Por: César Mairena
“Luego apareció el Imperio yanqui, el único y no me cansaré de repetirlo, y no debemos olvidarlo, la única Potencia en el Mundo poseedora de armamento atómico, que ha lanzado bombas atómicas sobre Pueblos desarmados, más de 250,000 víctimas en 2 Ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, donde no habían tropas japonesas. Eran dos Ciudades, simplemente se trataba de sembrar el terror, y bajo el terror buscar la rendición de Japón. O sea, crímenes horrendos de quienes hoy se presentan como los grandes “defensores” de los Derechos Humanos”.
Comandante Daniel Ortega Saavedra
Copresidente de Nicaragua
27 de Junio de 2023
Siempre hay terribles hechos que marcan un antes y un después, en la historia de la humanidad y la efeméride que hoy nos ocupa, es un lamentable ejemplo de ello.
Segunda Guerra Mundial, ya Rusia había vencido el 9 de mayo de 1945, al nazismo hitleriano, entrando el heroico Ejército Rojo a Berlín, pero la guerra continuaba entre EEUU y el país aliado de la Alemania Nazi, el Imperio Japonés, en las aguas del océano pacífico.
El avión que transportó la bomba, era un bombardero del modelo B-29, que tenía el nombre de Enola Gay.
La bomba fue llamada “Little Boy” o “Pequeño Niño”.
La hora del impacto fue las 08:15 am (la detonación ocurrió 43 segundos después a unos 580 metros de altura, pues ni siquiera tocó el suelo).
Las víctimas mortales instantáneas, producto del estallido del artefacto atómico, fueron cerca de 70, 000 y de manera indirecta producto de quemaduras y la radiación que este generó, alcanzó la cifra de 140,000 a finales del año de 1945. Pero incluso décadas después del evento, en Japón seguían naciendo niños con deformidades y distintos tipos de cáncer, producto de la radiación generada por la bomba de Hiroshima.
Tres días después, el 9 de Agosto de 1945, otro artefacto atómico, fue lanzado por otro bombardero norteamericano, estallando y arrasando a la ciudad nipona de Nagasaki. En esa oportunidad la bomba fue bautizada con el nombre de “Fat Man” u “Hombre Gordo”.
Hoy terriblemente, tenemos que recordar, en el 81 aniversario de este terrible suceso, que el imperialismo norteamericano, armado con el instrumento más destructivo que la humanidad ha conocido, decidió usarlo en contra de civiles desarmados, no contra un objetivo militar en plena guerra.
EEUU y el presidente de turno, Harry S. Truman, podían mostrar el poderío de la bomba sin causar bajas civiles, pudieron indicarles, a las autoridades niponas, que monitorearan una isla desierta japonesa -en los incontables archipiélagos de ese país- para que constataran el poderío de la bomba, pero prefirió atacar a inocentes, para provocar terror, locura, dolor, miedo, desesperación para arrodillar al adversario y obligarlo a rendirse.
Fue el presidente número 33 de Norteamérica, el que nos mostró la terrible capacidad de la humanidad para destruirse con las armas nucleares, ya no era teoría, ya no era una espeluznante hipótesis, era una pesadilla en plena luz del día que la humanidad entera vio con horror y sorpresa.
Y ese horror, ese terrorismo, no debe repetirse, por eso conmemoramos las víctimas de este atroz ataque, porque el FSLN, el Buen Gobierno presidido por los copresidentes Daniel Ortega Saavedra y Rosario Murillo Zambrana y todos los nicaragüenses, nos oponemos firmemente a la proliferación de armas atómicas, el mayor peligro para la humanidad.
Nos unimos a los movimientos pacifistas, de sobrevivientes japoneses a la bomba de Hiroshima, que no quieren que otra bomba atómica provoque tanta destrucción, horror y muerte en cualquier parte de esta tierra, el hogar de todos, como sucedió en Hiroshima hace 81 años.
Las naciones del mundo tienen la obligación de suscribir tratados en contra de la proliferación de armas atómicas. Y debemos trabajar unidos para que el horror de Hiroshima y Nagasaki no se repita en la historia de la humanidad.
Quiero cerrar estas líneas, con las palabras de dos hibakushas (sobrevivientes de los bombardeos atómicos), para que nos sirvan de guía en esta importante reflexión que nos deja la celebración de esta efeméride:
“Ví a mi ciudad convertida en un cementerio de fuego. Nadie debería sufrir jamás lo que nosotros vimos y vivimos en ese infierno”. Setsuko Thurlow. (Sobreviviente y activista. Tenía 13 años el día del ataque).
“El dolor no se borra con los años; el mundo debe entender que la guerra nuclear no tiene ganadores, solo cenizas y dolor”. Koko Kondo. (Sobreviviente. Era un bebé cuando se dio el ataque).
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