Ha sido una ceremonia desprovista de toda formalidad inocua y protocolaria. En cambio, ha sido un acto vibrante, pletórico de lenguaje popular y de cercanía con la gente y con los invitados. El Comandante Daniel Ortega y Rosario Murillo juraron la noche del lunes sus respectivos cargos como Presidente y Vicepresidente de Nicaragua, con una solemnidad diferente y al mismo tiempo emotiva.

Daniel vestía como todos los días, porque el 10 de enero también es un día de trabajo: pantalón negro, camisa blanca, chaqueta roja y la gorra de la Policía Nacional, que porta con enorme orgullo desde la sangrienta intentona golpista de abril de 2018.

Rosario estaba radiante. Vestía un imponente traje de su propia inspiración, de colores fucsia, rosa y granate pálido, con largo pañuelo bordado y de los mismos colores, que usaba cual chalina y le caía hasta la cintura.

El Presidente de la Asamblea Nacional, doctor Gustavo Porras, coronó una de las partes más emotivas del acto, cuando impuso la banda presidencial a Daniel y luego pidió a él y Rosario jurar por Dios, la Patria y el Pueblo, que cumplirían con la constitución y las leyes para garantizar la paz, la libertad, la democracia, la soberanía, la autodeterminación y el progreso de las familias nicaragüenses.

Como testigos estaban los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel; de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien a finales de enero entrega su cargo; y un nutrido grupo de delegados de gobiernos de al menos cuatro continentes.

“Antes –reseña el diario Granma de Cuba– como para dejar el aire fresco y recién purificado, una fina lluvia había caído sobre el espacio de la Plaza y sobre sitios tan hermosos como la antigua Catedral de Managua, por cuyos altos puntales escalaron, en gesto de júbilo, mujeres y hombres del pueblo cuando triunfó, en julio de 1979, la Revolución sandinista. Entre los asistentes, donde había mucha juventud, predominaban los colores blancos y azul de la enseña nacional nicaragüense; había flores, faroles y pebeteros encendidos, porque la ocasión era para celebrar, otra vez, el triunfo de un mandato cuyo norte de la brújula es la dignidad y la emancipación del ser humano”.

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En media luna de sillas formada en el centro de la Plaza de la Revolución de Managua iluminada intensamente, estaban los 91 diputados de la Asamblea Nacional, el Gabinete de Gobierno, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, y otros altos funcionarios. También estaban los generales del Ejército y de la Policía, decenas de miembros de la Juventud Sandinista 19 de Julio.

Granma relata que “desde el principio comenzaron las emociones: hubo ovación cuando el Presidente Díaz-Canel llegó, cuando él y Daniel Ortega se dieron un abrazo. Y la ovación volvió cuando llegó Nicolás Maduro, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, ese país que también sabe lo que es luchar y resistir de cara a las apetencias imperiales”.

En el costado izquierdo, hubo otros tres testigos. Carlos Fonseca, el Jefe de la Revolución Popular Sandinista y su entrañable amigo Tomás Borge. Y el coronel Santos López, el único sobreviviente de la masacre del General Augusto C. Sandino y su estado mayor. Los tres y otros nueve muchachos fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961. Solo Tomás pudo ver el triunfo del pueblo el 19 de julio de 1979.

«Nos salvan y nos resucitan»

Desde sus tumbas, Carlos, Tomás y Santos, vigilan y aconsejan.

O como dice Tiffany Midge, la extraordinaria poetisa hunkpapa sioux, «permanecen con nosotros, hacen declaraciones en los estrenos de Hollywood, en cada baile inaugural, en las supercarreteras del ciberespacio, en la quietud de la noche, arrullan nuestras pasadillas, preservan nuestra fe en el mañana. Escucha: ¿oyes hablar a los muertos? Nos salvan y nos resucitan».

Una vez con la banda presidencial cruzada sobre su pecho, de pie, erguido, altivo, con una dignidad que transpiraba por todos sus poros y hacía aún más potente su voz, Daniel se dirigió al pueblo de Nicaragua, mirando de frente los rostros serenos y amistosos de Nicolás, Miguel y Juan Orlando, que también observaban de pie.

“Aquí están delegados de muchos gobiernos que han sido mencionados, pueblos, hermanos, pueblos amigos y ahí donde los gobiernos europeos o el gobierno yankee no mandan delegados, qué mejor expresión, qué mayor orgullo que tener aquí como representante y delegado del pueblo norteamericano, de los pueblos europeos, a ciudadanos, a hombres y mujeres dignas que luchan en sus país, que luchan en sus patrias por la verdadera dignidad, por la verdadera independencia de sus propios países y porque se instale una verdadera democracia en sus propios países”, dijo.

“Qué mejor y qué más digno representante puede tener el pueblo norteamericano que Bryan Wilson, que entregó su vida. Le lanzaron el tren militar y quedó filmado, y le destruyeron las piernas y ¿dónde estaban los derechos humanos, y donde estaban los europeos y quién condenó ese crimen, quién lo condenó?, si es el mismo gobierno yankee el que promovía esos crímenes”, enfatizó.

Pero sin duda el momento cumbre, fue aquél cuando Daniel repitió su gesto de cada 10 de enero en 2007, 2011, 2017 y ahora en 2022: se quitó la banda presidencial, la alzó con su mano izquierda y luego la entregó simbólicamente al pueblo nicaragüense: el Pueblo Presidente.

Al mismo tiempo, pidió a decenas de miles de sandinistas reunidos en decenas de escenarios distintos en los 153 municipios del país y que observaban el acto en gigantes pantallas de televisión, que juraran lucha con el corazón y con todas sus fuerzas para que el pueblo nicaragüense derrote el hambre, la pobreza y el atraso.

“Nuestra meta es darle marcha a la continuidad que traíamos antes de abril del 2018. Eso es borrón y cuenta nueva. Vamos adelante, hermanos nicaragüenses, construyendo paz para combatir la pobreza, construyendo paz para que pueda haber carreteras y caminos. Construyendo paz para que las familias puedan sentirse seguras; sus hijos se sientan seguros de su trabajo; se sientan seguras de tener una vida digna. Ese es nuestro compromiso queridos hermanos nicaragüenses, en esto estamos todos y por eso decimos el pueblo presidente”, exclamó emocionado.

Indicó que como parte de las rutas de prosperidad Nicaragua y la República Popular de China tuvieron una reunión histórica donde firmaron cuatro tratados de cooperación, destacando el Memorándum de Entendimiento sobre la cooperación en el marco de la franja económica de la ruta y la seda del siglo XXI.

“Estamos restableciendo relaciones con la República Popular China. Son revoluciones, La revolución china y la Revolución Sandinista con un mismo norte, un mismo camino, un mismo destino que es acabar con la pobreza”, destacó Ortega.

Los pueblos dignos siguen a Fidel y Chávez

También denunció con vehemencia el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba y Venezuela.

“Que cese el bloqueo en contra de la hermana República de Cuba, tiene elementos y argumentos más que suficiente como para poder defender el fin del bloqueo porque el 90″ y ese más de los países que estamos en Naciones Unidas, todos los años estamos votando porque se suspenda el bloqueo y si se tiene algún respeto por la democracia cuando la inmensa mayoría de los pueblos del mundo de los gobiernos están diciendo que cese al bloqueo, pues que acate el gobierno yanqui si tiene alguna pizca de respeto por el derecho internacional y que cese el bloqueo en contra de Cuba y que cese el bloqueo en contra de la hermana de la República Bolivariana de Venezuela”.

“Un bloqueo brutal, criminal donde los persiguen, los encausan, les inventan crímenes simplemente porque buscan cómo garantizar los alimentos de las familias venezolanas que es lo que estaba haciendo ese hermano que está delegado por Venezuela ante la Comisión de Diálogo allá en México, Alex Saab, que es lo que él estaba haciendo simplemente venía organizando y desarrollando tareas no bélicas, tareas humanitarias para garantizar los paquetes de comida para las familias venezolanas y por eso lo han perseguido, y por eso lo tienen ahora encarcelado”.

“Hacerle este llamado al gobierno de los Estados Unidos es realmente algo que no tiene posibilidad alguna de que sea entendido porque más allá de las buenas intenciones de algunos presidentes, que en medio de un sistema que es el sistema más perverso que existe en la humanidad cuando lanzan una de cal, después lanzan una de arena. Obama con Cuba y Obama de repente tomó decisiones que sorprendieron al mundo pero mientras tomaban esas decisiones que sorprendían al mundo, luego aquello fue un castillo de naipes que se derrumbó rápidamente y ahora que está el vicepresidente que era de Obama como Presidente, que incluso se había comprometido con retomar la apertura, los acuerdos que había tomado Estados Unidos con Cuba, ahora más bien está endureciendo, recrudeciendo y lo mismo pasa con los inmigrantes. ¡Cuánto que juró que iba a luchar a favor de los inmigrantes y más bien se multiplican las persecuciones, los crímenes contra los inmigrantes, las desapariciones contra los inmigrantes! Y esto tendrá que cambiar sí, en Estados Unidos. Lo tendrá que cambiar”.

Recordó que los pueblos que luchan por la dignidad son aquellos que hoy siguen los ideales de Chávez y Fidel, a través del ALBA, donde se construye por el bienestar y la dignificación de los pueblos.

“Cuando se organiza el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) bajo la conducción del comandante Fidel, del Comandante Chávez, el Alba se organiza no para promover actos de terrorismo, sino para llevar bienestar, desarrollo, capacidades, para poder vencer la pobreza en los países Latinoamericanos y caribeños”, recordó.

El Presidente Ortega destacó que, el ALBA fue creada con el propósito de velar por el bienestar de la humanidad, mostrando con hechos concretos los lineamentos de dicha alianza.

“Nunca se pensó el ALBA en una actividad conspirativa para hacerle daño a los Estados Unidos, al contrario, incluso, Venezuela en un acto de nobleza dándole energía a la gente pobre de los Estados unidos con las empresas que son venezolanas y que se las están robando en estos momentos allá en los Estados Unidos, dándoles energía para que en los tiempos de invierno no muriesen de frío”, expresó.

Estamos pidiendo justicia, no limosna

El presidente Daniel Ortega exigió una vez que el Gobierno de los Estados Unidos respete la sentencia del 27 de junio de 1986 de la Corte Internacional de Justicia en la que ordenó una indemnización para Nicaragua, por financiar y organizar actividades militares en contra del Gobierno y pueblo nicaragüense, provocando la muerte de miles de personas.

“Ellos que se dicen respetuosos de la ley, tiene una oportunidad el presidente Biden en estos momentos de hacer un giro histórico, valiente, donde indemnice al pueblo nicaragüense, que es de justicia, no es de limosna, estamos pidiendo justicia”, demandó.

Por otro lado, Ortega exigió nuevamente el cese del bloqueo criminal que Estados Unidos mantiene contra Cuba, porque el 90 por ciento de los países en Naciones Unidas todos los años votan para que se suspenda el bloqueo.

“Y si se tiene algún respeto por la democracia cuando la inmensa mayoría de los pueblos del mundo están diciendo que cese el bloqueo, pues que acate el gobierno yanqui si es que tiene una pizca de respeto al derecho internacional y que cese al bloqueo en contra de Cuba, y que cese el bloqueo en contra de la hermana República de Venezuela. Un bloqueo criminal donde los persiguen, los encausan, les inventan crímenes, simplemente porque buscan como garantizar los alimentos de las familias venezolanas”, afirmó el mandatario.

Imperio contra la presidenta del CSE

Al principio de su intervención, Daniel presentó a sus invitados a Brenda Rocha, la presidenta del Consejo Supremo Electoral, a quien describió como una heroína de la Patria porque cuando tenía 15 años y era miliciana, en 1982, defendió la Revolución junto a un puñado de muchachos en su localidad de Bonanza. En el combate, Brenda perdió un brazo y casi pierde la vida. Pudo sobrevivir gracias a su entereza y fortaleza. En aquella ocasión, Tomás Borge la bautizó como “la sonrisa de Nicaragua”, porque pese a su gravísima condición de salud, su rostro siempre estaba iluminado por una sonrisa.

El gobierno yanqui hoy se vengó de la conducta digna de Brenda Rocha, y tomó represalias. Daniel declaró que es acto perverso es una condecoración porque condecorada, porque el imperialismo una vez más se ensañó con ella.

“Es una víctima de la guerra que el imperio yanqui impulso en Nicaragua en los años 80. Ella en ese entonces era una muchachita de 15 años allá en la zona de Las Minas en Bonanza. Las tropas yanquis intervinieron y ahí ella defendió la revolución y fue herida de muerte, perdió su brazo, pero no perdió su alma, no perdió su conciencia, no perdió su espíritu de lucha y su amor a Nicaragua no lo perdió”, señaló.

El Golfo de Fonseca

Entre otros temas, el mandatario nicaragüense reconoció el coraje del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, al estar presente en la toma de posesión. “No cualquiera viene a Nicaragua”, exclamó Daniel.

Destacó que en octubre del año pasado se firmó con el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, un tratado de límites marítimos en el Caribe y el golfo de Fonseca, en un acto realizado en Managua.

Ortega afirmó que la firma del tratado “no es más que el cumplimiento de una sentencia de la Corte Internacional de Justicia de la Haya que en relación con el Golfo de Fonseca y las delimitaciones marítimas, y la salida al mar”.

Asimismo, aseguró que el Golfo de Fonseca es una zona de libre de comercio que permitirá sacar de la pobreza a los pueblos, principalmente los que viven sus riveras.

En ese sentido, el presidente de Nicaragua lamentó que las autoridades de El Salvador se hayan negado a firmar el tratado. “Pero El Salvador no quiso. No el pueblo salvadoreño, sino las autoridades salvadoreñas no quisieron, y aquí firmamos ese tratado y la Asamblea Nacional lo aprobó, entonces solo falta que lo apruebe la Asamblea Nacional de Honduras, y eso nos da paz, seguridad y estabilidad”, dijo.

Por cierto: entre los invitados especiales estuvo Salvador Sánchez Cerén, quien fue presidente de El Salvador entre 2014 y 2019 y debió refugiarse en Nicaragua junto a toda su familia, porque su sucesor, Nayib Bukele, prometió que lo metería en la cárcel. El Presidente Ortega le otorgó la nacionalidad nicaragüense a Salvador, su esposa y sus hijos.

También estaba presente otro expresidente salvadoreño, el periodista Mauricio Funes, que también ahora goza de la nacionalidad nicaragüense.

Ortega indicó que las puertas están abiertas para que las autoridades salvadoreñas se incorporen a conversar y explicarles sobre las bases jurídicas legales de la Corte Internacional de Justicia que se firmó el tratado.

“Aquí lo que hemos hecho es cumplir con lo manda la Corte y eso nos da paz y estabilidad en el Golfo”, ratificó el mandatario.

Tomado de: La Primerísima