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Diario Barricada
Hechos históricos

81 aniversario de la Victoria soviética en la Gran Guerra Patria

Manuel Lucero
Manuel Lucero 09 de mayo, 2026 • 7 min de lectura

¡Honor y Gloria al Ejército Rojo!

Recordar a todos los Héroes que alcanzaron, con su Sacrificio Infinito, el Fin de la Segunda Guerra Mundial, y, lo que todos pedimos a Dios, el fin del Fascismo. Sabemos, sin embargo, que hay que seguir luchando”.

Cra. Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua

08 de mayo de 2026

El fascismo empezó a crecer lentamente después de la primera guerra mundial, cuando las camisas negras, tropas de choque en Italia, primero, y luego las milicias paramilitares en Alemania, conocidas como camisas pardas, marchaban por las calles de Roma y Berlín, reprimiendo a todo aquel que militara en los partidos comunistas, o que no se sometieran a su voluntad.  Incendiarios discursos bélicos salían a torrentes de la boca de Benito Mussolini y Adolfo Hitler, prometiendo volver a hacer grandes a sus países, alentando la discriminación contra los migrantes, y el odio hacia los intelectuales de izquierda, personas de la diversidad sexual, discapacitados, gitanos y personas de ascendencia judía.  Inventaron símbolos fascistas para la parafernalia populista, así, poco a poco, crecieron hasta alcanzar el poder político.  En Alemania el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, conocido por las siglas de Nazi, y en Italia, el Partido Nacional Fascista (PNF).   Fascismo que predicaba un nacionalismo extremo, la militarización y la eliminación de los enemigos políticos.

Tras la derrota de la primera guerra mundial y las imposiciones humillantes a los que fueron sometidos, la promesa de recuperar la dignidad y de un futuro próspero, se transformó en la bandera de lucha para el sueño de un Tercer Reich, que se extendería por mil años, y abarcaría nuevos territorios para ampliar el espacio vital donde se encontraban los recursos materiales para sostener el imperio.   Una segunda confrontación se volvió inevitable, a pesar de los esfuerzos diplomáticos para evitarla.

El primero de septiembre de 1939, rompiendo todos los acuerdos de paz suscritos, la maquinaria de guerra de la Alemania Nazí, irrumpió en Polonia, usando como argumento un supuesto ataque polaco a una radio alemana.   Dos días después Gran Bretaña y Francia entraron en guerra contra Alemania.  La guerra de trincheras quedó obsoleta ante la estrategia de la Blitzkrieg (guerra relámpago), y la utilización la aviación y blindados.  El ejército ocupó toda la Europa occidental, derrotando uno a uno a todos los ejércitos.

Eufórico por las victorias en el occidente, Hitler y los altos mandos del ejército nazi, decidieron abrir el frente oriental.  El 22 de junio de 1941 lanzaron la “Operación Barbarroja”, invadiendo la Unión Soviética.  Un ataque masivo, que tenía como fin exterminar a la población atacándola de manera directa o cercándola para que fallecieron por inanición, de esa manera colonos alemanes podrían tomar posesión del territorio vital, a expensan de la población rusa y asiática, que los fascistas consideraban inferiores, indignos de vivir en esos territorios pletóricos de recursos naturales.  Las huestes hitlerianas que invadieron el sagrado suelo de la Unión Soviética, fueron entre 3 y 4 millones de soldados organizados en tres grupos de ejércitos.  El mayor error de Hitler y la mayor operación militar de la historia, como es considerada por historiadores militares.

La Unión Soviética, llamó a sus hijos e hijas, a la Guerra Sagrada, en defensa de la Madre Patria, de la vida misma.   El líder soviético, Joseph Stalin, en un mensaje patriótico dijo que Alemania no podría sostener la ventaja inicial y sería derrotada en la Gran Guerra Patria, porque el pueblo soviético luchaba por su vida, por no ser esclavizado.  El ejército fascista se estrelló contra la unidad nacional, la marina, la aviación y el ejército de obreros y campesinos, el glorioso Ejército Rojo, creado en 1918 para defender la revolución rusa de la contrarrevolución.

Los nazis lograron ocupar Letonia, Estonia, parte de Ucrania y la parte oeste de la Rusia Blanca.  Una efímera ventaja militar como la definió Stalin en su discurso del 7 de noviembre de 1941 en la Plaza Roja, donde llamó a la unidad.  ¡Todas nuestras fuerzas para apoyar a nuestro heroico Ejército Rojo, a nuestra gloriosa Armada Roja! ¡Todas las fuerzas del pueblo para la demolición del enemigo! ¡Adelante, a por nuestra victoria!”.

Luego vinieron las grandes batallas en Stalingrado, Kursk, que cambiaron el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.  Una vez eliminada la capacidad ofensiva del ejército alemán, el Ejército Rojo, avanzó liberando ciudades, pueblos, campos de concentración, hasta llegar a Berlín, donde jóvenes combatientes soviéticos alzaron la bandera roja con la hoz y el martillo, en lo más alta de Reichstag el día 2 de mayo de 1945, habiéndose rendido la Alemania Nazi, ante los altos mandos soviéticos el 9 de mayo, el Día de la Victoria.  

En esos tiempos tumultuosos, el mariscal Georgi Zhúkov, Héroe de la Unión Soviética, pronunció de manera profética: “Liberamos a Europa del fascismo, pero nunca nos perdonarán por ello”.   Europa occidental nunca renunció a su aspiración a fragmentar el territorio soviético, ni antes ni ahora, cuando la URSS ya no existe.  Han mantenido el interés, para ellos estratégico, de desarticular a Rusia, fragmentándola en pequeños estados, y tomar control de los valiosos recursos naturales, como minerales e hidrocarburos, que son las mayores reservas del mundo.   

Las antiguas repúblicas soviéticas, liberadas del yugo nazi, por el Ejército Rojo, son ahora aliadas, políticas y militares, de la ultra derecha fascistas.  Ucrania, convertida en punta de lanza para confrontar militarmente a Rusia y donde se han resucitado los símbolos fascistas y los argumentos de la limpieza étnica.  Polonia ha olvidado los campos de concentración, la devastación y masacres de que fue víctima, igual Estonia, Lituania y Letonia, los pequeños estados bálticos también liberados por los soviéticos.  Aspiran a alejarse de su cultura e identidad eslava y sumarse a occidente, ser parte de la Unión Europea y de la OTAN.  Se han convertido en adversarios de sus propios hermanos rusos.

En Europa y el llamado Occidente global, el neo fascismo ha tomado fuerza y se han lanzado a una frenética campaña de sanciones económicas contra Rusia, China, Irán para mantener su hegemonía.  A la vez se están rearmando, sumiendo a la población mundial, y principalmente a la europea, en la incertidumbre y el miedo.  No han renunciado a ocupar el espacio vital del centro de Europa y quieren lograrlo a toda costa.  En esta campaña neo fascista se han empeñado en omitir el sacrificio de más de 27 millones de vidas soviéticas en la Gran Guerra Patria.  Destruyen monumentos que homenajean a los héroes, exhuman sus cadáveres sagrados, prohíben la lengua y literatura rusa.  Desde sus medios de comunicación quieren convencer a su ciudadanía que losenemigos son Rusia, China, Irán, que deben ser destruidos.  Igual discurso se utiliza en América, para justificar el criminal bloqueo a Cuba, la agresión contra Venezuela, el asedio a Nicaragua.

El fascismo está vivo desgraciadamente.  Tiene adeptos y ha conseguido llegar al poder en varios países del mundo y de Latinoamérica.  Por ello, según el pensamiento de Gramsci, no hay que descuidar la lucha de clases, la que incluye la lucha contra las hegemonías capitalistas, es la lucha por el alma de los pueblos para que no continúe el despojo de los medios de vida y la fragmentación de las culturas e identidades.