante. Tenía un olvido, yo diría, casi absoluto de su vida […] era bromista, no se crea que era serio todo el tiempo, también tenía sentido del humor […] Así era Carlos Fonseca: terco, indeclinable” […]

En 1979, los restos de Carlos son traídos desde Zinica para ser depositados en el corazón de Managua. Tomás está al frente del grupo. Carga su féretro. Es el primero en la guardia de honor. Himnos, detonaciones, voces, llanto, alegría, esperanza. Años después resalta con emoción: «Cuando lo enterramos, en la plaza que lleva su nombre, el cielo fue acribillado de disparos de gritos, de promesas, de multitudes para siempre. Ahora, compadre, vendrán nuevas victorias con las mismas banderas y tu nombre seguirá diciendo: hasta la consumación de los siglos».

Hoy, reposan ambos, como hermanos de lucha, hermanos de sangre y de ideales, bajo las mismas banderas, en la misma Plaza bajo el mismo sol … hasta la consumación de los siglos!

Tomado del libro: Semblanzas de Tomás Borge Martínez, escrito por Teresita Candia Ferreyra, cubana, graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana.

Transcrito por: Edwin Madrigal, Filólogo y Máster en Gestión Social para el Desarrollo.