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Alexander Khokhólikov: Por qué Rusia quiere la paz

Rusia es una nación amante de la paz. Las ideas de pacifismo y rechazo a la confrontación con el Occidente datan del final de la Gran Guerra Patria, cuando por la Gran Victoria sobre la Alemania fascista pagamos con más de 27 millones de vidas de nuestros ciudadanos. El precio es demasiado alto. Estas tragedias no deben repetirse. Exactamente en aquella época nació la fuerte percepción de que la peor guerra había quedado atrás y que nada parecido volvería a ocurrir.

Sin embargo, por desgracia, eso resultó un error profundo. Y mientras nosotros seguíamos queriendo la paz, el Occidente seguía preparándose sistemáticamente para la guerra, acercando sus tropas a nuestras fronteras, ampliando la OTAN, provocando conflictos bélicos e instalando bases militares por todos los rincones del mundo, metódicamente rodeando a Rusia de esta manera. Seguíamos firmes en nuestro compromiso con la paz, mientras el Occidente desplegaba misiles de medio alcance en Turquía provocando la crisis del Caribe en 1962. Destruimos el Muro de Berlín, mientras el Occidente bombardeaba Belgrado, destruía y saqueaba Irak, Libia, Siria. Y en el transcurso de últimos decenios el Occidente preparaba sistemáticamente a Ucrania – un Estado independiente – para la guerra contra nosotros, establecía decenas de bio laboratorios en oculto, donde se realizaban programas del desarrollo de armas biológicas extremadamente peligrosas junto con los especialistas estadounidenses.

En 2014 Rusia siendo anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi y de la Copa Mundial de la FIFA en 2018 fue llena con la esperanza de que el deporte nos ayudara a estrechar nuestra amistad con el resto del mundo, y para que otros países conocieran nuestra apertura y hospitalidad. Justo en este momento el Occidente estaba efectuando un golpe de Estado en Kiev con el objetivo de llevar al poder en Ucrania a un régimen pro-fascista que le era leal. En la misma Ucrania que liberamos del fascismo codo a codo con los hermanos ucranianos durante la Gran Guerra Patria. Como resultado, ahí llegaron al poder los neonazis, descendientes directos y seguidores ideológicos del ultranacionalista y criminal de guerra ucraniano Stepán Bandera, colaboradores y ayudantes del fascismo. El fascismo ha resucitado.

El fascismo ha resurgido no sólo en Ucrania, sino también en Europa y, sobre todo, en los Estados Unidos, el país que fue nuestro aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Resulta que en realidad el fascismo nunca había desaparecido permaneciendo en las entrañas de las élites estadounidenses y europeas. Y nosotros habíamos esperado tanto la paz, creyendo que la guerra contra el fascismo había quedado atrás. Pensabamos que era posible negociar y llegar a un acuerdo con el Occidente.

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Rusia nunca quiso la guerra. Y no lo quiere ahora. Toleraba todas las acciones agresivas del régimen de Kiev durante ocho años. Sirvió de buena fe como mediador en las conversaciones de Minsk entre Kiev y Donbass, destinadas a resolver por vía pacífica el conflicto armado interno ucraniano. Los acuerdos de Minsk estipularon que Donbass seguía formando parte de Ucrania, pero se concedía autonomía a su población rusoparlante en cuanto al derecho a hablar su lengua materna y a preservar su cultura. Lo que corresponde plenamente a la Carta Europea. Al mismo tiempo, la propia Ucrania debía mantener su estatus de neutralidad.

A Rusia le convenía totalmente la neutralidad de la vecina Ucrania. La misma neutralidad que estaba consagrada en la Constitución de este país en 1996, y que fue brutalmente violada tras un golpe de Estado armado instigado desde el exterior en 2014. El orden constitucional resultó derrocado y fueron aprobadas las enmiendas a las leyes que consagraban las aspiraciones de Ucrania a unirse a la OTAN. El golpe de Estado se dio con dinero estadounidense, en base a las guías metodológicas estadounidenses y con el apoyo de grupos neonazis criados por los servicios secretos de EE.UU. A pesar de las declaraciones sobre su orientación europea y democrática, el golpe de Estado era de naturaleza claramente neonazi y antirrusa. La población rusoparlante del sureste de Ucrania no podía aceptarlo. De hecho, estas regiones al no reconocer los resultados del golpe de Estado armado, fueron las únicas que se mantuvieron fieles a la Constitución democrática de Ucrania.

Las protestas pacíficas de los ciudadanos rusoparlantes en Odessa en mayo de 2014 fueron brutalmente reprimidas por los extremistas nazis ucranianos. Fue una verdadera masacre en la cual quemaron personas vivas. Hasta el momento nadie ha sido condenado por este crimen. En Crimea, Donetsk y Luhansk los tecnólogos occidentales también planearon masacres similares, pero afortunadamente no pudieron ejecutarlos. La incorporación de Crimea a Rusia evitó una guerra a gran escala en Europa y salvó miles o tal vez millones de vidas. Entonces los golpistas de Kiev desencadenaron una guerra civil. Rusia se vio obligada a intervenir para evitar el genocidio de los rusos étnicos y la población rusoparlante.

Al Presidente Volodimir Zelensky quien se convirtió en el instrumento sumiso del Occidente le intentan ahora hacer pasar por un demócrata. Pero es él quien ha prohibido los partidos de la oposición, ha encarcelado a la mayoría de los políticos, periodistas, politólogos y economistas que no están de acuerdo con él, así como ha sometido a todos los medios de comunicación del país a un único centro de información, creando un monopolio estatal de la información. Una dictadura abiertamente un terrorista llegó al poder en Kiev con el apoyo de EE.UU. y la UE, reprimiendo y matando a todos los disidentes.

A finales de 2021, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, dirigió al Occidente colectivo un mensaje sobre la inaceptabilidad de una mayor expansión de la OTAN hacia el Este, ya que este proceso representa una amenaza directa e inequívoca para la seguridad de la Federación de Rusia. Nuestro país volvió a pedir al Occidente (principalmente a Estados Unidos) que negociara la seguridad colectiva. Estos llamamientos han sido ignorados.

Desde el inicio de la operación militar especial en Ucrania en febrero de este año, Rusia no ha dejado de intentar resolver el conflicto de forma pacífica. Respondimos positivamente a la petición de Kiev y participamos en el proceso de negociación de un tratado sobre la neutralidad y las garantías de seguridad de Ucrania. Casi se logró un compromiso en Estambul. Pero Estados Unidos y Gran Bretaña prohibieron de hecho a sus tutelados de Kiev concluir un tratado de paz y continuar las conversaciones.

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Rusia, fiel a su espíritu pacifico, nunca ha utilizado toda la fuerza de su Ejército para una operación a gran escala en Ucrania, sino que está actuando con un contingente limitado, que hasta hace poco fue considerablemente menos numeroso que las fuerzas armadas de Ucrania. Sólo ahora tras ocho meses de combate se incrementará. También hemos intentado, hasta el último momento, preservar la infraestructura energética y sistema de transporte ucranianos, pero éstos fueran activamente utilizados para aumentar los suministros de armas occidentales.

Rusia está dispuesta a negociar incluso hoy en día, según lo que han dicho varias veces el Presidente Vladimir Putin y el Ministro de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov. Sin embargo, el régimen de Kiev presentó un ultimátum que se sentaría a la mesa de negociaciones sólo después de que Rusia devolviera los territorios dentro de las fronteras de 1991. Además, el 11 de septiembre de este año, en una entrevista con la “Voz de América”, el Secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, A.Danilov, dijo que Rusia debe ser desmembrada y que hasta que no se desintegre, Kiev no podrá vivir en paz. Exigió que la Federación de Rusia capitulara y pagara «enormes reparaciones». Además, el 30 de septiembre pasado, el Presidente Zelensky firmó un decreto que prohíbe legalmente cualquier conversación de paz con el actual Jefe de Estado ruso.

En resumen, me gustaría hacer algunos comentarios adicionales. La continuación de esta guerra innecesaria sólo beneficia a los Estados Unidos. Este conflicto militar está dirigido no solamente contra Rusia, sino también contra Europa. Los europeos se han visto obligados a aceptar un gran número de sanciones suicidas que están destruyendo su bienestar. Hoy la economía europea está al borde del abismo. Las tarifas de los servicios públicos, los precios del gas y la electricidad, de la calefacción y el agua caliente han aumentado drásticamente en el último año. En Francia existen grandes problemas con suministros de gasolina: no sólo encarece, sino que casi no hay este combustible. Muchos otros países europeos pronto van a enfrentar problemas semejantes. En Gran Bretaña se cierran pubs famosos, pero lo peor de todo es que se cierran plantas industriales. A los europeos les espera la destrucción de la economía y de la industria, el descenso del PIB, el desempleo y la pobreza. Esto se hace para debilitar a los competidores y trasladar la industria europea a los Estados Unidos. «Wall Street Journal» y «Bloomberg» lo plantean abiertamente.

Los rusos no quieren una Europa en ruinas. Necesitamos socios fiables y mercados solventes. Debilitar a Rusia y Europa beneficia únicamente a EE.UU. – un Estado muy endeudado, que está perdiendo rápidamente la poca influencia y el poder que tenía antes. Los que hicieron explotar “Nord Stream” tienen miedo de que Europa se ponga de acuerdo con Rusia. En toda Europa ya se llevan a cabo manifestaciones contra la guerra con las peticiones de esta índole. Rusia tiene gas, petróleo, calor y energía nuclear. Hemos creado un reactor de neutrones rápidos BN-800 de nueva generación, que podría producir electricidad barata y segura para todo el planeta durante siglos. Tenemos otros proyectos innovadores. A diferencia de Estados Unidos Rusia puede salvar a Europa y está dispuesta a hacerlo. Nosotros, como Europa, necesitamos la paz. Esto no es propaganda, sino la realidad, evidente para cualquier persona razonable.

*A.N.Khokhólikov es el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Federación de Rusia en la República de Nicaragua y concurrente en la República de El Salvador y la República de Honduras.