Elevada sobre uno de los puntos más estratégicos de Masaya, la Fortaleza El Coyotepe ha permanecido por más de un siglo como testigo de algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de Nicaragua. Desde sus murallas se libraron combates, surgieron actos de resistencia y ocurrieron hechos que convirtieron a la fortaleza en uno de los escenarios más emblemáticos del país. Su ubicación permitió dominar las principales rutas de comunicación entre Managua, Masaya y Granada, razón por la que fue considerada una posición de enorme importancia militar desde finales del siglo XIX.
La fortaleza fue construida en 1893, durante el gobierno del presidente José Santos Zelaya, sobre el cerro conocido como Los Coyotes, con el propósito de reforzar la defensa de Masaya y proteger uno de los puntos de mayor importancia estratégica del país. Su ubicación permitía vigilar y controlar las principales rutas de comunicación entre Managua, Masaya y Granada, una ventaja que hizo de El Coyotepe una posición militar de enorme valor. Con el paso de los años, esa condición convirtió a la fortaleza en protagonista de algunos de los acontecimientos más trascendentales de la historia de Nicaragua.
Sin embargo, desde la Guerra Nacional de 1856 el cerro ya era reconocido por su dominio sobre los caminos y el antiguo ferrocarril que comunicaba el occidente con el resto del país. Desde sus torres era posible vigilar todo lo que entraba y salía por esa ruta, lo que convirtió al lugar en un punto de gran importancia para las operaciones militares de la época. Dicha ventaja quedó demostrada durante la resistencia encabezada por el general Benjamín Zeledón en 1912, cuando la fortaleza fue decisiva en la defensa de la soberanía nacional.
Las tropas estadounidenses desembarcaron en Nicaragua para intervenir en la guerra que enfrentaba a liberales y conservadores. Ante la invasión imperialista, el general Benjamín Zeledón organizó la defensa de la fortaleza, en la que durante varios días se libraron intensos combates hasta que la superioridad militar imperialista logró tomar la posición. Tras la caída de El Coyotepe, el general Zeledón se retiró junto a un reducido grupo de combatientes para continuar la resistencia, pero poco después fue capturado y asesinado.
Su cadáver fue arrastrado por las calles, un hecho presenciado por el joven Augusto C. Sandino, quien años más tarde recordaría: «Era yo un muchacho de 17 años y presencié el destace de nicaragüenses en Masaya y otros lugares de la República, por las fuerzas filibusteras norteamericanas. Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados la consideramos una continuación de aquella», finalizó Sandino.
Entre los documentos históricos que dejó el general Benjamín Zeledón sobresale la carta dirigida a su esposa Esther. En ella quedó plasmada la firmeza de sus convicciones al escribir: «Yo y los que me siguen, de corazón, no entendemos de pactos, y menos aún de rendiciones». Más adelante le pidió fortaleza frente a cualquier desenlace: «Si muero, no llores, no te aflijas; piensa que he cumplido con mi deber y que muero por una causa justa». También le encomendó el futuro de sus hijos con estas palabras: «Educa a nuestros hijos en el amor a la patria y en el cumplimiento del deber, para que sepan honrar el nombre de su padre». Finalmente, concluyó su mensaje con estas palabras: «Adiós… o hasta la vista. ¿Quién lo sabe?».
Las palabras de Zeledón quedaron como testimonio de su firmeza y de su amor por la patria. Entretanto, la historia de El Coyotepe continuó su curso. Después de los combates de 1912 y de la muerte del general Benjamín Zeledón, El Coyotepe permaneció bajo control del Estado y conservó su valor estratégico debido a su ubicación dominante sobre la ciudad de Masaya y sus alrededores.
La fortaleza continuaría siendo utilizada por los distintos gobiernos peleles al servicio del imperio yanqui y, con el paso de los años, sus instalaciones fueron acondicionadas para el encarcelamiento de prisioneros. Esa etapa alcanzó su momento más cruel durante la dictadura somocista, cuando los calabozos de El Coyotepe fueron utilizados para recluir, interrogar y torturar a opositores políticos, así como a numerosos militantes y colaboradores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, convirtiendo la fortaleza en uno de los principales centros de represión del régimen.
Tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, El Coyotepe dejó atrás la etapa en que había sido utilizado como instrumento represivo por la Guardia Nacional Somocista. Con el paso de los años, la fortaleza fue objeto de trabajos de conservación, rehabilitación y remozamiento impulsados por el Gobierno Sandinista, con el propósito de preservar este monumento nacional y fortalecer su valor histórico, cultural y turístico. Hoy, El Coyotepe continúa siendo uno de los principales símbolos de la defensa de la soberanía nacional y un espacio que mantiene viva la memoria de los acontecimientos que marcaron la historia de Nicaragua.
En correspondencia con la importancia histórica que distingue a El Coyotepe como símbolo de la soberanía nacional, fueron inauguradas las figuras iluminadas de los héroes nacionales, el General Benjamín Zeledón y el General Augusto C. Sandino.
Al referirse a este homenaje, la Copresidenta de la República, Compañera Rosario Murillo, expresó: «Al compañero Salvador Mansell, le reconocemos esas hermosísimas figuras que levantaron los trabajadores de Enatrel en la Fortaleza del Coyotepe, que muestran, que demuestran, que ratifican esa vocación de dignidad nacional de nuestra Nicaragua y nuestro pueblo. General de Hombres y Mujeres Libres, General Benjamín Zeledón, ahí están ustedes y aquí en el corazón de todos y en la fuerza que nos dan para seguir librando la batalla por la paz, en paz y contra la pobreza», mencionó la Compañera Rosario.