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Diario Barricada
Análisis

Las Manos Que Se Atrevieron A Defender Nicaragua

Redacción Central
Redacción Central 23 de agosto, 2026 • 7 min de lectura

Hoy, 22 de agosto, Nicaragua vuelve la mirada hacia una de esas fechas que no pueden borrarse de la historia ni del corazón de nuestro pueblo.

Hace 48 años, un grupo de apenas 25 combatientes del Comando “Rigoberto López Pérez” entró al Palacio Nacional de Managua.

Veinticinco.

No eran un ejército.

No tenían miles de hombres detrás.

Sabían perfectamente que podían morir.

Y, aun así, entraron.

Vestidos con uniformes similares a los de la Guardia Nacional, llegaron hasta el corazón mismo del poder somocista y tomaron el Palacio Nacional, donde se encontraba reunido el Congreso. La operación fue encabezada por Edén Pastora, el Comandante Cero, y se convirtió en una de las acciones más audaces y trascendentales de la lucha contra la dictadura somocista.

Aquella acción consiguió, entre otras cosas, la liberación de alrededor de 50 presos políticos, entre ellos Tomás Borge, René Núñez Téllez y Doris María Tijerino, además de obligar al régimen a difundir comunicados del Frente Sandinista y aceptar las condiciones planteadas por los combatientes.

Pero cuando uno mira hoy aquellas fotografías, hay algo que impresiona más que las armas:

LAS MANOS.

Las manos de quienes entraron.

Las manos de quienes se expusieron.

Las manos de quienes sabían que podían no regresar.

Las manos de quienes pusieron la vida de Nicaragua por encima de su propia vida.

Y junto a Edén Pastora tenemos que recordar también a tantos hombres y mujeres que conocieron la cárcel, la persecución, la clandestinidad, la tortura, el exilio y el peligro permanente.

Aquella generación entendía que el somocismo no era solamente el apellido de un dictador.

Era un sistema.

Era una estructura de poder.

Por eso, este día glorioso no fue simplemente la toma de un edificio.

Fue un desafío a todo un sistema de dominación.

Y aquella generación dejó una enseñanza que sigue teniendo vigencia: una nación que permite que otros decidan por ella termina perdiendo algo mucho más importante que sus recursos.

Pierde su dignidad.

Se ha recordado también, desde aquella experiencia histórica, la imagen de Somoza como un hombre que había terminado actuando como brazo de intereses estadounidenses, como si Nicaragua fuese un territorio subordinado y no una patria soberana.

Por eso, cuando cayó Somoza, no cayó solamente un hombre.

Cayó un modelo de dominación.

Por eso, este día nos inspira a levantar la voz y afirmar con firmeza:

No podemos dejar que unos puchitos quieran entregar de nuevo la patria…

Porque estamos conscientes que siguen existiendo hoy vende patrias.

Exnicaragüenses que nunca quisieron a Nicaragua.

Exnicaragüenses que nunca han creído en su propio pueblo.

Exnicaragüenses que prefieren mirar hacia afuera buscando quién les dé órdenes, quién les prometa poder o quién les garantice intereses personales.

Y lo más doloroso es cuando pretenden entregar la patria a manos de cualquiera que venga de afuera.

Eso también es una forma de traición a la memoria.

Porque Nicaragua no es una finca.

Nicaragua no es una moneda de cambio.

Nicaragua no es propiedad de ninguna potencia.

Nicaragua no pertenece a ningún gobierno extranjero.

Nicaragua es de los nicaragüenses, esos que la saben amar, que la saben cultivar, que la saben proteger.

Y precisamente por eso, Cra. Rosario, esta fecha vuelve a tener una enorme actualidad.

Porque mientras nosotros recordamos a aquellos 25 combatientes, Estados Unidos ha declarado oficialmente que pretende recuperar su predominio sobre el hemisferio occidental.

La propia Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos establece que Washington buscará “reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe” para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger sus intereses estratégicos en la región.

¿Y cuáles son los intereses de Estados Unidos?

Invadir países para robarse sus recursos.

Y la propia Casa Blanca publicó en enero de este año un mensaje con un título que lo dice prácticamente todo:

“This Is Our Hemisphere” — “Este es nuestro hemisferio”.

Entonces uno puede entender por qué vuelve a aparecer con tanta fuerza una palabra que América Latina conoce demasiado bien:

IMPERIALISMO.

Y yo también pienso:

Un imperio que se siente absolutamente seguro de su poder no necesita anunciar constantemente su dominio.

Cuando una potencia tiene que proclamar una y otra vez que recuperará su predominio, que su hemisferio debe permanecer bajo su influencia y que ningún competidor puede cuestionar esa posición, es precisamente porque está en decadencia.

Es como un edificio que está en ruinas que necesita anunciar constantemente que sigue siendo fuerte.

Ahora bien, frente a toda esta realidad, América Latina tiene que recordar su historia.

Porque ayer fueron los mismos que hoy dijeron que Nicaragua no podía ser soberana.

Ayer fueron los mismos que hoy, quisieran decidir nuestro destino.

Ayer fueron los mismos que hoy, quisieran nuestros recursos como si les pertenecieran.

Y hubo ayer como existe hoy, nicaragüenses que siguen diciendo:

NO.

Porque el amor a Nicaragua y la dignidad permanecen.

Y, por supuesto, Nicaragua ha librado batallas que parecían imposibles para el hombre, porque somos pueblo de Dios.

Un pueblo que ha sabido levantarse una y otra vez.

Un pueblo que ha conocido el dolor y la esperanza.

Un pueblo que ha tenido que enfrentar grandes poderes y, aun así, ha mantenido viva la convicción de que la patria se defiende con dignidad, con fe y con amor.

Hoy nuestras manos tienen que ser manos para construir.

Manos para trabajar.

Manos para producir.

Manos para educar.

Manos para sanar.

Manos para levantar escuelas y hospitales.

Manos para construir viviendas.

Manos para sembrar.

Manos para alimentar.

Manos para servir.

Manos para construir la paz.

Pero también manos firmes para defender la soberanía.

Porque honrar a tantos hombres y mujeres de aquella generación, no consiste solamente en repetir sus nombres.

Consiste en preguntarnos qué hacemos hoy con la patria por la que ellos arriesgaron todo.

Porque mientras ellos pusieron el cuerpo frente a una dictadura, nadie debería poner hoy la patria a disposición de una potencia extranjera.

Eso es lo que no podemos olvidar.

Los imperios cambian de discurso.

Cambian de presidentes.

Cambian de métodos.

Pero el deseo de controlar territorios, recursos y decisiones ajenas puede volver a aparecer con otros nombres.

Por eso la soberanía no es una palabra vieja.

Es una responsabilidad de cada generación.

Por eso, Cra. Rosario, deseo con todo mi corazón que este 22 de agosto, para todos los nicaragüenses, vuelva a despertar la memoria.

Que aquellas manos de 1978 sigan hablando a las manos de Nicaragua de hoy.

Que las manos que entonces empuñaron las armas por una causa justa sean hoy inspiración para otras manos: las que trabajan, las que construyen, las que educan, las que sanan, las que producen y las que defienden nuestra dignidad nacional.

Y que nos recuerden siempre:

NICARAGUA NO ES DE LOS IMPERIOS.

NICARAGUA NO ES DE LAS POTENCIAS.

NICARAGUA NO ES DE LOS VENDE PATRIAS.

NICARAGUA ES DE SU PUEBLO.

Y mientras haya un nicaragüense dispuesto a defender su dignidad, habrá una Nicaragua que no se arrodilla.

Gracias, queridos Copresidentes, por estar al frente de esta nación bendita que Dios ha puesto en sus manos. Que Él les conceda la sabiduría, la fortaleza y la esperanza necesarias para seguir sirviendo a nuestro pueblo, porque aquello que Dios entrega para el bien de una nación, ninguna fuerza humana puede arrebatárselo.

Con mucho amor y admiración de su hijo sacerdote,

Pbro. Yader José Salmerón Silva.
Siempre al Frente y más allá.

¡VIVA NICARAGUA SOBERANA!

¡VIVA LA DIGNIDAD DE NUESTROS PUEBLOS!

¡HONOR Y GLORIA A QUIENES DIERON SU VIDA POR NICARAGUA!