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Análisis

Somoza García, el último Marine

Redacción Central
Redacción Central 06 de julio, 2026 • 5 min de lectura

A las puertas de la conmemoración del 47/19, resulta indispensable volver sobre la figura del dictador Anastasio Somoza García, el hombre que dio origen a la dinastía que gobernó Nicaragua durante más de cuarenta años. Su ascenso al poder, el control de la Guardia Nacional, el asesinato de Augusto C. Sandino y la consolidación de un régimen familiar forman parte de una secuencia de acontecimientos que antecedieron al proceso histórico que culminó con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979. Reconstruir esa trayectoria permite entender las consecuencias históricas de su actuación y el origen de la expresión «el último Marine», utilizada para identificar al heredero del aparato militar que quedó en Nicaragua tras la retirada de las tropas estadounidenses en 1933.

La expresión «el último Marine» surgió a partir de los hechos registrados entre 1932 y 1933, cuando las fuerzas de ocupación estadounidenses preparaban el retiro definitivo de sus tropas después de más de dos décadas de intervención militar en Nicaragua. Antes de abandonar el país, dieron forma a la Guardia Nacional como el principal cuerpo armado para garantizar la continuidad del modelo político y militar impulsado durante su presencia en territorio nicaragüense. En ese contexto, Anastasio Somoza García fue nombrado Jefe Director Auxiliar de la Guardia Nacional el 14 de noviembre de 1932 mediante el Acuerdo Ejecutivo No. 245, publicado al día siguiente en La Gaceta.

El 2 de enero de 1933 comenzó la evacuación de los últimos Marines y, tras la toma de posesión del presidente Juan Bautista Sacasa, el general estadounidense Calvin Mathew entregó el mando de la Guardia Nacional a Somoza García. A partir de entonces comenzó a utilizarse la expresión «el último Marine» para identificar al hombre que asumió el mando de la Guardia Nacional tras la retirada de las tropas estadounidenses.

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Consolidado al frente de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García aceleró la expansión de su poder político y militar, una trayectoria que había comenzado años antes. Nacido en San Marcos, Carazo, el 1 de febrero de 1896, realizó parte de sus estudios en Estados Unidos, donde aprendió inglés y estableció relaciones que posteriormente facilitaron su cercanía con representantes del gobierno estadounidense. Esa combinación de formación, contactos y respaldo político quedó reflejada años después en la frase atribuida al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt: «Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», expresión que resumió la relación de Washington con el dictador nicaragüense.

El 21 de febrero de 1934, después de una cena en la Casa Presidencial, Augusto C. Sandino fue detenido junto con los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por efectivos bajo el mando de la Guardia Nacional. Horas más tarde se consumó el magnicidio del General Sandino y el asesinato de sus dos acompañantes. A partir de aquella noche también se intensificó la persecución contra integrantes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, mientras Somoza afianzaba el control de la Guardia y ampliaba su dominio sobre la vida política del país.

Durante los años siguientes, Anastasio Somoza García fue desplazando gradualmente al presidente Juan Bautista Sacasa hasta provocar su salida del poder en 1936. Ese mismo año asumió la Presidencia de la República e inició un régimen que convirtió a la Guardia Nacional en el principal respaldo de lo que sería el inicio de su dinastía. A partir de entonces, el poder político, el mando militar y el control de una parte importante de la actividad económica quedaron concentrados en una sola figura, dando paso a un sistema de sucesión que se prolongó durante más de cuatro décadas con la llegada de sus hijos al poder.

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A lo largo de su desgobierno también se desarrollaron acciones dirigidas a poner fin al régimen de Anastasio Somoza García. Entre ellas destacó el levantamiento del 4 de abril de 1954, protagonizado por militares y civiles que intentaron derrocarlo. Las autoridades descubrieron la acción antes de que alcanzara su objetivo, lo que desencadenó detenciones, dio paso a fusilamientos y abrió una nueva etapa de persecuciones. Mientras tanto, el sostenimiento de su poder descansaba en la Guardia, que mantenía el monopolio de las armas y el control interno del país.

Dos años después de aquellos acontecimientos, el 21 de septiembre de 1956, durante una recepción organizada en la Casa del Obrero de León en homenaje a trabajadores y dirigentes del Partido Liberal, el poeta Rigoberto López Pérez disparó contra Anastasio Somoza García. Gravemente herido, fue trasladado primero a Managua y posteriormente al Hospital Gorgas, en la Zona del Canal de Panamá, donde falleció el 29 de septiembre de ese mismo año.

Con su muerte concluyó la vida del fundador de la dinastía, aunque no el sistema de poder que había construido desde la Guardia Nacional, ya que el mando pasó a manos de sus hijos, quienes mantuvieron el control del país durante las décadas siguientes. Aquel ajusticiamiento puso fin a la vida de Anastasio Somoza García, pero no a la dictadura criminal que había instaurado, la cual continuó bajo el mando de sus hijos hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.